"Los locos estos ya han convertido el Noviembre Nacional en Núcleo Nacional. Nada que ver con la realidad que aquí se vive". El diagnóstico se lo hace a Crónica el conde de Ripalda, Amalio de Marichalar y Sáenz de Tejada, excuñado de la infanta Elena de Borbón y asiduo al Rosario de Ferraz.
Hace un año, la esquina donde se cruzan las calles Ferraz y Marqués de Urquijo, en Madrid, era un hervidero. Miles y miles de personas de todas las edades —algunos con el rostro cubierto— se congregaban allí entre rezos y gritos, banderas y carreras. Noches en que se mezclaban ultras, familias, ancianos, jóvenes. En esas manifestaciones hubo figuras como el cantante de la Movida madrileña, Fabio McNamara, o el polémico ex presentador de Fox, Tucker Carlson. Era el final de octubre de 2023, y mientras el gobierno socialista negociaba con ERC y Junts un acuerdo de investidura —que incluía una amnistía para los implicados en el procés— las calles empezaron a arder. Madrid fue el epicentro de una serie de protestas que, tras la firma del acuerdo, se volvieron más intensas y radicales.
Así nació Noviembre Nacional, gestado en redes sociales y amplificado por Vox, que en fechas clave llamó a sus seguidores a ocupar la calle. El agitador Carlson no apareció solo en Ferraz: a su lado iban Santiago Abascal, Pepa Millán, Jacobo Robatto, Juan García-Gallardo...
Un año después, de ese movimiento sólo resisten 51 avemarías, seis padre nuestros y seis gloria pronunciados cada tarde a los pies de la parroquia del Inmaculado Corazón de María. Después del último amén «por la salvación de España» algunos de ellos —bajo el nombre Movimiento Resistencia Ferraz— toman los pasos de peatones, a apenas 20 metros de la sede central del Partido Socialista (PSOE).
"Este no es el momento de quedarse callados ni encerrados en el templo. Es el momento de la valentía, la perseverancia y el compromiso", declara José Andrés Calderón, el impulsor de la vigilia, al término de la que conmemora el primer aniversario de las plegarias.
Durante los rezos se observan mayoritariamente banderas rojigualdas y alguna con el Sagrado Corazón estampado. Pero en los días de multitud, el año pasado, convivían un sinfín de símbolos.
Banderas preconstitucionales, enseñas con lemas como «Viva la unidad de España» y otras con el escudo recortado, en un gesto de imitación a las protestas rumanas contra Nicolae Ceausescu en 1989 o la Revolución Húngara de 1956. También se podían encontrar cruces de Borgoña y un nuevo distintivo: dos N negras entrelazadas y coronadas por una cruz cristiana, símbolo de este nuevo movimiento. En él, convergían muchos de diferentes procedencias, desde la extrema derecha de Revuelta, Falange y Vanguardia Española hasta el Frente Obrero, defensor de una "lucha obrera antifascista", y la Comunión Tradicionalista Carlista, de añejo abolengo y seguidores del lema "Dios, Patria, rey".
Fruto de esas noches surgió meses después Núcleo Nacional. Un «movimiento patriota de sublevación civil», según su autodefinición, que buscaba ser una especie de refugio para la extrema derecha en tiempos revueltos. En ella se acabarían cobijando exmilitantes neonazis de Bastión Frontal (definida como "social patriota" y que, en 2021, había ganado fama tras organizar un escrache a Pablo Iglesias e Irene Montero), Hogar Social Madrid, Skin Moncloa, Democracia Nacional, Juventudes Canillejas y hasta de los Outlaw (una facción de Ultras Sur).
Con el movimiento muy debilitado, este grupo de estética paramilitar y a menudo encapuchados capitaneó la marcha de Plaza España a Ferraz que el pasado sábado congregó a cerca de 2.000 personas. Abundaron los saludos fascistas y se escucharon proclamas nazis como "Sieg Heil" o "Adolf Hitler tenía razón". Y al final de la noche, destrozos y altercados con los antidisturbios. Parte del movimiento de Noviembre Nacional les critica por violentos. Otros, por acaparar demasiado protagonismo. Y hay quienes les afean un "pangermanismo" innecesario y piden reivindicar antes el fascismo nacional.
"Queremos dejar claro que somos españoles, no nos creemos alemanes, tenemos la más grande historia de entre todas las naciones, no vamos a renegar jamás de ella y esos que hablan de pangermanismo y demás simplemente es incalificable", respondió Núcleo Nacional para atajar la peculiar polémica que retrata el estado actual de un movimiento inmerso en una guerra civil a 11 bandas. Encapuchados, paleros, cayetanos, socialistas, voxistas, rosaristas, carlistas, falangistas, franquistas... y más.
27.000 euros en daños y 84 detenidos
Lo del pasado sábado fue un reflejo lejano de unas manifestaciones que en 2023 tuvieron en vilo a la opinión pública durante más de un mes. Y que llegaron a reunir a hasta 8.000 personas frente a Ferraz en concentraciones que el Estado se tomó muy en serio: aún sin haber comunicado muchas veces a la Delegación del Gobierno la convocatoria, la propia Policía Nacional llegó a desplegar tres grupos de las Unidades de Intervención Policial (UIP) —unos 200 agentes antidisturbios—en un día.
Los altercados también se acabaron convirtiendo en la tónica habitual en la calle Ferraz. Lanzamiento de petardos y objetos caldearon el ambiente casi cada noche. El balance de la Delegación del Gobierno cifró en 84 detenidos (todos en libertad y muchos sin pasar a disposición judicial) y 367 sancionados en virtud de la ley mordaza. La mayoría, acusados de desobediencia y falta de respeto a la autoridad. Sólo Carlos San Frutos, líder de FACTA, está a espera de juicio. Piden para él 4 años de prisión.
