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En el cráter del volcán de La Palma: "El repunte sísmico de estos días es un proceso normal"

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Acompañamos al geólogo Stavros Meletlidis, responsable del equipo que sigue vigilando el volcán de La Palma, al cráter de Cumbre Vieja: "Hay que intentar recuperar el entorno, protegerlo y rehacer la vida"

Repunte sísmico del volcán Cumbre Vieja de La Palma 6 meses después de su erupciónFOTO Y VÍDEO: ALFREDO MERINO

A las 19:21 horas del pasado 24 de marzo, los datos de los monitores del Centro de Atención y Vigilancia de la Erupción, del Instituto Geográfico Nacional, IGN, en Tajuya, llamaron la atención de Stavros Meletlidis. Los sensores sísmicos señalaban un terremoto de magnitud 2,9 a una profundidad de 28 kilómetros bajo Fuencaliente. Aún siendo baja, superaba la media de los registrados las últimas jornadas.

Una hora más tarde se produjo un nuevo temblor notable, esta vez de magnitud 3,0, a 8 kilómetros de profundidad bajo Villa del Mazo. Los teletipos, medios de comunicación y redes sociales no tardaron en dispararse con idéntica vehemencia con la que, seis meses atrás, el volcán de Cumbre Vieja entró en erupción. Durante los últimos días la actividad sísmica ha continuado incesante, con 75 temblores registrados en 48 horas.

"El repunte que hemos tenido es el tipo de enjambre sísmico que siempre sucede en las áreas de actividad volcánica, antes, durante y después del periodo eruptivo, sin que esto signifique que vayan a iniciarse nuevas erupciones", tranquiliza Meletlidis, investigador que está al frente de la red de alerta que vigila el volcán de Cumbre Vieja.

"Estos seísmos se producen porque el sistema que sustenta el edificio volcánico ha perdido su estabilidad. Una de las causas que los provocan son la liberación de fluidos hidrotermales y los movimientos magmáticos en profundidad, producidos por el enfriamiento del magma. No significan, sin embargo, cambios en la superficie terrestre. Son algo normal y esperable cuando hemos tenido una erupción durante tres meses", explica el vulcanólogo.

Stavros Meletlidis se ha convertido en uno de los personajes más populares del país. Geólogo nacido en Salónica, Grecia, hace 54 años y residente en Canarias desde hace más de dos décadas, ha sido una de las caras con las que la Ciencia ha explicado la evolución del volcán. Los palmeros le paran por la calle en busca de respuestas y su cara, su voz y sus explicaciones se han hecho cotidianas en los medios de comunicación.

Stavros Meletlidis recoge cenizas en el cono volcánico.
Stavros Meletlidis recoge cenizas en el cono volcánico.ALFREDO MERINO

Cumplidos seis meses desde el inicio de la erupción, Meletlidis ha autorizado a EL MUNDO a acompañarle en una de sus visitas de vigilancia hasta el cono del volcán de Cumbre Vieja. Pertrechados de mascarillas para protegernos de los gases y a bordo de un vehículo del IGN, nos dirigimos a las alturas.

Las ruedas del todoterreno se hunden en la ceniza que cubre una larga pista forestal. Cruzamos un paisaje lunar, con los perfiles difuminados por una capa de ceniza de muchos metros de altura. Gris oscuro, en algunas zonas negro, la única nota de color del inquietante escenario es el pardo quemado de los pinos canarios, ahora postes desnudos, ramas retorcidas, cabelleras de hojas secas, los restos de un bosque excepcional arrasado por la furia del volcán.

El todoterreno no puede seguir. Las cenizas se han tragado la pista. Continuamos a pie hasta la cota nada desdeñable de 1.949 metros, la altura que ha alcanzado el volcán. Stavros nos señala: "Ahí está". A menos de 300 metros se eleva el monstruo. Montaña maciza y de perfiles suavizados por las acumulaciones de ceniza, sus laderas están cubiertas de manchurrones amarillos de azufre. De muchos puntos surgen penachos de gases tóxicos y el terreno aparece salpicado de bombas volcánicas y trozos de materiales piroplásticos, algunos de más de un metro de diámetro.

El lado norte del cono volcánico ha reventado y de su interior brota un río petrificado de lava que desciende por la ladera. Mucho más abajo, las coladas son una mancha pérfida que ha borrado la mitad de los edificios, las huertas, las plataneras y el arbolado de un paisaje que antes era bucólico.

Meses de sismicidades

Mientras toma muestras de la ladera, Stavros señala una potente fumarola. "Es normal que continúen las emanaciones. Estamos en la fase post eruptiva. Ahora no hay productos magmáticos en superficie como en la fase eruptiva, pero continúa una actividad remanente de fumarolas y sismicidad". A pocos metros, las densas columnas que salen del volcán son banderas de gases que agita el viento y los dirige hacia nosotros. Nos colocamos las máscaras por precaución. "Estas emanaciones nos van a acompañar unos meses y la sismicidad durará años, hasta que el sistema alcance el equilibrio", refiere este vulcanólogo.

"Estamos en una fase en la que los peligros siguen existiendo, no son los mismos que durante la erupción; no tenemos la lava, ni tampoco las cenizas, pero la superficie continúa con altas temperaturas, persisten las emanaciones de gases tóxicos y alrededor del volcán y las coladas de lava siguen siendo inestables", explica mientras recorre el borde de una arista de ceniza sobre la que cuesta caminar.

Meletlidis, cerca del cono volcánico.
Meletlidis, cerca del cono volcánico.ALFREDO MERINO

"Los seísmos que se están produciendo estos días no son un indicio suficiente para predecir lo que va a pasar. No tenemos datos suficientes que nos lo indiquen", reconoce honesto el investigador. "Vigilamos la actividad sísmica las 24 horas del día, todos los días del año. Vamos a seguir de manera fija en la isla y, según disminuya la actividad, se cambiará a visitas periódicas, sin que nunca cese la vigilancia y el monitoreo sísmico. La gente debe estar tranquila y confiar en los expertos. Es lógico que, cuando se ha padecido todo lo que han sufrido los palmeros, muchos estén desesperados y continúen alarmados, por si se repiten las cosas, pero hay que mantener la calma".

Acabados el muestreo y la vigilancia, nos retiramos del volcán. En el regreso nos cruzamos con una cuadrilla de operarios. Trabajan para abrir el camino a un futuro mirador que, cuando todo se aplaque, permitirá acercarse para ver al volcán cara a cara. "Las personas tienen que recuperar lo que es suyo y este volcán lo es. Tienen derecho a conocerlo y a disfrutarlo", subraya.

Melitlidis mira de nuevo al volcán y concluye con la única receta posible: "Hay que aprender a vivir no solo con este volcán, sino con todos los que hay en las Canarias. Va a estar aquí los próximos millones de años. Independientemente de la destrucción que ha generado, tenemos que aprender a quererlo, porque sin estos volcanes no existirían las islas. Hay que intentar recuperar el entorno, protegerlo y rehacer la vida".

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