Ester Muñoz de la Iglesia (39), "diputada revelación", según la Asociación de Periodistas Parlamentarios, y vicesecretaria general de Educación y Salud del Partido Popular, tiene una guerra particular con su nombre. Cada vez que se busca en Google aparece de una forma distinta. Muchos escriben Ester con h. "No me molesta porque sé que no lo hacen con mala intención" (ambas formas de escribirlo son correctas). "Pero es mi lucha, mi guerra personal. Un día casi pierdo un avión por culpa de la h". No habían escrito la h en su billete y no correspondía con su DNI. Al final, lo cogió. Ester atiende a LOC por teléfono porque su agenda cada vez es más abultada. Cada vez tiene más peso en las filas de los populares. Lleva desde noviembre del año 2023 en el Comité de Dirección del partido.
El salto ha sido gradual. Nacida en León, primero fue senadora por su capital. Tiene una forma trascendental de percibir la política. "Para mí fue importante cuando defendí la prisión permanente revisable [2018] porque estaba muy convencida de esta política penal, nadie estaba de acuerdo. A día de hoy estamos viendo a asesinos brutales condenados a prisión permanente revisable y estoy orgullosa". Tenía 31 años cuando pronunció ese discurso. Otra de sus intervenciones favoritas, cuando defendió la ley ELA. No por lo que dijo sino por la huella que dejó en ella. "No nos damos cuenta de lo afortunados que somos. Con esto me di cuenta de la suerte que tengo de poder dar un abrazo a un familiar...". Ester termina esta reflexión pronunciando otra canónica: "La política me ha cambiado la vida. Si crees en esto como un servicio público y sabes ponerte en la piel del que piensa distinto, te cambia la vida".
A ella le cambió muy pronto. A los 18 años (2003) se afilió al Partido Popular. "Mis padres no me dejaron afiliarme hasta que aprobé Selectividad por miedo a que no estudiara. Desde muy pequeña me atraía la política. Y leía mucho. Me castigaban sin libros".
No se describe como la niña pedante de clase. "En el colegio era más bien regulera, prácticamente no estudiaba y como mucho sacaba Suficientes o Bienes". En 1º de Bachillerato le cayeron todas excepto Historia, su favorita. "Mi madre se sentó conmigo y me dijo 'de esta saldremos juntas'. Se despertaba conmigo cada día a las 6 de la mañana... De ella he aprendido muchísimo, como mujer y profesional. Ha sido médico de pueblos de montaña. Y me ha enseñado lo que es el servicio público... Mi familia, en general, nunca me ha abandonado", cuenta. Ya en la carrera, estudiando Derecho en la Universidad de León y de La Coruña, le fue muy bien. "Algunos, en los estudios maduramos más tarde".
Es la mayor de cuatro hermanos (dos chicas y dos chicos) pero cree que nunca cumplió el cliché de cuidadora de nadie. "Yo era la que revolucionaba el gallinero. Mi otra hermana sí hacía ese papel", cuenta. Siempre ha sido un poco inquieta, la única de los cuatro que se quedaba en la mesa escuchando a los mayores cuando terminaban de cenar. Pero no cree que sus convicciones políticas vengan de esas sobremesas. "Pienso lo que pienso por convicción y conocimiento, no porque sí... Quizás por eso enfatizo tanto en la importancia de ponerse en el lugar del otro, en la empatía. En mi casa todos eran del mismo espectro político pero a mí siempre me gustó nutrirme de otras ideas. Me leí El capital de Karl Marx, hay muchos comunistas que no se lo han leído. Es importante escuchar al otro", desliza.
SU CARRERA CON EL VIOLONCHELO
"Cuando mi madre estaba embarazada de mí, fueron a un concierto de Alaska, yo me puse a botar, y se tuvieron que salir". Ester Muñoz sitúa ese momento como el inicio de su flechazo con la música. Más mayor, entró en el Conservatorio. "Me tocó la viola pero luego me enamoré del violonchelo". Recuerda a uno de sus profesores, Joaquín Ordoñez, como una especie de guía, más allá de la música. "Él sigue enseñando", recuerda. Ester estuvo 8 años en el conservatorio, no llegó a completar el grado. "Me tiró más estudiar la carrera y tuve que abandonarlo".
Cree que parte de la polarización actual viene de la mano del algoritmo. "Claro, leemos y vemos lo que nos gusta. Y es un error". Lleva esta certeza a su campo: "Ahora que soy Secretaria de Educación me parece importante que se formente el debate en los colegios".
¿Es compatible su defensa a ultranza de la empatía y que la sitúen en el ala dura del Partido Popular? "¿Se interpreta la dureza con claridad? Lo que sí soy es muy clara pero soy flexible". En el Congreso, un poco solitaria. "No hago pasillo" (con esta expresión se refiere a estar "de risas" con sus compañeros en el pasillo). "No me da tiempo a socializar... tengo tanto trabajo que estoy todo el día en el despacho", se justifica.
"Pero no soy dura, simplemente soy clara, y si eres mujer y de derechas, eres dura".
La política reconoce su lado más vulnerable cuando se refiere a su pareja, de la que no le gusta dar muchos detalles. Va a lo importante: "No estoy casada. Tengo el novio, el amor de mi vida. Siempre he sido de parejas pero esta vez lo tengo claro". Llevan dos años juntos. "Y debatimos mucho y me respeta mucho. Entiende que estoy haciendo un servicio por España", explica.
Su familia también asume así su exposición pública.
- ¿Nunca han tenido vértigo?
- La palabra vértigo... No sé. No. Han sufrido y sufren. Por eso no ataco a nadie nunca personalmente porque sé que puede hacer mucho daño.
Tampoco le gusta victimizarse: "Es parte del proceso. El precio de dedicarse a la política".
Por su oficio ha tenido que renunciar también a vivir donde nació. "Mis padres siguen en León y mis hermanos y yo vamos mucho a verles". Pero ha conseguido crear una especie de hogar. "Todos viven aquí", confiesa. Tampoco puede disfrutarlos como le gustaría. "El tiempo que le quitas a lo que realmente importa, va pesando". Sin embargo, no se plantea nada que le empujara a dejar la política. "Estoy muy centrada en mis responsabilidades", dice, muy segura.



