Ninguna de las partes ansía una guerra larga, pero los inversores ven cada vez más probable que el conflicto se extienda en el tiempo. La escalada bélica en Oriente Medio podría convertirse en el primer episodio geopolítico que preocupe de verdad a las bolsas mundiales desde la intervención rusa en Ucrania hace cuatro años y que trajo consigo inflaciones de doble dígito. Este es el verdadero quebradero de cabeza de los inversores. Una nueva oleada de precios al alza que podrían desbaratar la hoja de ruta de los bancos centrales, frenar el crecimiento económico y apretar más el bolsillo de los consumidores. Y, entre todo este cúmulo de incertidumbres, los analistas pronostican que Europa sería la gran perjudicada por su mayor dependencia energética frente a EEUU o China. "El famoso sell America [vender América]y comprar cualquier otro mercado del mundo se ha parado dada la menor sensibilidad de EEUU a los costes energéticos", afirman en una nota a clientes desde Barclays.
En un escenario en el que los nervios están a flor de piel, las bolsas están demostrando su capacidad de medir la temperatura de los inversores a cada paso. En las últimas 24 horas el dinero pasó de huir en estampida de los mercados asiáticos, donde los principales índices de Corea del Sur y Japón protagonizaron desplomes del 8%, a hacer saltar las alarmas en Europa con una caída inicial del 3% para cerrar, con Wall Street templando ánimos, muy lejos de lo que podría haber sido -y no fue- un lunes negro.
En Europa las caídas para los principales índices, incluido el español Ibex 35, fueron, finalmente, inferiores al 1% cuando en el arranque semanal todo hacía pensar en una escabechina sin lugar donde refugiarse. Pero, al término de la sesión, las ventas que también se habían producido en el mercado de bonos dieron lugar a las compras, con un bono español sobre el 3,35% -llegó a rozar el 3,47% durante la sesión-; mientras que la deuda estadounidense a 10 años se situó en el 4,12% (cuando llegó a dispararse hasta el 4,18% y hace una semana su rentabilidad estaba en el 3,96%, lo que quiere decir que el inversor está saliendo y vendiendo deuda). El dólar sigue ejerciendo de refugio durante la semana y tres días de guerra en Irán, y el euro pierde poder adquisitivo pasando de los 1,18 dólares de finales de febrero a los 1,158 actuales. Y, contra pronóstico y frente a su tendencia más reciente, el Bitcoin repuntó ayer un 4%, todavía por debajo de los 69.000 dólares.
Tras la tormenta de los mercados está el petróleo. Amaneció con subidas superiores al 25% para luego irse desinflando hasta avances del 7% y alejado de niveles de 100 dólares por barril que provocaron cierto pánico entre los inversores. Y lo mismo sucedió con el gas natural holandés, de referencia en Europa, con una subida del 5% el lunes, mucho más contenida que el susto inicial.
TODO ES INFLACIÓN
Las principales firmas de análisis y bancos de inversión ven todavía lejos que la crisis actual pueda escalar hasta las consecuencias que tuvo en 2022 la guerra en Ucrania, que llegó a provocar "un shock en el mercado de la energía", apuntan desde Morningstar, algo todavía "alejado", según sus previsiones, aunque entienden que, un conflicto dilatado en el tiempo tendría "una segunda ronda de consecuencias macroeconómicas y de ajuste fiscal para la UE". Ayer se esperaba que los miembros del G7 decidieran utilizar parte de las reservas extraordinarias de crudo para mitigar los precios, pero no se adoptó ninguna decisión inminente. La clave no es Irán, cuyas exportaciones de crudo representan el 5% del total mundial; sino el cierre del Estrecho de Ormuz por donde transita un tercio del comercio mundial de petróleo y un 20% del gas licuado (GNL), que "proviene de Catar y Emiratos", apuntan desde Scope Ratings.
