INTERNACIONAL
Primer plano | Europa en guerra

Putin acelera antes de la reunión de Alaska y cambia la estrategia en el frente

Carrera contrarreloj para tomar territorio en el Donbás: Moscú envía grupos de infiltrados tras las líneas ucranianas y Kiev manda a sus mejores tropas a cerrar la brecha

Reclutas ucranianos aprenden a disparar antitanques cerca de Pokrovsk.
Reclutas ucranianos aprenden a disparar antitanques cerca de Pokrovsk.ALBERTO ROJAS
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Nueve grandes pantallas emiten imágenes cenitales, nítidas y estables de un campo. Si esto no fuera una guerra, diría uno que son parte de un documental de naturaleza salvaje en la que esperamos a que un depredador se lance a por su víctima, pero es un campo de batalla. Se ven agujeros de proyectiles de artillería, vehículos militares quemados, bolsas de comida de asalto abiertas volando al viento y, de vez en cuando, algún muerto tirado sólo o acompañado de otros tan muertos como él. Un comandante vestido de negro como el café que bebe al que llaman El tártaro vigila los monitores hasta que ve movimiento (seis soldados rusos casi gateando hacia las líneas ucranianas) y avisa por su walkie talkie a la artillería. «Plus plus», le contestan. O sea, «afirmativo». Segundos después el sonido de un cañón cercano retumba en los cristales. Enemigo «neutralizado».

- Cada vez que un soldado o grupo de soldados se mueve lo vemos por aquí. Es mejor enviar nuestros drones que a nuestra gente. No queremos que muera ninguno de los nuestros.

- ¿Y si vienen de noche?

- También los detectamos, incluso mejor. Estos drones Mavic tienen visión nocturna y detectan el calor.

Esta conversación con este reportero se produjo en una jata ucraniana (casa de campo) en un punto indefinido del frente hace un par de meses. La hipervigilancia desde el aire aseguraba la estabilidad de las líneas y la detección de un enemigo que trata de avanzar cada día. Pero los rusos parecen haber aprendido la lección.

Soldados de la 3 brigada Azov, en la región de Donetsk.
Soldados de la 3 brigada Azov, en la región de Donetsk.ALBERTO ROJAS

Desde el día 7 de agosto, las tropas de la Z comenzaron a infiltrarse unos 17 kilómetros tras las líneas ucranianas en la zona más conflictiva y más caliente, entre la ciudad sitiada de Pokrovsk y las fortalezas de Sloviansk y Kramakorsk, el auténtico talón de Aquíles de Ucrania en la región de Donetsk que aún controla. Avanzaron a pie en una zona en la que ya los drones ucranianos no los buscaban, por un camino previamente trazado por sus oficiales. Drones rusos de mayor tamaño (Molniya) los abastecieron de comida y agua por el trayecto sin llamar la atención, ocuparon algunos sótanos y se hicieron fuertes a la espera de refuerzos.

A algunos elementos, según la publicación ucraniana Deepstate, que se dedica a monitorizar el campo de batalla a través de vídeos y fotos publicadas en internet, los situaron no sólo cortando las grandes defensas ucranianas construidas a las afueras de Pokrovsk, que cuentan con tres capas de fosos, dientes de dragón y campos minados, sino que el día 11, siempre según la anterior publicación, alcanzaron en algún punto la carretera que une la zona de Kramatorsk, el corazón del Donbás ucraniano, con el resto del país. Hay una carrera contrarreloj por Pokrovsk.

¿Cómo ha podido suceder tal cosa, en un campo de batalla tan hipervigilado? «Usaron unos ponchos que borran la huella térmica para que los drones nocturnos no pudieran detectarlos. Encontraron un hueco entre dos posiciones nuestras y penetraron por ahí. Iban sólo con sus armas, sin vehículos, a pie y en pequeños grupos», cuenta a este periódico Mikita, un comandante de una de las unidades que defienden esa línea. «Nosotros ya sabíamos que hay tejidos que pueden ayudarte a disipar tu calor corporal, por ejemplo, las esterillas de yoga. Nosotros no dormimos sobre ellas, sino que nos tapamos con ellas para que no nos vean. Esos ponchos están basados en esa idea».

Movimiento en el frente

Desde hace unos días, las brigadas ucranianas han detectado una gran actividad de radio en el enemigo ruso. Las órdenes son tratar de avanzar todo lo posible antes de la reunión de este viernes en Alaska entre Vladimir Putin y Donald Trump. El Kremlin pretende hacerse con Pokrovsk y amenazar, gracias a esa estrategia de infiltración, todas las líneas logísticas que alimentan al Donbás ucraniano, para dejar el mensaje de que Kiev no podrá mantenerlos demasiado tiempo y que es mejor cederlos ahora como intercambio, como ha sugerido Trump.

Putin va con todo en el frente y los últimos días se ha notado, pero en la retaguardia se viven como contraste días tranquilos: los rusos han dejado de bombardear Kiev ante la reunión y muchos en la capital y otras grandes ciudades ucranianas especulan con que es una estrategia de Putin para no presionar a Donald Trump.

