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Nunca he conocido a nadie que vote en Eurovisión. No tengo ni idea de cómo es la figura del eurofan ni de cuáles son sus gustos musicales. He llegado a pensar que no existe. Y, si existe, su opinión importa muy poco cuando del otro lado hay mucho dinero para invertir. Trato de imaginarme al eurofan ahora y traté de imaginármelo el sábado cuando Israel arrasó en el televoto de trece países eurovisivos y se hizo con la segunda posición.
Soy muy poco cospiranoica, pero la verdad es que Netanyahu lo pone bastante fácil. Y más cuando el gobierno israelí ya confirmó que había invertido mucho dinero el año pasado para fomentar el voto a su representante, Eden Golan, que quedó en quinta posición ante la sorpresa de todo el mundo. Ahora lo llaman fomentar el voto. Yo lo llamo de otra manera. Desde que han cambiado los sistemas de votaciones (y cada persona puede entregar veinte votos en lugar de uno), por lo que sea, Israel ha arrasado con el voto del público.
Aunque la UER se empeñe en hacernos creer que es un concurso apolítico, Eurovisión se ha convertido en un espacio para jugar a la geopolítica de las emociones. Con mucho dinero y buenos estilistas puedes hacer lo que quieras. Uno de los principales patrocinadores de Eurovisión es la empresa israelí de belleza Moroccanoil. Tiene sentido que sea una empresa israelí, porque ellos saben mucho de maquillaje.
Con el genocidio de Gaza, Israel ha perdido su relato de víctima histórica para pasar a ser el verdugo. Cuando un pueblo pierde su relato, aparece el espectáculo. Y ahí estaba Yuval Raphael, una superviviente de los ataques de Hamás en octubre del 2023, vestida de ángel negro anunciador, para intentar darle la vuelta a la narrativa. Cuando se presentó la canción iba acompañada de los audios que le mandó a su padre en medio del tiroteo. Porno emocional. Lavado de cara. Propaganda de Estado. «¡Bien hecho! ¡Mucha suerte para el Estado de Israel! De victoria en victoria. De victoria en victoria, hasta la victoria final, la victoria absoluta», dijo Netanyahu el sábado. ¿De qué victoria hablaba? Obviamente de la conquista por el relato. Hay una foto de Yuval con la bandera de Israel al fondo, haciendo con las manos el símbolo de un corazón. Le faltó hacer el símbolo de la paz.
El sábado, Yuval cantaba repitiendo el mantra de «un nuevo día amanecerá». El domingo amaneció un nuevo día en Gaza con 107 muertos. Ya lo dijo Wendy Sulca en una canción que se hizo viral por el 2010 y que de salir ahora hubiera ganado Eurovisión: «Israel, Israel, ¡qué bonito es Israel!».

