Salvador Illa sigue proyectándose como un fiel seguidor de Pedro Sánchez, pero por primera vez ayer quiso marcar una frontera entre el PSOE y el PSC para salvaguardarse de los casos de corrupción y acoso sexual que minan al partido del Gobierno de España. El objetivo, poder agotar la legislatura catalana aunque el presidente del Gobierno caiga.
«El PSC y el PSOE son partidos diferentes. No habrá afectaciones en los casos de corrupción y acoso. No salpicará al Govern de Cataluña», manifestó el socialista en una inédita consideración hasta el momento nunca realizada. Con todo, Illa sostuvo que la respuesta del presidente a los casos de corrupción y acoso de su partido ha sido «rápida, contundente y ejemplar».
Levantado el cortafuegos, el primer secretario de los socialistas catalanes regresó a la habitual defensa cerrada de Sánchez al considerar que «el Gobierno de España funciona muy bien, porque es el mejor en 15 años y es el mejor para Cataluña, que va camino de la normalización».
Illa reconoció, no obstante, que el resultado electoral en Extremadura «no ha sido bueno para el PSOE» y que, por ello «ha dimitido su secretario general» en la región, Miguel Ángel Gallardo, y «ha abierto un proceso para renovar el liderazgo».
Apresuradamente, el president pasó al ataque al PP, a quien afeó no haber conseguido alcanzar la mayoría absoluta para poder aprobar los Presupuestos sin depender de Vox. «No querían Vox, pues ahora dos tazas de Vox», espetó el socialista. «El tacticismo no da buenos frutos», apostilló.
En clave interna, el presidente de la Generalitat se niega a asumir públicamente que podría no contar con Presupuestos por segundo año consecutivo. El mensaje oficial es que el Govern «se dejará la piel» para intentar aprobar las cuentas con el apoyo de unos socios -ERC y los comunes- «tremendamente exigentes, que nos hacen sudar».
Pero la realidad se impone, y el Govern tuvo que prorrogar ayer las cuentas de 2023, aprobadas por el Ejecutivo de ERC que lideraba Pere Aragonès. Es una prórroga técnica para cubrir los gastos corrientes hasta que se produzca la prórroga definitiva o hasta que se aprueben unos nuevos Presupuestos para 2026.
Dicha aprobación dependerá de que el Gobierno consiga saciar a ERC con una «financiación singular» a medida de Cataluña. Illa aseguró ayer que el objetivo es cerrar esa suerte de cupo catalán en los primeros meses del próximo año y que, incluso, podríamos tener noticias al respecto en enero. La debilidad del Gobierno hace temblar al jefe de filas del PSC, porque de la continuidad de Sánchez depende la concesión de un privilegio fiscal par la autonomía catalana y, por ende, el cumplimiento del principal requisito que puso ERC para investirlo como president y que ahora quiere ver cumplido para sentarse a negociar las cuentas de la Generalitat. De lo contrario, jamás lo hará, ha subrayado en diversas ocasiones el presidente de los republicanos, Oriol Junqueras.
En cualquier caso, un desenlace insatisfactorio del pacto de financiación con ERC no haría variar la hoja de ruta del líder de los socialistas catalanes, quien, emulando a Sánchez, no se plantea otra opción que agotar la legislatura, con o sin Presupuestos. Ayer remarcó que esa es su intención, a pesar de que inició el mandato fijando la aprobación en tiempo y forma de unas cuentas públicas actualizadas como la máxima «prioridad» de su Ejecutivo.
Lo hizo después de Aragonès convocara las elecciones anticipadas -que después perdió- precisamente por su incapacidad de aprobar Presupuestos y para reivindicarse como un gestor de garantías respecto a sus predecesores, los impulsores de la década perdida del procés.

