- Libre directo Del tiqui-taca al toma y daca
- Crónica España baila con Italia y asegura el pase a octavos
- El cortador de césped Un tanteo avaro con España
Hay una cosa maravillosa con la selección y es que nos permite disfrutar de una de las mejores sensaciones de la vida: venirse arriba. Durante la temporada de clubes es un placer del que sólo disfrutan los madridistas, mientras el resto, incluso cuando nuestros equipos van como aviones, nos pasamos las semanas esperando a que el cielo se derrumbe sobre nuestras cabezas (y generalmente se derrumba), pero con España es diferente.
Quizás porque es una de esas cosas que nos divierten pero no nos importan demasiado, como las verbenas, algunas drogas o una entrevista de Broncano, afrontamos Eurocopas y Mundiales desde el optimismo irracional. Sólo podemos ganar, porque las derrotas caducan en cuanto vuelve la Liga, así que nos creemos Ryan Gosling incluso cuando nos presentamos a los torneos con Antonio Resines (el más grande, por otra parte).
Hemos creído que íbamos a ser campeones con Calderé y Víctor Muñoz, con Górriz y Villarroya, con Salinas y Bakero, con Pizzi y Manjarín, con Luque y Raúl. Y no, por supuesto que no, pero no importaba. Durante unas semanas nos sentíamos Alemania.
Hoy somos Alemania. Al menos hasta que nos eliminen. Y cuando eso pase, dos gintonics y a dormir. Tampoco es tan grave.
En lo que va de torneo, sólo los anfitriones han dado mejor sensación que España. Contra Italia, pese al resultado corto y vía autogol, el dominio fue constante. Y no ese dominio de toque y bostezo del infame epílogo del tiqui-taca, sino de desborde y peligro real. Mientras Lamine Yamal y Nico Williams estén sobre el césped, cada ataque es una fiesta. A veces no llegan a ningún lado, pero nos han puesto en esta vida para jugar, no para llegar. En efecto, vivimos para venirnos arriba.
En el horizonte, asoma Alemania en cuartos, pero llegados a este punto Musiala y Wirtz no me impresionan más que Nico y Lamine. Sería un duelo de inspiración y tenemos genios.
Hace dos semanas creía imposible que España ganara esta Eurocopa. Hoy lo veo hasta probable. Me he venido arriba, sigan mi ejemplo. El fútbol de selecciones no es amor, es un rollo de verano, y esos se inventaron para ser lo más importante del mundo durante un mes, echar tres polvos memorables y diluirse después como lágrimas en la lluvia.
Si hemos creído que íbamos a ser campeones con Calderé y Víctor Muñoz, con Górriz y Villarroya, con Salinas y Bakero, con Pizzi y Manjarín, con Luque y Raúl, ¿cómo no vamos a serlo con Fabián y Morata?
No temamos la hostia, disfrutemos el camino.

