ESPAÑA
Crónica

'El Mafia', el okupa acusado de precipitar a su amigo discapacitado, queda absuelto por falta de pruebas

La Audiencia Provincial de León no aprecia pruebas suficientes que constaten el homicidio. Aníbal falleció en el Hospital Universitario de León a causa de las secuelas de la caída de un quinto piso

El acusado, a su llegada a la Audiencia Provincial de León.
El acusado, a su llegada a la Audiencia Provincial de León.SAÚL ARÉN
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Nadie sabrá nunca -o tal vez no importe ya saberlo- qué pensó Aníbal en el instante en que su cuerpo cruzó el marco inexistente de la ventana y se precipitó desde un quinto piso hacia el patio de luces de un edificio en León. Nadie escuchó su último pensamiento, si lo hubo, aunque una vecina aseguró a la policía haber oído un "no, no, no" previo a la caída. Eran las 7.45 de la mañana del 31 de agosto de 2021. Aníbal fallecería en el Hospital Universitario dos semanas después, el 14 de septiembre, a causa de las heridas del golpe o, en términos médicos, por una encefalopatía por traumatismo craneoencefálico cerrado severo.

El quinto piso del número 25 de la calle Laureano Díez Canseco era una casa okupada donde el tiempo, de los pocos que se quedaban, se consumía entre humo, estupefacientes y cocaína. O, en palabras de su morador principal El Mafia (M.A.M.B), era "un fumadero". Sólo en ese mes de agosto la Policía Nacional acudió hasta en cinco ocasiones a la vivienda.

Aníbal también iba y venía de aquella casa en donde, como declaró el vecino de puerta en la Audiencia Provincial de León, "había mucha bulla, mucha fiesta". Pero por mucho que frecuentase aquel lugar, Aníbal no se parecía demasiado al resto: 35 años, discapacidad reconocida del 65%, y una supuesta ingenuidad que su madre describió como la de "un niño grande" ante el juez el pasado 11 de noviembre.

Sus progenitores, con quienes convivían, se habían percatado hacía tiempo de las "malas compañías" con las que se relacionaba Aníbal. Incluso, la familia se llegó a mudar para alejarlo de ese entorno. Pero no funcionó. Como recordaba su madre en el juicio, "volvía tarde muchas veces", pero lo hacía "tranquilo a las cuatro o las cinco de la mañana". Se sentaba con ella en la cocina y, para tranquilizarla, le decía que venía de "jugar a la consola" con sus amigos en aquel piso del barrio leonés del Crucero, donde, desde hace años, los vecinos denuncian inseguridad, menudeo de droga, pisos okupados y peleas entre inmigrantes ilegales. Ella le preparaba "un tazón de leche con Cola Cao" y él "se metía a dormir".

La fatídica noche Aníbal volvió a su casa hasta en dos ocasiones. Llegó, según relata su madre, a las diez de la noche del 30 de agosto y le pidió "cinco euros para bajar a comprar tabaco". De nuevo, regresó a las "cinco y media o seis de la mañana" acompañado de El Mafia, ahora en la cárcel por otros delitos ajenos a este caso. "Entró en la casa con actitud intimidatoria reclamando 200 euros que supuestamente Aníbal le debía por 'robarle cocaína'", declaró la madre. Ella se los dió y su hijo, además, se llevó otros 70 euros que tenía en el monedero.

Según cuenta El Mafia, Aníbal y él eran "amigos" y "no tenía ningún motivo para hacerle nada". Aquella noche de agosto, la pasaron drogándose y bebiendo grandes cantidades de alcohol. Primero solos, y ya avanzada la noche llegó la novia de El Mafia, la cual se unió al plan. En un momento, la pareja se marchó al baño a continuar con una discusión, cuando escucharon un ruido. Salieron "a ver qué pasaba" y se encontraron con que Aníbal se había precipitado por la ventana que "no tenía cristales, estaba rota" y una "sábana" la custodiaba a modo de cortina. "Lo primero fui a comprobar la puerta, pero no había nadie más allí y luego vi que la ventana estaba rota y le vi en el suelo del patio de luces. No sé qué le pudo pasar por la cabeza", añadió.

Aquella discusión en el interior del piso fue la misma que escuchó, apenas amortiguada a las siete de la mañana, una vecina del primer piso cuya ventana daba al patio interior. Al asomarse, vio a una mujer bajando apresuradamente por las escaleras que le soltó una frase seca: "no llames, que se ha tirado él". Otra residente del bloque, que aquel día también percibió el tumulto, aseguró haber oído ruido de más personas. "Cuando tiraron al muchacho había más de tres personas, estaban como de fiesta, pero no puedo decir quién le tiró ni culpar a nadie porque yo no estaba allí arriba", declaró.

La vecina del primero se cruzó instantes después con una figura que descendía las escaleras con la capucha echada y "una mochila" colgando. Iba acelerado, casi sin detener el paso. "Le pregunté que qué pasaba, pero él dijo 'nada, nada'", explicó. Ya en el juicio no fue capaz de asegurar que aquel hombre fuera el acusado sentado a escasos metros de ella.

Mientras Aníbal agonizaba en el patio interior, aún con vida -"Estaba vivo, en posición lateral y sangraba por los oídos, también había restos óseos y masa encefálica", como indicó uno de los agentes-, los dos sospechosos se dirigieron a toda prisa hasta la estación, donde tomaron un autobús rumbo a Ponferrada. En el juicio, el acusado trató de explicar aquella huida precipitada. "Me asusté y me marché", resumió. "Muchas veces no se hacen cosas y te las comes igual, aunque yo no había hecho nada".

En la última sesión del juicio, el médico forense que realizó la autopsia detalló ante el tribunal las lesiones que presentaba Aníbal cuando murió. Todas menos una, según ratificó el forense, estaban relacionadas con el impacto. El joven tenía "moratones" en las manos, especialmente en la derecha, que a ojos de la medicina legal podrían sugerir "un gesto de autodefensa al sujetar un objeto largo y contundente". Aunque no se logró datar esta lesión, desde un primer momento el forense descartó una posible conducta suicida de Aníbal ya que "no había signos de conducta autolítica previa".


El pasado viernes 14 el jurado popular, por seis votos frente a tres, resolvió que El Mafia no era culpable de un delito de homicidio. La falta de pruebas y las "demasiadas hipótesis", como resumió la representante del Ministerio Fiscal, no han podido arrojar luz sobre por qué y cómo Aníbal cayó al vacío. "En el momento en el que hay otra tesis posible, la accidental, debe primar la presunción de inocencia del acusado", afirmó la fiscal, tal y como recoge La Nueva Crónica. En un primer momento, el Ministerio pedía una pena de de 10 meses de multa a razón de 10 ¤ diarios para el sospechoso al existir, a su juicio, solamente un delito de omisión de socorro. Por su parte la acusación particular -en representación de la familia, que ahora se adhiere a la petición de la Fiscalía- proponía 18 años de prisión por homicidio.