Para algunos analistas, que reconocen que la situación en el campo de batalla es «difícil», no se trata tanto de un avance ruso o una ruptura del frente sino de un intento de sabotaje y de infiltración para explorar las grietas que Ucrania va dejando en su defensa por falta de rotación en sus unidades más agotadas en un frente de combate tan largo como este (800 kilómetros de largo).

Nueva estrategia de disrupción

La misión de infiltración, llevada a cabo por unidades de las fuerzas especiales rusas y elementos de la 132 brigada de fusileros motorizados, ha conseguido llevar el pánico a la retaguardia ucraniana y mostrar las enormes deficiencias de un sistema defensivo que ya no es capaz de tapar todos los huecos por falta de infantería y los problemas de reclutamiento. El destino para esos soldados rusos que se infiltran suele ser la muerte o la captura. Esta semana la cifra de bajas rusas, provocada por las prisas de Putin, ha sorprendido a los propios ucranianos, ya curados de espanto. Ayer, Zelenski aseguró que en 24 horas sus tropas habían provocado en el enemigo 500 muertos y el mismo número de heridos.

Este reportero ha conocido a militares ucranianos que han permanecido en sus posiciones sin rotación hasta 140 días, y que eran abastecidos por drones. Cuando por fin eran relevados, volvían a las bases de su unidad como náufragos, con el pelo y la barba asalvajados, sucios, desnutridos y con aspecto desorientado. El ratio a favor de las tropas rusas en este frente es de una superioridad de cuatro rusos por cada ucraniano.

Evacuación obligatoria

¿Qué ha hecho Ucrania para taponar las grietas? Ha tenido que sacar de otros frentes a dos de sus mejores unidades: la brigada 92 de asalto y el primer cuerpo de ejército Azov. De momento, en las últimas horas, los informes desde el frente era más optimistas que en los últimos días: al no dar tiempo a los rusos a consolidar sus posiciones y no meter blindados en la brecha, los militares ucranianos, varios cientos, van haciendo prisioneros entre esos grupos de sabotaje y recuperando el control de la zona. Ucrania ha enviado una orden de evacuación obligatoria para todos aquellos civiles (muy pocos ya y muy mayores) que permanecen en el área de Dobropilia. Esta ciudad, que bullía de actividad hace dos meses, está hoy semimuerta tras los bombardeos rusos con bombas guiadas de las últimas semanas.

Es evidente que los rusos han dado otro giro más a su estrategia de avance: de largas columnas blindadas en 2022 pasamos a asaltos a toda velocidad en motocicletas o carritos de golf para sortear los enjambres de drones. Ahora se hace a pie, ocupando posiciones una a una y abriendo zonas para que lleguen refuerzos y consoliden las ganancias. Mientras que Ucrania tenga que mover sus mejores unidades para taponar brechas se abrirán opciones de penetración para las tropas de la Z. Además, con la incorporación de una unidad experta en drones llamada Rubicón, el Kremlin ha restado cierta ventaja que Ucrania llevaba en el uso de estos aparatos. Ahora, los mejores pilotos de drones ucranianos de grupos como Pájaros de Madyar o Peaky Blinders tratan de cazar a los rusos de Rubicón y viceversa, en un enfrentamiento que recuerda al de los antiguos francotiradores en la Segunda Guerra Mundial.

La operación rusa ha multiplicado las críticas sobre Olexander Syrskyi, el comandante en jefe del ejército ucraniano, al que siempre le acaban comparando (para mal) con su antecesor, el carismático Valery Zalushny. Syrskyi es un militar de la vieja escuela, nacido y formado en Rusia sobre las doctrinas soviéticas similares a las que hoy usa el ejército ruso y que no es muy popular entre sus hombres, a diferencia de Zalushny, que siempre se refirió a él despectivamente como «ese general ruso».

«La situación aún está en desarrollo y, con suerte, no desembocará en un avance operativo mayor, pero esto es un síntoma de los desafíos y problemas. Ucrania ha mantenido el frente con un déficit de infantería y reservas, dependiendo de unidades de drones. Esto ha ganado tiempo, pero no es suficiente para estabilizar el frente», asegura Michael Kofman, analista del think tank Carnegie.

Radio macuto, que es en jerga militar como se llama a rumorología que suele correr entre los soldados, dice que la reunión entre Putin y Trump también afecta a la planificación de las unidades ucranianas. Algunas que iban a ser desplegadas ya han sido frenadas en sus lugares de rotación mientras que otras, que iban a ser retiradas, van a aguatar unos días más. Para el esforzado soldado de infantería, volver a casa hoy está más cerca que ayer. Zelenski lo sabe y debe navegar entre dos realidades: la necesidad de que los militares regresen a su vida tras casi cuatro años de guerra salvaje y no regalar una victoria a Putin que los rusos no han conseguido en el campo de batalla. Si Volodimir Zelenski rechaza las ofertas de paz que lleguen de Alaska, aunque sean leoninas, puede encontrarse con cierta oposición, pero si acepta lo que exige el Kremlin, la siguiente revolución del Maidan será contra él.