MACROECONOMÍA
Contraopa

Meloni prepara su Ley de Presupuestos y se desmarca de la crisis de Macron y la debilidad de Sánchez

La primera ministra italiana se erige ante los inversores como bastión de estabilidad en la UE. Su prima de riesgo se acerca a la de Francia y acorta diferencias con España.

Meloni prepara su Ley de Presupuestos y se desmarca de la crisis de Macron y la debilidad de Sánchez
Actualizado

A la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, nadie le pregunta si podrá superar el voto parlamentario de confianza como el que se cierne sobre el todavía primer ministro francés, François Bayrou. Ni tampoco si presentará Presupuestos, aunque se los tumben, como al debilitado Pedro Sánchez. Meloni ya los prepara para presentarlos en semanas sin que nadie dude de que, con las tensiones normales habituales, serán aprobados a final de año. La italiana, cerca ya de cumplir tres años en el cargo, inició este curso político en Rimini el pasado 27 de agosto y se presentó ella misma como bastión de estabilidad en el euro, muy lejos ya de sus delirios en el pasado cuando apostaba por sacar a Italia de la moneda única.

"Estoy orgullosa de que Italia ya no es vista como la gran enferma de Europa, sino incluso un modelo de estabilidad, de seriedad gubernamental y de que los inversores internacionales nos consideren una nación segura, tanto que ahora los tipos de interés que pagamos por nuestra deuda están en línea con los que se pagan en un país como Francia. También de que las instituciones comunitarias certifiquen que Italia es la primera en la implementación de los fondos, o que la prensa internacional -que nunca ha sido particularmente benevolente con nosotros- a menudo nos considere una anomalía positiva", reivindicó. Meloni quiere aprovechar su momento y atraer inversores teniendo en cuenta la situación de sus vecinos. En efecto, la prima de riesgo de Italia se mueve ya por debajo de 100 puntos y se alinea con la francesa, carcomida por la deuda y el déficit que los sucesivos gobiernos de Emmanuel Macron no pueden abordar por carecer de apoyos parlamentarios. Italia llegó a tener una prima de 300 puntos con respecto a Alemania en 2018. Entonces, los inversores pedían también 200 más por comprar deuda italiana que la española, dando un voto de confianza al entonces recién llegado Pedro Sánchez. Esos 200 puntos son ya apenas en torno a 30 tras el recorte de distancias con España iniciado por Mario Draghi, primero, y la propia Meloni después, contra el pronóstico inicial.

Todo esto pese a que la deuda de Italia sigue siendo muy superior (140%) a la española (103,4%), pero Italia tiene bazas como la estabilidad de su Gobierno y que el paro ha bajado ya al 6%, la menor tasa en ese país desde la crisis financiera. Está por debajo de la media europea y no digamos, de la tasa de desempleo de España, aún superior al 10% lo que la mantiene líder de la UE en tan triste clasificación. Italia va a corregir también otro problema, según dio por seguro la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, el pasado día 1. La francesa, que no suele mencionar países concretos, apostó que los esfuerzos de Meloni de saneamiento de las cuentas públicas sacarán a Italia en breve del llamado Procedimiento de Déficit Excesivo. También Meloni va más avanzada que Sánchez en la recepción de fondos europeos. Va ya por el séptimo pago de la UE y ha recibido del llamado Mecanismo de Recuperación más de 140.o00 millones entre subvenciones y préstamos, el doble que España, tras cumplir hitos y objetivos, según la Comisión Europea. Sánchez acaba de conseguir, y recortado, el quinto pago.

Otra pregunta que no hacen a Meloni, en contraste con la que se le reiteró a Sánchez en TVE el pasado día 1, es si es invitada a todas las reuniones internacionales del momento, porque lo está. Su buena relación con el presidente de EEUU, Donald Trump, su acercamiento al canciller alemán, Friedrich Merz, y creciente entendimiento con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, le aseguran una favorable posición en la escena internacional, si mantiene pragmatismo.

Esta situación favorece a Italia en un momento delicado de tensiones en el mercado de la deuda europea impulsadas por la crisis francesa. Los inversores comienzan a ver indigerible tanta emisión de los gobiernos disparada con el gasto militar. Un primer efecto es ya el encarecimiento de los tipos de los bonos -sobre todo los de a más largo plazo- por las dudas crecientes de sostenibilidad. Imposible ya ver el bono español a diez años por debajo del 3%, así que conviene a España prepararse para el nuevo escenario para no entrar en foco indeseado de los inversores. En las pasadas décadas, Italia copaba el gran recelo de los mercados en el sur de la UE. Ahora no.