Atención a esta frase: «En España, el yodo no es de venta libre y, en cualquier caso, en las farmacias no tienen el necesario para combatir la radiación». Mucho antes de que la comisaria europea Hadla Lahbib se postulase para el Club de la Comedia didáctica componiendo una especie de mochila atómica para caso de catástrofes y conflictos que no sirve estrictamente para los conflictos ( y menos si son nucleares), preppers o survivalists de toda España, que así se autodenominan, llevaban lustros preparando bolsas con los elementos que pudieran salvarles la vida en un viaje de aventura o en una situación apurada. Todos ellos coinciden —también militares consultados por Crónica— en asegurar que el hatillo de Lahbib puede ser útil para hacer frente a ciberataques, a catástrofes naturales —que no es poco— o para el caso de que se te incendie la casa, pero no sirven estrictamente para un enfrentamiento armado.
Nadia Brzostowicz, una de las preppers más jóvenes y competentes de este país, resume los movimientos de Bruselas estos días como «politicadas» que pueden dar «una falsa sensación de seguridad», aunque después añada matices y mucha información para que esas «politicadas» puedan convertirse en algo útil. De forma complementaria, Miguel Ferrero, al frente de NonameSport, la empresa donde Nadia también es instructora, precisa: «Estas iniciativas te permiten establecer unas rutinas de emergencia por si se produce algún conflicto». El hecho es que los movimientos geoestratégicos de la segunda era Trump han provocado que personas que hasta hace dos meses parecían demasiado preocupadas por la seguridad, ahora estén de actualidad.
Miguel Ferrero asumió la necesidad de estar preparado y alerta cuando se perdió con 10 años con su hermano y un amigo en los montes de Toledo, cerca de Escalona. Tras tres días de travesía aparecieron a 60 kilómetros del lugar de su partida tras haber pasado hambre y haberse guarecido apenas del frío en unas cuevas. Movilizaron a los servicios de búsqueda de toda una región en una aventura que a Ferrero no se le fue de la mente. Con 28 años decidió tener una mochila por si acaso y han pasado 21 inviernos desde entonces, en los que la supervivencia ha estado en el centro de su profesión. Tiene otra empresa, Astroland, «un centro oficial de entrenamiento y de establecimiento de protocolos», que igual hace experimentos sobre cómo superar ocho días en una balsa, que prepara a los astronautas para ir a Marte.
«La propuesta de la comisaria no me parece una exageración sino todo lo contrario. Tener una mochila es beneficioso por lo que pueda pasar. Y no está tan lejos, lo vivimos con Filomena, o con Valencia, y Austria y Suiza hace tiempo que han establecido este tipo de rutinas», dice, «hay que tenerla e ir haciendo un mantenimiento cada año, revisando por ejemplo los medicamentos. El contenido de la mochila recomendada es lo mínimo, a partir de ahí, hay que ir añadiendo según las necesidades personales».
Él introdujo las pastillas de yodo en su equipaje cuando Putin atacó Ucrania y recomienda añadir un medidor de radiación. «En Hiroshima», recuerda, «sólo se salvaron los pescadores porque consumían yodo en su dieta; el isótopo de yodo absorbe mucho la radiación». Miguel Ferrero vive en Tres Cantos pero construye bunkers y casas autosuficientes, habilitadas para «extraer agua de la atmósfera y eliminar residuos con ozono», que han encontrado sobrada demanda entre gente con ingresos altos. Y está preparando el suyo propio. Aun así, aclara que él no está preocupado en exceso. «No pienso que la amenaza nuclear esté cerca, es un juego en el que nadie gana y sería una destrucción insalvable», asegura. Pero en caso de que el sentido común falle con Putin o Trump, ha de tenerse en cuenta que los sótanos, las instalaciones bajo el mar y las cuevas, como en el paleolítico, pueden ser una solución.
Nadia Brzostowicz se sacó la carrera de Matemáticas y de Ingeniería Informática porque era lo que peor se le daba. En secundaria recibió un premio que le permitió trabajar en el CSIC. Inventó un levitador acústico que acabó en un proyecto que comprobaba cómo se comportan las células de los embriones. Es ella la que dice que lo de la comisaria es un «teatrillo para distraer a la gente de que no se ocupan de sus problemas reales».
Nadia es de origen polaco. Cuando el accidente de Chernobil, sus padres tuvieron que suministrarse yodo y, aunque asegura que esta experiencia no le influyó, en su espíritu inquieto sí la tiene presente. «Las centrales nucleares son muy seguras, pero no está de más tomar precauciones». Y puestos a tomarlas, la Unión Europea no ha sido muy escrupulosa, desde su punto de vista. «Todos los suplementos de yodo, normalmente están en microgramos y si hay un problema, tú necesitas miligramos. En España, el yodo no es de venta libre en las farmacias y, en cualquier caso, éstas no tienen el necesario. Recomendarlo da una falsa sensación de seguridad». Ella asegura haberlo comprado en EEUU por Internet. «Está muy bien enseñar las preposiciones en el cole, pero también la necesidad de este tipo de suplementos», dice esta joven que sucumbió al asunto de la supervivencia para sentirse autosuficiente.
En su mochila recomendada habría agua, por supuesto, una plaquita solar, una linterna, un botiquín con yodo, betadine, alcohol, analgésicos, antibiótico, un saco de dormir, una manta de aluminio (la suya es ignífuga), comida muy calórica, una multiherramienta y algo muy importante: un extracto de hongos negros y de betacarotenos. Los hongos porque «sobrevivieron a Chernobil y utilizaron la radiación para su fotosíntesis, contienen melanina» y los betacarotenos porque «si tomas medio kilo de zanahorias todos los días, no te quemas al sol». «Estoy trabajando en un elixir», que combine estos productos, «soy el paciente cero», revela. «Igual todo esto no te hace falta nunca», reconoce, «pero es posible que te haga falta una vez y esa es la importante».
Los expertos militares comentan que la exposición de la mochila no tiene nada que ver con el ámbito militar, en el que carece de utilidad, sino que se circunscribe al ámbito de la protección civil y la atribuyen a la necesidad política de las autoridades europeas de satisfacer la inquietud de los países geográficamente cercanos a Rusia. Cálculos políticos, entre otros, en medio de una situación de emergencia.

