Belém se presenta al mundo como puerta de entrada a la Amazonía. Uno imagina rápidamente frondosidad verde, árboles, agua, naturaleza limpia... La realidad desbarata la imagen. Lo idílico lo borra una ciudad donde es un problema el tratamiento de las más de mil toneladas de basura que se generan a diario, y donde hay inseguridad y desigualdad. La capital del estado de Pará la habitan, según datos oficiales del gobierno brasileño, 1,3 millones de personas, de las que más de la mitad -el 55,8%, según de 2022 del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)- vive en favelas. Aquí se celebra la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas (COP30) en un momento crucial para el devenir del planeta, pues el calentamiento global avanza sin que los propósitos de los países tenga traducción positiva.
Cincuenta y siete líderes mundiales y delegaciones de unos 143 países visitan este enclave, capital de Brasil por decreto estos días, con el propósito de que las palabras se traduzcan en hechos. "La COP de la verdad", la ha bautizado Lula da Silva, presidente de Brasil y anfitrión. "Ya no es tiempo de negociaciones. Es tiempo de implementación, implementación e implementación", empujó António Guterres, secretario general de Naciones Unidas. "No se puede negociar con la física. Podemos optar por liderar o ser conducidos a la ruina. Elijan hacer de Belém un punto de inflexión", añadió, censurando la "falta de coraje político" de los líderes mundiales, muchos de ellos, dijo, "cautivos" de los "intereses" de "corporaciones que están obteniendo ganancias récord por la devastación climática".
Cita tras cita el reloj avanza y, tal y como consensúan los expertos, el tiempo se acaba, frente a posiciones negacionistas del cambio climático que han ido ganando representatividad y altavoz en los últimos años y que oponen una visión contraria a acometer acciones e invertir miles de millones en ello. La "ventana de oportunidades" para salvar el plante "se cierra rápidamente", avisó Lula. Un dato revelador: las ausencias de los máximos dirigentes de los países más contaminantes del mundo. No asisten ni Xi Jinping (China) ni Donald Trump (EEUU). La diferencia es que el primero envía a su primer ministro, Li Qiang, mientras que el mandatario estadounidense no envía a ninguna delegación. El análisis que hacen algunas delegaciones es que precisamente su ausencia permitirá un verdadero debate multilateral.
Trump, sin estar presente, es uno de los grandes protagonistas. Su cuestionamiento al multilateralismo y a la realidad del cambio climático recibieron contestación por parte de los líderes que se desplazaron a Belém. "Fuerzas extremistas fabrican falsedades para obtener ganancias electorales y aprisionar a las generaciones futuras a un modelo obsoleto que perpetúa disparidades sociales y económicas, y la degradación ambiental", expuso Lula, sin mención expresa a ningún líder, pero con un mensaje claro.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, enfrentado de manera directa y personal con el presidente de EEUU, sí se refirió a su persona, censurando su negacionismo: "El señor Trump está equivocado, la ciencia alumbra el colapso si Estados Unidos no se mueve hacia la descarbonización de su propia economía", dijo, para añadir que una de las causas de que el mundo se acerque al "colapso climático" es que el mandatario estadounidense "tenga una conducta él, personal, de negación de la ciencia y lleve a su sociedad con los ojos cerrados al abismo y con ella a la humanidad". El chileno Gabriel Boric incidió en ese mensaje de alerta contra los negacionistas: "Son tiempos en que surgen voces que deciden ignorar o negar la evidencia científica sobre la crisis climática. Sin ir mas lejos, el presidente de los Estados Unidos en la ultima Asamblea General de la ONU dijo que la crisis climática no existe, y eso es mentira".
"Lamentablemente, observamos enfoques políticos y comportamientos humanos que van en la dirección contraria, caracterizados por un egoísmo colectivo, el desdén hacia los demás y la miopía", fue el mensaje que trasladó a la cumbre el Papa León XIV, a través de un mensaje leído por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, presente en la cumbre en Brasil.
