No hay mayor suerte que Tomás Cuesta te saque por Usera a enseñarte lugares sobre los que escribir. No es fácil: la gente me lleva a sitios que no me convencen y después me pregunta por qué no los saco en esta sección. (Ojo: si me parecen horribles y encima he apoquinado, ya saben -porque lo han leído- que no hay piedad).
Pero Tomás tiene buen gusto, del que mamó y cultivó en los años de oro de Abc, cuando Alaska y Berlanga alternaban con Ruiz Quintano; Blanco y Negro le mojaba la oreja a EPS y había que poner dinero para el monumento que Ansón quería levantarle a don Juan. (Ojo que yo crecí leyendo el Gente Menuda y me reía de Lolita —muy verderona— y de Cándido de Mena). Luego ya salió EL MUNDO y qué les voy a contar: es mi periódico.
Me gusta mucho hablar con Cuesta porque sigue siendo de los que enseñan cosas, de los que no se cansan de hablar de la prensa. De los que han vivido lo mejor -pagar miles de euros para guardar un reportaje en el cajón y que no lo tuviera el competidor- y también lo peor, de lo que cuesta más sonsacarle.
Y en eso estábamos cuando llegamos a la Taberna Sacromonte, en Mercedes Manjón. Tomás pasea por el barrio con el poderío del que ha crecido en el lugar y conoce cada recoveco. Sigue saludando con la cabeza a los vecinos, aunque hayan cambiado con los años y muchos vengan de China.
La Taberna Sacromonte se dice andaluza, pero lo bueno de Andalucía es tan universal que no conviene constreñirlo a localismos. Por eso pedimos unas copas de cava helado -tres euros cada una- aunque tienen una carta de vinos muy extensa (el descorche son siete).
Tomar tapas en Sacromonte es lo aconsejable. O dejar que el aperitivo se haga largo, pasando del cavita helado al fino, y del fino al tinto, para terminar en algún vino de postre. Empezamos con un paté de caza (¿de faisán?) que estaba para comerse un ladrillo, con sus tostaditas. También quisimos probar una pipirrana y unas alcachofitas por aquello de comer algo verde. Luego nos dieron curiosidad las gyozas de pato y una tostadita de arenque. Todo estaba buenísimo.
Pedimos vino por copas, saltando de denominación en denominación. Acabamos hablando de la oposición, lo que nos habría requerido un güisquito yo bebiera esas cosas. Nos costó 25 euros por barba. Ojalá pueda arrastrar a Arcadi a Sacromonte. No sé cómo está la ensaladilla. Seguro que no falla.

