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La primera champions del PSG

Rafel Pol: las lágrimas del asistente de Luis Enrique en la Champions por el recuerdo de su mujer fallecida hace seis meses

Rafel Pol, segundo de Luis Enrique, con su mujer
Rafel Pol, segundo de Luis Enrique, con su mujerRRSS
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La victoria del Paris Saint Germain en la Champions el pasado sábado frente al Inter de Milán tenía un claro protagonista: Luis Enrique y el homenaje que quería hacerle a su hija Xana, fallecida en 2019 a los 9 años. El técnico asturiano nunca ocultó que para él fue muy especial celebrar la Champions que ganó con el Barcelona en 2015 de la mano de su hija Xana. La imagen de Luis Enrique con ella ondeando la bandera del equipo tras la victoria en Berlín, pasó a ser parte de su historia.

El sábado se volvió a repetir este acontecimiento y Luis Enrique homenajeó a su hija con la victoria y una camiseta que reflejaba ese momento de 2015. Lo que no esperaba el técnico era que el público que se congregó en el estadio desplegara un mural (tifo, le llaman) en el que Luis Enrique clavaba la bandera del Paris Saint Germain ante la atenta mirada de su hija Xana.

Sin embargo, también hubo un protagonista inesperado. Llamaban la atención las lágrimas del segundo de Luis Enrique, Rafel Pol, que no podía contener la emoción. Al principio, su llanto se interpretó como un torrente de alegría por la victoria pero, al igual que el técnico asturiano, Rafel también tenía otra razón por la que emocionarse y mirar al cielo. Rafel Pol es de Mallorca y lleva con Luis Enrique desde el año 2011. El segundo entrenador del equipo francés perdió a su esposa hace seis meses por una enfermedad y no pudo contener las lágrimas mirando al cielo incluso antes de que el árbitro señalara el final del partido.

Rafel tuvo que hacer un parón en su trabajo para estar al lado de su mujer, Raquel, que falleció el pasado mes de noviembre. En su cuenta de Instagram se puede ver la reflexión que el técnico hizo acompañada de una imagen de los dos. "A la vida, por injusta que parezca, le estoy infinitamente agradecido por el amor y el tiempo que me regaló con Raquel. Es inevitable el dolor, fruto del miedo a perder algo maravilloso, pero Raquel no se irá. Nuestra realidad se esculpe a partir de la memoria; por ende, el pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. El ahora no es más que una colección de huellas, y las que deja Raquel son grandiosas, motivo de inspiración, no de sufrimiento. Por ello, como nos enseñó Raquel, no la pensaremos ausente, no la buscaremos en el olvido, la buscaremos dentro, porque ahí estará. Te quiero infinito".