Financiación climática
Pero en el llamado pulmón del mundo, el Amazonas, además de plantear el mensaje de que hay que actuar, que se acaba el tiempo de descuento, se habla de dinero. De financiación climática. Cómo se obtienen recursos para hacer frente a la transición ecológica, de dónde se sacan y a qué y quiénes se destina. Porque existe el temor a que la frustración, las promesas y proclamas queden en nada ante la falta de recursos para llevarlas a cabo. Todo ello en un contexto en el que algunos países están recortando o eliminando aportaciones.
La hoja de ruta que se ha trazado es alcanzar 1,3 billones de dólares anuales de financiación climática para los países en desarrollo hasta 2035, y en la que las naciones desarrolladas deben demostrar compromiso y liderazgo. En la última cumbre climática, celebrada en Bakú, el compromiso se había fijado en 300.000 millones anuales. Para lograrlo, el planteamiento que se hace pasa por gravar la moda de lujo, la tecnología o, incluso, los productos militares, precisamente en un contexto geopolítico donde, de manera generalizada, se está demandando un mayor gasto militar. Ese dinero está destinado a la lucha contra el cambio climático y, sobre todo, para dar liquidez a los países en vías de desarrollo, que no cuentan con músculo financiero suficiente y que siguen teniendo una gran dependencia de los combustibles fósiles.
"Necesitamos actuar, y el momento es ahora. Los compromisos climáticos para 2030 y 2035 nos ofrecen una oportunidad única de transformar promesas en desarrollo real y sostenible: proteger el planeta, generar empleos, fortalecer comunidades y garantizar prosperidad para todos", declaró Mukhtar Babayev, presidente de la COP29 celebrada en Bakú.
"La ciencia es clara"
"Los recursos existen. La ciencia es clara. El imperativo moral es innegable. Lo que falta es determinación: hacer de esta la década en la que la ambición se convierte en acción y la respuesta de la humanidad finalmente corresponde a la magnitud de su responsabilidad", concluye el informe elaborado por las presidencias de la COP29 de Azerbaiyán y de la COP30 de Brasil para avanzar hacia una nueva meta de financiamiento debe catalizar la siguiente etapa en la implementación de los compromisos asumidos y que recoge ese compromiso plan estratégico para movilizar al menos 1,3 billones de dólares por año en financiamiento climático para los países en desarrollo hasta 2035.
La economía es uno de los asuntos centrales de esta cumbre y para los líderes más implicados en la lucha contra el cambio climático, lejos de ser el problema, es la solución. "Para Alemania la decisión es clara: apostamos por la innovación y la tecnología para detener exitosamente el cambio climático. Nuestra economía no es el problema, nuestra economía es la clave para proteger mejor al clima", fue la reflexión que trasladó el canciller alemán, Friedrich Merz. "Hoy, mientras otros se baten en retirada, quiero reafirmar el compromiso de España con el multilateralismo climático, con nuevas contribuciones", expuso Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, que anunció que nuestro país aportará 45 millones de euros entre el Fondo de Adaptación, el Fondo de Respuesta ante pérdidas y daños y la Facilidad de Financiación para Observaciones Sistemáticas de la Organización Meteorológica Mundial.
Este aspecto de la financiación es vital, como recobrar la confianza en que haya dinero para afrontar el reto del cambio climático en un contexto de frustración por los retrasos y la falta de transparencia en la entrega de los fondos prometidos. Un estudio realizado por la consultora Ipsos, llamado 'Actitudes sobre la COP30', constata ese peligro: ocho de cada diez españoles no creen que saldrán medidas "efectivas" contra el cambio climático de COP30 y seis de cada diez (63%) piensan que el evento es "simbólico". Los españoles son los terceros más escépticos sobre la COP30 después de Francia (73%) e Italia (64%).
Y mientras los líderes discuten, en la otra punta de la ciudad de Belém el vertedero de Marituba está al borde de su capacidad. Una montaña de residuos que, según las crónicas de los medios, alcanza los 40 metros, y que sigue funcionando gracias a las prórrogas que va concediendo la Justicia. La última vence el 31 de diciembre.



