Aquellos que crecimos con María González Romero (Madrid, 1978), hija pequeña del ex presidente del GobiernoFelipe González y de la también política Carmen Romero, le habíamos perdido la pista cuando aún trabajaba codo con codo con su padre. Ella no se acuerda, pero quien escribe estas líneas intentó robarle una entrevista allá por 2010 durante una fiesta en la tienda de Elena Benarroch, íntima amiga del líder del PSOE que vendía sus joyas de ámbar en su local de la calle Zurbarán. María declinó amablemente hablar sobre sí misma y mucho menos sobre su familia. Nunca ha abierto la boca sobre su infancia en Moncloa y vaya si habrá conocido gente interesante y vivido momentos históricos apasionantes.
Si María González sale de la cueva hoy es porque tiene un proyecto propio. Un libro, Debajo de las palabras. Cómo la Comunicación No Violenta puede mejorar tu vida (Editorial Plataforma Actual), en el que desvela su verdadera vocación: el coaching y la mediación de conflictos.
Le preguntamos por qué la palabra coach está tan denostada. "Para mí un coach es alguien que acompaña a otras personas en la reflexión hacia la consecución de sus objetivos. Es un plano de trabajo menos profundo que el que habitan psicólogos y psiquiatras. El coach es invisible, hace preguntas abiertas que invitan al otro a profundizar pero no en un plano terapéutico".
Cuenta María que siempre ha sido más "de escuchar que de intervenir". Llegó hasta aquí de manera casual. "Después de haber construido la estructura de la fundación de mi padre, quise buscar mi propio camino. Fui yo cliente de un coach y me gustó tanto que quise aprender lo que estaban haciendo conmigo. Estudié en el Centro de Estudios del Coaching, que es una escuela que considero seria y rigurosa". En esa formación, María escuchó por primera vez hablar de la Comunicación No Violenta (CNV), una herramienta que se utiliza en el coaching "para apoyar a personas que tienen dificultades para abordar conversaciones difíciles".
María enseña este método desde el bufete de abogados madrileño Ayala de la Torre. "Lo que más hago es formación en empresas", explica. Aunque lo que le interesa realmente es "ejercer la mediación de conflictos en las organizaciones. Conflictos que no se trabajan a nivel interno, como alguien que se coge una baja, que le cambian de departamento y se enrarece el clima o termina demandando a la compañía... En España esta práctica aún no está muy madura, tendemos a meterlo todo debajo de la alfombra. A diferencia de la cultura anglosajona, aquí hay una concepción muy paternalista de las relaciones de poder y somos más de esperar que sea un juez el que determine lo que tenemos que hacer en lugar de hacernos cargo nosotros, definir cómo vamos a resolver algo que nos afecta".
Le consultamos cómo aplicaría esto a la política. "La construcción de acuerdos debería ser una parte esencial, también la conciliación de ideas y la capacidad de reflexionar juntos".
-¿Y cómo facilitarías la investidura?
-El mediador tiene que ser ajeno a la situación. Apoyar a las partes a la hora de comunicarse y nunca proponer soluciones. Facilitar la comunicación, la negociación. Ayudar a identificar cuál es el interés y cuál la posición de cada uno. El interés es lo irrenunciable y la posición la manera en la que lo defiendes, un terreno que te llevas a la CNV para construir la estrategia con la que conseguir tus objetivos. El mediador ayuda a encontrar compatibilidades, el famoso win win, que todos ganen.
María ha hecho prácticas a la hora de estudiar el método dentro de su propia familia. Madre de tres adolescentes, aproxima la CNV a la Educación en Positivo: "Poner límites no desde el poder que te da el hecho de ser madre, sino desde la autoridad de decir que estoy aquí para cuidar de ti de la mejor manera hasta que tú seas capaz de cuidar de ti mismo".
Abogada de formación, confirma que a día de hoy resulta violento llamar a alguien por teléfono sin antes avisarle por whatsapp, o incluso mirar a los ojos fijamente. "Sí, es como escribir en mayúsculas un mensaje, parece que estás gritando", se ríe. También lo que ella llama "sincericidio". "Las claves de la comunicación se transforman porque tenemos diferentes medios que no teníamos hasta hace poco. Nos estamos adaptando a los códigos".
La mascarilla del avión
María emplea en su libro términos como autocuidado, empatía, asertividad, amar ligero (de manera profunda pero sin condicionantes ni codependencia). Ofrece reformulaciones de frases menos dañinas y recuerda la relevancia de respetarse a uno mismo para que el otro te respete. Pone el ejemplo de la mascarilla del avión. "Si no te pones tú el oxígeno primero, ¿cómo vas a ayudar a los demás?". Insiste en que esto de la CNV se entrena. "A mí me ha ayudado a ser más auténtica, más honesta conmigo misma, a cuidar mejor de mí, que no es algo egoísta. Hay que verse a uno primero para poder ver a los demás y atenderles en sus necesidades", dice.
"Mis padres están muy orgullosos de mi libro, claro. Su generación mira esto con curiosidad y a la vez con distancia, porque en su desarrollo no ha habido nada parecido. Hablar de sentimientos o de necesidades propias era totalmente ajeno. Esto lo ven un poco naif, bien para una relación personal pero no para una negociación dura. Decías antes que hoy hay crispación política, pues en los 90....".
Su padre, entonces presidente del Gobierno, en plenos años de plomo de ETA, no fue mediador. "Era actor protagonista", recuerda. "En efecto, la CNV podría aplicarse en política, de hecho, el creador de este modelo, Marshall Rosenberg, utilizó la mediación en conflictos tan duros como el de los hutus y los tutsis en Ruanda, también lo hizo hace años entre israelíes y palestinos".
-¿Cómo facilitarías la investidura como mediadora?
-Ayudaría a encontrar posiciones compatibles que posibiliten que se forme un gobierno.
-Alguna vez perderás los papeles...
-Claro, soy humana. Lo decía Rosenberg: lo más cercano siempre es lo más complejo. Lo de la confianza da asco... En un entorno donde sabes que es más seguro el vínculo, bajas barreras que en otros lugares no te permites bajar.


