«Yo no lo llamaría bulevar», puntualizaba ayer la delegada de Obras y Equipamientos, Paloma García Romero, durante la première de uno de los proyectos municipales que, por cuestiones del tráfico, más se ha hecho de rogar. Resulta que, después de casi dos años derramándose tinta sobre el dichoso bulevar entre la Puerta de Alcalá y la plaza de Cibeles, la acepción final será remodelación (notable, pero remodelación) del entorno. Pues vale. En cualquier caso, se trata de un golpe de bisturí en el Paisaje de la Luz que despertará, al fin, dentro de un mes, con la arena del reloj cayendo a toda velocidad rumbo a una cita electoral, en 2027. Para entonces, los bártulos deberían estar recogidos y ese pedazo de vía, pasarela del icónico portón madrileño., transformado en una suerte de mirador.
Y recomendaban desde el Ayuntamiento no llamarlo bulevar, puesto que la actual mediana central ajardinada, pese a cobrar vida y transformarse en un paseo central de 3,8 metros de ancho, no llega a alcanzar esa categoría. El de Reina Victoria, por ejemplo, alcanza los 12 metros de anchura, cosa impensable en ese punto concreto de una arteria para el tráfico como es la calle Alcalá.
Se llame como se llame, en menos de un mes arrancará al fin una obra que, en cierto modo, ha traído de cabeza al alcalde, José Luis Martínez-Almeida, empeñado en completar su programa electoral antes de que concluya la legislatura. Y uno de los epígrafes, concretamente el número 133, se refiere a la recuperación delPaisaje de la Luz del que forma parte el tramo que comenzará a remodelarse en menos de un mes, a principios del inminente mes de febrero.
Un proyecto anunciado por primera vez desde Cibeles hace ya casi dos años (2024) que supondrá una inversión de 6,1 millones euros. Almeida pidió garantías al Área de Obras de que el asunto quedaría zanjado a tiempo y que, teniendo en cuenta la maraña de actuaciones que maniata a la capital, generaría las menores afecciones al tráfico posibles. Los planes del Consistorio pasan porque la cuestión principal pueda estar resuelta a dentro de 12 meses y que, a lo largo del primer trimestre, en pleno tictac electoral, se complete la intervención en las calles anexas. Un sprint controlado (a priori) para completar un entorno que, además, servirá como aperitivo para la necesaria remodelación del eje Prado-Recoletos. Cuestión esta que estará sobre la mesa de quien lleve el timón a partir de 2027. Puede que sea el propio Almeida.
Pero volvamos al bulevar. O, mejor escrito, a ese paseo central que pretende transformarse en una suerte de punto álgido para disfrutar de los encantos de la Puerta de Alcalá. A los detalles de un entorno que orbitará en torno a esa insignia arquitectónica de la capital. Las imágenes renderizadas desvelan una sección central compuesta por dos carriles más un carril bus por sentido, así como un sendero de asfalto para las bicicletas. Con ese nuevo espacio generado al eliminar tres vías -dos rumbo Cibeles y uno en sentido Independencia-, la acera norte, la de mayor intensidad peatonal, recuperará parte del aspecto perdido a finales de los años 60, con la plantación de 57 nuevos árboles de gran porte. Movimientos todos ellos que han necesitado el OK de la Unesco, la Comisión Local de Patrimonio Histórico y el Consejo Cívico y Social del Paisaje de la Luz.
Dudas sobre la seguridad al ser tan estrecho
Se apostará por el alumbrado de farola clásica y tecnología led y se renovará el pavimento en ese eje central. Sin embargo, todos miran hacia esa plaza de la Independencia sobre la que se asienta la Puerta de Alcalá, foco de miles de selfies de los turistas cada año. La pasarela peatonal, a través de un nuevo paso de peatones, conectará esa gran glorieta cuyo jardín también será remodelado para recuperar el trazado de finales del siglo XIX y favorecer la «permeabilidad peatonal».
Ayer afloraba alguna que otra duda desde la oposición en torno al proyecto recién desembalado. «El bulevar (o mediana transitable, mejor dicho) será utilizado pero casi exclusivamente por los turistas que irán a hacerse la mejor foto frente a la Puerta de Alcalá. Y me surgen dudas sobre la seguridad al ser tan estrecho y al estar tan cerca de los carriles del tráfico ante aglomeraciones», planteaba Antonio Giraldo, responsable de Urbanismo en el PSOE, tras desvelarse el misterio sobre la que será la última intervención urbana de la legislatura. No la más importante, pero, probablemente, sí la más icónica por su ubicación.
«Son obras fundamentales para el patrimonio de los madrileños, queremos hacer obras de calidad y que lo cuiden. El Paisaje de la Luz se aprobó en 2021 y es la primera intervención que vamos a acometer », proclamaba ayer García Romero, responsable municipal de Obras, sobre la que recaen todos los focos para esta carrera contrarreloj que está a punto de arrancar junto al Palacio de Cibeles. No dentro de sus pasillos (que también), sino en esa calle Alcalá que ya conoce cuál será su aspecto dentro de un año. No habrá bulevar, eso es así, pero sí un pronunciado lifting para que el peatón pueda ganar más protagonismo en ese concurrido punto turístico de la capital.


