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Igual los noruegos han decidido ir a por todas. Quizá han asumido que las monarquías del siglo XXI serán entertainment o no serán. Puede que lo de Marta Luisa y el chamán (si es que hasta la cosa tiene nombre de novela loca) sí funcione como manera de modernizar a la realeza noruega, de refrescar su relevancia, de conseguir likes, que es de lo que va ahora esto. Citando mi frase almodovariana favorita, "qué equivocada está, pero qué gracia tiene la jodía". De muchos invitados a la boda de Marta Luisa (y el chamán) podríamos decir eso: qué atuendos, qué modelitos, qué pinta todos de extras en una película de Tim Burton. A los novios dan ganas de ponerles de banda sonora La Vegetariana, de Vainica Doble: "De la noche a la mañana te fuiste a Katmandú y has vuelto en dos semanas loca por un gurú".
Meghan y Harry se equivocaron de gurú con Reed Hastings, fundador de Netflix. Ahora parece que el hermano pequeño del futuro (bueno, ya veremos) rey británico quiere recular un poco y acercarse de nuevo a su familia, a su país y, en definitiva, a su función, que no es sólo entretener. Lo de ser superestrellas les ha salido regular.
Marta Luisa de Noruega no es la primera princesa que se trona. La misma tía abuela de Harry, Margarita, bien podría haberse casado también con un gurú estrafalario. De hecho, podríamos decir que ese tipo de comportamiento es habitual en los royals segundones, los que están ahí por si acaso y no vaya a ser qué. Lo mejor del libro de Harry es su título: Spare. Su edición española no se atrevió a titularlo con la traducción literal: recambio, repuesto, sobrante. Prefirieron En la sombra, que es justo donde Harry no ha estado en los últimos años. Qué equivocados están, pero qué gracia tienen los jodíos.
