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Orwell: 2+2=5: Contra la apropiación de Orwell por la ultraderecha (***)

Raoul Peck continúa su meticulosa disección de las heridas del colonialismo, del turbocapitalismo, del imperialismo, del clasismo y de otros cataclismos de la vida moderna

Un momento del documental Orwell: 2+2=5.
Un momento del documental Orwell: 2+2=5.
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El día que un combatiente de los totalitarismos, antibelicista y feroz cronista de las barbaridades del colonialismo capitalista sea reivindicado como santo patrón por totalitarios, imperialistas, neoliberales y los que justifican la fuerza bruta como modo normal de hacer o perpetrar la política, ese día, decíamos, estaremos perdidos. Y ese día, atentos, ha llegado. Fue el propio George Orwell el que tuvo que correr a desmentir al editorialista del Daily News que después de leer 1984 se mostró convencido de que el libro era una recusación del Partido Laborista británico. Y a nadie se le escapa tampoco que ese mismo texto es ya a estas alturas una navaja suiza multiusos que igual le vale a la ultraderecha para arremeter contra la corrección política (por aquello de la neolengua) que al propio Trump para criticar la cancelación, así en general, o la simple denuncia de uno de sus bulos.

Digamos que el documental de Raoul Peck Orwell: 2+2=5 llega a la cartelera no tanto con espíritu justiciero, que quizá también, como esclarecedor. Se trata básicamente de devolver a las palabras, a todas ellas, su justa relevancia, su insoportable actualidad y, sobre todo, su peso. De hecho, todo lo que se escucha estructurado como si de una crónica de actualidad se tratara son palabras escritas por Orwell y, para desconsuelo de casi todos, aún perfecta y dolorosamente vigentes. La estrategia del documental consiste básicamente en ampliar el radio de acción y mezclar imágenes de archivo con la memoria de las viejas películas basadas en las obras del autor (las varias versiones de 1984 al lado de las de Rebelión en la granja fundamentalmente) y con metraje nuevo donde la neolengua burocratizada y cruel ("daños colaterales", "recesión", "operaciones de mantenimiento de la paz" o "personas ilegales") juega un papel básico.

El director de I Am Not Your Negro, sobre la vida de James Baldwin, recompone la biografía existencial e intelectual del autor desde bien temprano, desde sus orígenes de estudiante de "clase media-alta pero baja", donde prueba las hieles del clasismo liberal. La historia, de la mano de sus cartas, sus ensayos y el resto de sus textos (no solo el totémico 1984, publicado en 1949 poco antes de su muerte, que no en 1984), avanza hasta asistir al nacimiento de su conciencia política en la Birmania ocupada por los británicos (actual Myanmar) donde descubrió la "tiranía injustificable" del imperialismo. Y así, poco a poco, con una contundencia que por momentos roza el espanto (¿qué habría dicho Orwell sobre el asalto al parlamento justificado por un presidente electo?), la cinta acierta a llegar a meta, que no es otra que ofrecer un documento cabal contra la injusticia, contra la desigualdad y contra las mentiras desde la vida de un hombre que peleó contra la injusticia, la desigualdad y las mentiras.

Pese a sus exageraciones, que las hay, sus trampas visuales, que no faltan, y su absoluta falta de sutileza, que no tiene ya mucho sentido, la película se antoja tan inquietante como reveladora. Un brillante trabajo de reapropiación o, mejor, de justicia orwelliana.

Dirección: Raoul Peck. Música: Alexei Aigui. Fotografía: Ben Bloodwell, Stuart Luck, Julian Schwanitz. Duración: 119 minutos. Nacionalidad: Francia.