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"Caballo de Troya", "invento del CNI" o "instrumento de España para intentar dinamitar el independentismo". Las teorías que atribuyen la irrupción de Aliança Catalana (AC) y sus altas expectativas electorales a la mano invisible del Estado no son únicamente conspiraciones que circulan a través de las redes sociales. Son insinuaciones o incluso afirmaciones públicas en boca de algunos de los principales dirigentes secesionistas.
"Hay una operación encuesta contra Junts", declaró el vicepresidente y portavoz de este partido, Josep Rius, tras conocer los resultados del barómetro que el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat publicó este lunes. El vertiginoso ascenso de AC que proyecta el CIS catalán, de sus dos actuales escaños hasta 19-20 y empatando con JxCat como tercera fuerza del Parlament, han rebrotado las tesis conspirativas sobre maniobras del Centro Nacional de Inteligencia para cambiar el rumbo de la política catalana. Un argumentario empleado en su día con la CUP, como actor disonante del procés, o con el atentado yihadista del 17 de agosto de 2017 en La Rambla de Barcelona, a un mes y medio del referéndum del 1-O.
Con solo dos parlamentarios y una decena de concejales, el partido liderado por Sílvia Orriols ha sacudido el tapete de la política catalana en el último año y condiciona a diario el posicionamiento ideológico de Junts, ubicado cada vez más a la derecha, y ahora también el de Esquerra Republicana, que en su discurso ya incorpora cuestiones como la seguridad, la okupación de viviendas o "los retos de la inmigración" a los que aludió recientemente su portavoz en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián. Y las consecuencias de esta irradiación han llegado hasta la política nacional. "¿Es posible hacer caer al Gobierno de Madrid desde Ripoll? Yo creo que sí", expresó Orriols, alcaldesa de este municipio gerundense de menos de 11.000 habitantes, un día antes de que Carles Puigdemont anunciase desde Bruselas que daba por roto el acuerdo de investidura de Junts con el PSOE firmado hace dos años.
El presidente de ERC, Oriol Junqueras, insinuó hace diez días, en un acto de las juventudes de su formación, que "si los servicios secretos españoles tuvieran que inventar alguna cosa contra Cataluña, sería Aliança". El líder de los republicanos tildó de colaboracionista al esforzado entorno que AC tiene en las redes y trazó un paralelismo con "los quintacolumnistas que abrieron las puertas de Cataluña al franquismo en 1939". Y, este mismo sábado, insistió en señalar que "quienes han venido para dividir la sociedad catalana hacen el juego a los intereses más oscuros del Estado español".
La acusación de Junqueras no era nueva en Esquerra. "Aliança Catalana es una victoria del españolismo y Orriols es una victoria del CNI", había dicho ya antes Rufián en los micrófonos de Rac1. El jefe de filas de ERC en el Congreso matizó después que no insinuaba que la agencia de inteligencia estuviera detrás del partido independentista de extrema derecha, pero que el nacionalismo español obtenía rédito de que la estelada estuviese "vinculada por primera vez al fascismo y la xenofobia".
Otra voz de los republicanos en la Cámara Baja, la del periodista y diputado Francesc-Marc Álvaro, se ha referido también en los últimos días a AC como "caballo de Troya del españolismo" y ha dicho que es "un partido anticatalanista" porque apela a "una Cataluña pura y excluyente" que se aparta del "catalanismo tradicional".
En la misma línea, el secretario general de la CUP, Non Casadevall, sostuvo en septiembre que Aliança Catalana "es un instrumento de España para intentar dinamitar el independentismo, como lo fue en su día Ciudadanos". Una acusación que, años atrás, llegó a sufrir en sus carnes la misma CUP. Su papel en los años del procés, con vetos a las investiduras de Artur Mas o Jordi Turull, soliviantaron a sectores independentistas que insinuaron que el CNI se había infiltrado en sus filas para torpedear la hoja de ruta soberanista.
En la Escuela de verano de los anticapitalistas, Casadevall manifestó que AC "no es independentista y se limita a hablar de inmigración", ya que las proclamas en contra del islam o a favor de la deportación de extranjeros centran la mayor parte de la actividad parlamentaria del partido de Orriols. La coincidencia con Vox en este apartado es prácticamente total, aunque la cuestión lingüística bifurque finalmente el voto. Muchas de las enmiendas que Aliança presenta en el Parlament a las mociones de la formación que en Cataluña lidera Ignacio Garriga son, únicamente, para traducir el texto al catalán o, como mucho, cambiar "España" por "Cataluña" o "los españoles" por "los catalanes".
La CUP atribuyó ayer el empate a escaños de AC y JxCat a que el partido de Puigdemont "ha flirteado con posiciones xenófobas y racistas". Aun así, los antisistema acusaron al Govern del PSC, y concretamente al president Salvador Illa, de "dar protagonismo a la extrema derecha independentista" para debilitar a los neoconvergentes.
Miterrand y Le Pen
Hasta ahora, Junts, el partido que más padece la competencia de Aliança en todas las prospecciones electorales [perdería 15-16 escaños según la encuesta del CEO], ha preferido hablar de campañas mediáticas orquestadas desde Madrid para restarle fuerza aupando a Orriols. Una estrategia que JxCat identifica con la del ex presidente socialista de la República Francesa François Miterrand cuando, en los años ochenta, dio alas al Frente Nacional del extremista Jean-Marie Le Pen para cerrar el paso a la derecha tradicional. Aun así, aunque "como opinión personal", su diputado Isaac Padrós dijo en marzo, en una entrevista en el podcast The Spin Cast, que "las casualidades no existen" al hablar de "por qué Aliança surgió en Ripoll" y "la relación del imán Abdelbaki Es Satty (cerebro del 17-A) con el Gobierno y el CNI". Y es que Junts ha utilizado varias veces el vínculo del fallecido líder de la célula yihadista con los servicios secretos para sembrar dudas sobre el atentado de 2017 como una operación de bandera falsa para desbaratar el referéndum del 1-O.
Las insinuaciones de Junqueras sobre el germen de AC y la reciente encuesta del ente demoscópico catalán han insuflado nuevamente el debate, en las redes sociales, en torno al partido cofundado por Orriols en 2020. Por un lado, la propia alcaldesa y diputada mostró su viejo carné de militante de las juventudes de ERC y, en el otro bando, han reaparecido teorías como la de un supuesto proyecto de think tank contrario a la independencia que se iba a denominar Aliança Catalana Unionistes y tenía el mismo logotipo que AC. Eso sí, en lugar de azul, con los colores de las banderas española y catalana.
Otro de los frecuentemente señalados es Jordi Aragonès, secretario de estudios y programas del partido y uno de sus principales ideólogos. Los motivos son su pasado como militante de Unió Democràtica de Catalunya, la fuerza democristiana socia de Convergència en la extinta federación CiU, y su parentesco familiar. Este historiador es primo del ex presidente de la Generalitat Pere Aragonès (ERC) y ambos son nietos del fallecido Josep Aragonès, empresario y alcalde de Pineda de Mar (Barcelona) durante dos décadas. La primera en el tardofranquismo y la segunda en democracia con Alianza Popular, a la que se integró con su partido Reforma Democrática de Cataluña. Aragonès es también uno de los principales tejedores de las relaciones de Aliança con partidos de extrema derecha de otros países, como Alternativa para Alemania (AfD).



