"El ictus es muy raro entre los niños", dicen los médicos del hospital; muchos pediatras se jubilan sin haber tratado uno. Y sin embargo, sucedió y en Esine nadie encuentra paz por la muerte de Evan Giroletti, el pequeño de apenas 4 años que falleció el lunes en un hospital de Brescia a causa de una hemorragia cerebral.
"No paraba", dice su padre Andrea, mientras recibe el abrazo de las personas que hacen cola esperando para despedirle, "nunca estaba quieto".
"El domingo por la noche jugamos juntos hasta la medianoche, luego finalmente se durmió y lo llevé a la cama". El lunes por la mañana, la madre, Glenda, le acompañó al parvulario. Poco después las maestras le llamaron por teléfono. Evan estaba enfermo, tenía fuertes dolores de cabeza y vómitos, le dijeron.
Llevaron al niño a casa, pareció recuperarse, durmió un poco. Por la tarde volvió a jugar, todo parecía haber terminado. Pero de repente, mientras gateaba y jugaba en el suelo, se vino abajo, no podía mantenerse pie. La madre corrió con él a Urgencias del hospital de Esine.
Tras hacerle un TAC, los médicos entendieron que la situación era desesperada: decidieron trasladarlo al Hospital Civil de Brescia, pero ya no había nada que hacer para salvar la vida de Evan. "Me sigo preguntando por qué nos pasó esto, por qué la muerte me lo arrebató - repite el padre - no encuentro respuesta".
En el pequeño ataúd blanco se encuentra uno de sus juguetes favoritos. Evan tenía cuatro hermanos: Mattia y Gabriel, que ya son mayores; y Diego y Luca, de apenas diez y nueve años, que intentan hacer unos dibujos para dar forma al dolor que ellos también están sintiendo. Luca, el más joven, dibujó una cadena con cinco anillos.
"Es nuestra familia -alcanza a decir su padre-, pero uno ahora es un anillo roto. Hoy me cuesta tanto aceptar todo esto...". Sin embargo, la sonrisa de Evan seguirá brillando en algún lugar. Los padres han autorizado la donación de órganos. Pero el dolor parece no tener fin.
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