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Cuando, a finales de diciembre en su balance de 2025, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, aseguró que en enero pasarían cosas, difícilmente alguien podría haber imaginado la intensidad política de las cuatro primeras semanas del año en Cataluña.
Al acuerdo del PSOE y el PSC con ERC para reformar el modelo de financiación autonómica y a la constitución de la empresa Rodalies de Catalunya, otro paso clave pactado con los republicanos para avanzar en el traspaso del servicio de cercanías, le ha seguido una segunda mitad de mes marcada por la imprevisibilidad de la hospitalización del jefe del Govern, todavía sin fecha prevista para el alta, y el accidente de un tren en Gelida (Barcelona), con un maquinista en prácticas muerto y 37 heridos, que ha desencadenado uno de los peores episodios recientes de caos de movilidad en la región.
Estos dos últimos factores han influido en la hoja de ruta del Ejecutivo socialista, que esperaba haber allanado el terreno hacia la aprobación de los Presupuestos autonómicos, de nuevo en punto muerto.
Tanto Esquerra como Comuns, los dos socios de investidura del PSC, enfriaron ayer cualquier paso en esa dirección. Especialmente gráfica fue la líder de los segundos, Jéssica Albiach, en una entrevista en TV3: «La negociación está más verde que una lechuga». Y en idéntico sentido se expresó el portavoz republicano, Isaac Albert: «No sumaremos nuevos acuerdos sobre acuerdos importantes y estructurales que no se han cumplido».
La crisis en el sistema ferroviario ha obligado al Govern a emplearse a fondo en este asunto durante la última semana y la que pretendía ser una de las patas del pacto con ERC mejor engrasadas, la del traspaso de Rodalies, se ha visto alterada bruscamente con la necesidad de anunciar nuevas partidas económicas para el mantenimiento de las infraestructuras, destituciones de altos cargos de Renfe y Adif y peticiones de dimisión a los dos máximos responsables de la transferencia competencial: el ministro Óscar Puente y la consejera Sílvia Paneque.
Salvador Illa en el Vall d'Hebron
Esta crisis ha cogido con el pie cambiado a la Generalitat al producirse justo después del repentino ingreso de Illa en el Hospital Vall d'Hebron debido a una osteomielitis de la sínfisis púbica, una enfermedad infecciosa «muy poco frecuente», según detalló el diagnóstico del equipo médico. Hoy se cumplen 13 días desde que el president tuvo que ser trasladado al centro sanitario barcelonés por un cuadro de «dolor agudo y déficit motor en determinados músculos de las piernas». Las tres primeras jornadas, el líder del PSC estuvo bajo vigilancia intensiva.
Fuentes de Presidencia aseguran que el jefe del Gobierno catalán «evoluciona favorablemente compaginando el tratamiento antibiótico con la terapia de rehabilitación». Pese a que ha preferido desaparecer por completo de la escena pública, desde el Ejecutivo aseveran que Illa se ha mantenido pendiente de la acción de gobierno durante estos días, «en contacto permanente» con el consejero de la Presidencia, Albert Dalmau, quien ha asumido el timón del Gabinete socialista de forma provisional.
Illa, que fue trasladado a una planta convencional el martes de la semana pasada, únicamente ha recibido dos vistas institucionales para garantizar «el proceso de reposo», la del presidente del Parlament, Josep Rull (Junts), y la del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni (PSC). Las mismas fuentes informan de que aún no hay una fecha prevista para recibir al alta hospitalaria, un plazo que inicialmente se dijo que rondaría las dos semanas. Quedará pendiente, además, conocer las indicaciones médicas de cara a la recuperación de su agenda política.

