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ERC se amolda al signo de los tiempos y vira su discurso en materias como la seguridad o la vivienda. Los republicanos, empujados por los sondeos que detectan la cada vez mayor aceptación de los mensajes de Aliança Catalana (AC) entre el electorado independentista, han iniciado una estrategia en que cada vez serán más habituales las referencias a favor de un mayor castigo a la delincuencia multirreincidente y de medidas de protección a los pequeños propietarios ante los impagos en las rentas. "Hay una voluntad de reajustar el discurso a la realidad y ofrecer una alternativa de izquierdas a los problemas de inseguridad", apuntan fuentes de la dirección.
La reunión de la ejecutiva tras el regreso de las vacaciones tuvo sobre la mesa, el pasado lunes, carpetas tan fundamentales como la financiación singular para Cataluña pactada con el PSOE o el seguimiento del traspaso de Rodalies a la Generalitat. Pero también hubo espacio para dos asuntos que tendrán una importancia capital de cara a las elecciones municipales de mayo de 2027, cuya maquinaria preparativa ya se ha puesto en marcha. "Es necesario dar una respuesta a los problemas que muchos alcaldes del partido tienen enfrente a diario", señalan las mismas fuentes.
De este modo, Esquerra salta a la arena de dos debates, el de la seguridad y la propiedad privada, que en el espacio soberanista eran hasta la fecha patrimonio de la derecha. La irrupción del partido de la alcaldesa de Ripoll (Girona), Sílvia Orriols, ya forzó a Junts per Catalunya hace un año a endurecer sus postulados sobre migración u okupación.
Fue el propio presidente de ERC, Oriol Junqueras, quien dio el pistoletazo de salida a la nueva estrategia del partido, que busca equilibrar el discurso más izquierdista de Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados. "Ante un delincuente multirreincidente, la Justicia debe ser mucho más rápida", expresó el ex vicepresidente de la Generalitat en su comparecencia ante los medios de comunicación tras la reunión de la cúpula. "Estamos dispuestos a ponernos al lado del Gobierno español para ello, pero tienen que querer hacerlo", apuntó.
Por ello, Junqueras se dirigió tanto a los jueces -"el marco legal los habilita para tomar decisiones"- como al Ejecutivo de Pedro Sánchez: "También le corresponde resolver las cuestiones en tiempo y forma adecuados para evitar la repetición de determinados delitos".
De igual modo, el líder republicano se metió en harina en el terreno de la vivienda. Como en otras ocasiones, habló de la necesidad urgente de "planes de rehabilitación para poner pisos vacíos al servicio de la sociedad", pero introdujo la defensa de los arrendadores en el eje programático de su formación. "Las Administraciones deberían garantizar el cobro de los alquileres a los pequeños propietarios que tienen uno o dos pisos", dijo. En esta línea, Junqueras se puso al lado de "quienes quizás han ahorrado toda su vida para comprar una vivienda y complementar su pensión". "No deben sufrir por el cobro de la renta", proclamó el presidente de ERC.
Y es que la sala de máquinas republicana permanece ojo avizor a la demoscopia para elaborar una hoja de ruta con la que detener el progresivo descenso de apoyos que el partido ha experimentado desde 2021, cuando el empate a escaños con el PSC [primera fuerza en votos] en las autonómicas de ese año le permitió acceder a la presidencia de la Generalitat en coalición con Junts. Desde entonces, la caída ha sido incesante en todas las contiendas electorales.
El primer toque de atención llegó en las municipales de hace dos años. Esquerra, que venía de ser el partido más votado en 2019, se dejó más de 300.000 votos y perdió, en beneficio de los socialistas, Alcaldías como las de Lleida o Tarragona. Significativo fue, además, el batacazo en Barcelona, donde pasó de ser primera lista a cuarta.
Dos meses después, otro baño de realidad: la candidatura liderada por Rufián en las generales obtuvo 410.000 papeletas menos que en 2019 y perdió casi la mitad de sus escaños (de 13 a 7).
En las catalanas de mayo de 2024, una caída superior a 170.000 votos dejó a ERC con solo 20 diputados de los 33 que tenía. Y, solo un mes después, el ciclo desembocó en otra oscura noche electoral, la de las europeas del 9-J, cuando ERC reunió 373.000 apoyos menos que en la anterior cita.
Auge de Aliança Catalana
En este contexto, dos factores preocupan sobremanera a los republicanos: el estancamiento de sus opciones que muestran todas las encuestas y el auge de Aliança Catalana, que estaría en condiciones de multiplicar por seis o más su actual representación en el Parlament (dos escaños). Pero el temor ante el partido independentista de extrema derecha no se circunscribe únicamente a su posición en la Cámara autonómica. En 2023, AC era una fuerza solo arraigada en Ripoll, un municipio de menos de 11.000 habitantes. Además de la victoria en las elecciones en esa localidad (con un 30,8% de los votos), la formación identitaria consiguió dos representaciones testimoniales: un concejal en Manlleu (Barcelona) y otro en Ribera d'Ondara (Lleida).
Sin embargo, en las municipales de 2027, el panorama será bien distinto. El núcleo de Orriols lleva meses pisando el terreno para armar candidaturas en cuantas más localidades sea posible. La experiencia de las autonómicas de 2024 dejó claro que el predicamento de Aliança, propulsado por el descontento en las filas independentistas con el desenlace del procés, llegaba más allá del municipio gerundense y alrededores. Pese a la desventaja en visibilidad de ser una fuerza extraparlamentaria, el partido xenófobo logró un escaño en Girona (con la propia Orriols como cabeza de lista) y otro en Lleida, y además se quedó a unos pocos miles de votos de obtener representación en Barcelona, lo que hubiera elevado su botín a cinco diputados.
AC superó los 119.000 sufragios en la jornada del 12 de mayo y casi 68.000 se reunieron en esta provincia. Una situación que se repitió en Tarragona (más de 11.000 votos, pero sin escaños) y que dejó una bolsa de 80.000 apoyos que, en mayo de 2027, podrían ser más rentables y reportar una considerable presencia en varios ayuntamientos.
Además de detectar que Aliança y Vox son los dos partidos que más subirían en unos comicios autonómicos, el último barómetro del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat arrojaba dos datos que podrían alterar aún más el mapa político catalán en próximas votaciones. Un 24% de los ciudadanos no cree que los partidos de extrema derecha supongan una amenaza para los consensos básicos en igualdad o derechos y un 19% se plantea votarlos por decepción con el resto de fuerzas políticas.