Uno de los nombres de la lista de sancionados es el del propio Calderón, impulsor de las vigilias religiosas. Por distintas multas y a la espera de que lleguen más, la Delegación del Gobierno le pide el pago de 5.500 euros. «El Delegado del Gobierno tiene animadversión al Rosario. Estuvo buscando las fórmulas para que nos fuéramos al parque del Oeste. Una de las multas es que yo estaba cantando villancicos —cosa que está grabada— y me acusaron de liderar la protesta».
Los manifestantes eran conscientes de que las cargas policiales eran probables. En este contexto, la organización juvenil cercana a Vox, Revuelta, optó por tomar precauciones y recaudó a través de un crowdfunding más de 16.000 euros para cubrir sanciones por altercados o detenciones.
A 14 de noviembre de 2023, esta rebeldía contra el sistema —muchos de estos grupos se declaran enemigos del régimen del 78— y motivada por una idea que para ellos trasciende a todo (la unidad de España) ya había ocasionado en "el mobiliario urbano en la zona de Ferraz y sus aledaños" daños por un valor de 27.000 euros, según detalló el alcalde José Luis Martínez Almeida.
El último hit de Noviembre Nacional fue en diciembre, en esa Nochevieja en la que se encargaron de destrozar una piñata de Pedro Sánchez. El gesto fue denunciado por el PSOE, pero la demanda acabaría archivada dos meses después al no considerarse un delito de odio. El Juzgado de Instrucción Número 26, mediante la jueza Concepción Jerez, dictaminó que los golpes al muñeco —"varón unicejo, con orejas prominentes y nariz larga", como lo describió la magistrada— estaban amparados por la libertad de expresión y formaban parte del "juego democrático de crítica política".
POLITIZAR EL REZO
En 2024, apenas ha habido grandes movilizaciones. Los diferentes matices de los grupos provocaron pugnas internas en un movimiento desorganizado. Ya en los primeros días se produjeron disputas entre grupos partidarios de la vigilia y otros a los que no les convencía esta acción. "Por aquí pasaron constitucionalistas, falangistas, extremistas y algún socialista descontento...", afirma Víctor, con su boina roja requeté, tras concluir el rezo el pasado martes 12. Más de una decena de familias ideológicas llegaron a ser partícipes.
Él es uno de los que siguen acudiendo al Rosario que reúne, según Calderón, a la «España real católica». Tras 379 días —en los que algunos no se han ido de vacaciones para no faltar a la cita espiritual— ya se conocen todos.
"Somos gente normal, cada uno pensamos de una manera. Pero todos tenemos un respeto máximo a la Constitución y al Estado de Derecho", señala Marichalar a Crónica.
Al Rosario acuden rostros tan distintos como los rosarios que portan. Algunos viven a la vuelta de la esquina, otros pasan más de una hora en transporte público para llegar desde pueblos de las afueras. "Venir aquí significa frenar tu vida a las seis o seis y media y volver a casa a las diez de la noche", explica Ana Pedrosa, que no falta ni al rezo ni a las protestas. "Dejas de trabajar, de estar con la familia, con amigos, el ocio y, a veces, hasta de descansar. Pero la patria y nuestro deber nos lo exigen, nos lo pide la conciencia".
Tras el rezo a las ocho, el ambiente cambia. La calma devota da paso a una especie de protesta coreográfica: en pequeños grupos, cruzan los pasos de peatones sin cesar, portando banderas, saludando a los coches y hasta riéndose entre ellos. No es la manifestación multitudinaria y severa de hace un año; hoy tiene algo de sátira, como si la misma rutina lo hubiera convertido en una travesura cotidiana.
"El Rosario no tiene que ver con lo posterior, sólo los malintencionados querrán hacer creer que esto es un Rosario político", aclara Calderón.
Para Amalio de Marichalar, uno de los habituales, esta persistencia es una cuestión de convicción de que algo está en juego: "Estamos seguros de que el Gobierno quiere dividirnos a los que estamos aquí en el Rosario. Hay gente que aparece con símbolos franquistas, y creemos que es mandado por ellos, para deshacernos", sostiene.
Alguno de los asistentes ha expandido las fronteras de su protesta. Lucho, un jubilado que acude a esta cita todos los días desde Aranda de Duero, recorrió en coche más de 370 kilómetros para increpar al Gobierno. "¡Pedro Sánchez! ¡Por siete votos tienes el culo roto!", le espetó al presidente en el Hospital Universitario Central de Oviedo. "Es como una insignia", dice Jùlia, una manifestante rusa a la que conocen como La de la mediana por su lugar estratégico en las protestas.
Aunque algunos creen que los hombres de estética marcial de Núcleo Nacional quieren apropiarse del movimiento, un año después el único rostro que todos los días sigue apareciendo en Ferraz es el de los rosaristas. A las puertas del santuario mariano —cuya cruz, según la tradición, custodia el recuerdo de la aparición de la Virgen al misionero Claret— sólo quedan los que creen que este relato no va de banderas ni de consignas, sino de redención.
"Un milagro de la Virgen es que, después de un año, cada día seguimos aquí", explica convencido Calderón a este suplemento, convencido de que su razón "recae en la Cruz" y que su misión, junto a los suyos, es "hacer apostolado" sin descanso.
"España es un bien moral que hay que defender, pero no es una cuestión territorial. Es tan inseparable de la cruz y de la tradición católica, que todos sus males derivan de la descristanizacióny hace que todo se tambalee", explica.
Saben, admite Calderón, que "no será eterno". Seguirán "sin miedo a nada ni a nadie" librando "ni la batalla más fácil ni la mejor vista, pero sí la que es más necesaria". Aunque pocos la lucharán a su lado, y con otros no querrán lucharla.