"Es poco probable que los precios precios del gas (TTF) vuelvan a alcanzar los máximos registrados en 2022, cuando promediaron 133 euros /MWh, el triple de la media de 36 euros/MWh en 2025. Aun así, unos precios elevados y sostenidos del gas (cerca de 50 euros/MWh) y del petróleo (en torno a 100 dólares/barril) podrían tener implicaciones macroeconómicas. Según estimaciones del BCE, un escenario de este tipo elevaría la inflación de la zona euro en alrededor de 1,25 puntos porcentuales a medio plazo, lo que podría retrasar el ritmo de relajación de la política monetaria. Del mismo modo, unos precios energéticos más altos, junto con la incertidumbre y los efectos de contagio internacionales, podrían reducir el crecimiento de la zona euro en alrededor de 0,75 puntos porcentuales", señalan desde la agencia de rating europea.
Desde la casa francesa Edmond de Rotschild creen que los mercados han cambiado su visión, a peor, sobre la denominada Operación Furia Épica de EEUU en Irán, pasando de "un choque temporal" a una "situación energética que está cambiando. Los precios del petróleo ya incorporan una importante prima de riesgo geopolítico, y los precios de los productos refinados —como el diésel, el fueloil o los destilados— también suben, ya que las reservas son mucho menores que las de crudo. En consecuencia, la presión inflacionaria ha aumentado", sentencian. En este sentido, los analistas de Bank of America se plantean "cómo de preocupados deberíamos estar ante una nueva escalada de la inflación a nivel mundial". "Precios del petróleo 15 dólares por encima del inicio de la guerra no son particularmente preocupantes, pero la reciente escalada hacia niveles de 100 dólares podría empezar a serlo si resulta persistente", aseguran.
Y ahí es donde entran en escena los bancos centrales una vez más teniendo en cuenta que su objetivo principal (y único en el caso del Banco Central Europeo) es mantener la inflación en niveles del 2%. 2026 se esperaba como el primer año de los últimos cuatro sin movimientos en los tipos de interés oficiales en la zona euro, pero si el alza en los precios de la energía continúa y sigue afectando a las cadenas de suministro de otros sectores, como el farmacéutico, el retail con firmas de ropa o lujo europeo, o al automovilístico, la hoja de ruta de Christine Lagarde podría cambiar. Desde Barclays subrayan que el mercado ya descuenta con un 40% de probabilidad un alza de tipos en la Eurozona este año y ha reducido a una el recorte de las tasas oficiales en EEUU, frente a las dos previstas inicialmente que cuentan con el favor absoluto de Donald Trump, que lleva meses presionando a la Reserva Federal para que rebaje los tipos mucho más.
La contención vista ayer en los mercados sustenta la idea de que la corrección es más fruto del nerviosismo que de un temor real a que la guerra se perpetúe en el tiempo. En este sentido, Javier Hombría, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) resta importancia a las caídas de las últimas sesiones e insiste en el papel clave que desempeñan los países del Golfo para contener una posible guerra que dure años por una cuestión demográfica. "Estos países han dicho públicamente que están interesados en una desescalada y no en el colapso del régimen iraní, un país de 95 millones de personas que supondría un gran problema de inmigración en la región. Trump tampoco podría soportar una campaña mucho más larga, con el petróleo por encima de los 100 dólares" y con el consecuente desgaste político, con las elecciones de medio mandato a la vuelta de la esquina.
"Sería poco ventajoso afrontar electoralmente unos comicios tan decisivos con unos precios de la energía tan encarecidos. Desde el inicio de la contienda la gasolina ha subido más de un 16%, acercándose a 3,5 dólares/galón, precios que no se veían desde 2024 bajo el mandato de Biden", afirman desde Banca March. Sus analistas ven "poco probable" un escenario similar al de 2022 con la invasión en Ucrania "dado que nadie saldría beneficiado", sostienen.
Si se observa dónde fue el dinero la semana pasada (primera completa de guerra en Irán), los mayores flujos fueron a parar a los sectores de energía, industrial y de materiales básicos, mientras que la salud, el consumo y las financieras sufrieron las mayores salidas. Y los fondos europeos registrados en EEUU siguieron registrando entradas positivas de dinero.

