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Un colega me dijo, cuando supo que iba a entrevistar a María Hervás (Madrid, 1987), que es una chica lista. Y añado yo: resuelta. Organizada. Alta. Trabajadora. Educada. Exigente. Delgada. Despierta. Reservada. Comprometida. Amable.
Atrevida. Sincera. Irónica. Segura. Culta. Decidida. Realista. Rápida. Orgullosa. Y curiosa. Este último adjetivo lo pone ella cuando dice, sin despeinarse, que sí, que es lista. "Me viene de serie", afirma al referirse por primera vez –lo hará en más ocasiones durante esta entrevista– a sus padres, un funcionario de Correos y una camionera, que fomentaron en ella la cultura desde niña. "Vengo de una familia muy humilde, muy trabajadora, en la que se ha potenciado mucho la cultura. Mis padres me ofrecieron lo mejor en cuanto a estudios y preparación para que fuese una mujer libre, independiente y autónoma". Y a ella este empeño le vino como anillo al dedo, porque su curiosidad por todo la llevó a aprovechar el impulso de sus progenitores y volar muy alto. "En todas las fotos que tengo de niña siempre estoy mirando con mucha atención y curiosidad. Realmente disfruto con el conocimiento, continuamente estoy leyendo ensayos o estudiando algo". Y no lo dice por decir, como se comprueba al charlar un rato con ella.
A María Hervás la llevamos viendo muchos años en series de televisión. Debutó en 2007 en Los Serrano, y se han sucedido El pueblo, Aquí Paz y después Gloria, Gym Tony, Seis hermanas o La que se avecina, entre otras. La que no es tan conocida es su gran labor en el teatro: compró los derechos, tradujo, adaptó y protagonizó la obra Iphigenia en Vallecas, lo que le valió el premio de la Unión de Actores a la mejor actriz protagonista de teatro y el Premio MAX a la mejor actriz. También fue protagonista de la obra Jauría, basada en el caso de violación en grupo de La Manada de Pamplona. Teatro con compromiso que le fue reconocido en 2022 con el Premio Princesa de Girona de Artes y Letras. El jurado la premió "por su excelencia y versatilidad como actriz, dramaturga y productora". Además, valoró "el compromiso y calado social de sus propuestas y su manera de entender el teatro como herramienta de reflexión y cambio".
Este año va a estar movidito para la actriz, a la que podemos ver ya en la televisión en Machos Alfa, y en una fecha aún por concretar en la tercera temporada de El inmortal. En el cine a partir del día 20 de febrero en El fantasma de mi mujer. Fue precisamente durante el rodaje de la primera de esas dos series cuando se dio cuenta de que no podía seguir con su grado de Filosofía: "Mi carácter me lleva a ser demasiado exigente, y entre toma y toma leía lo que me tocaba examinarme. Llevo dos años sin matricularme, pero la sigo estudiando por mi cuenta. Pretendo terminarla, pero de momento no". Viajamos hasta su infancia para averiguar de dónde sale tanta curiosidad por el mundo que nos rodea.
- ¿Cómo recuerdas tu infancia, tu familia, el colegio?
- Soy hija única, pero de una familia muy numerosa, con un montón de primos de mi edad, así que me he criado rodeada de niños como si fueran mis hermanos. Recuerdo ir al Corte Inglés con mi padre casi todas las semanas a escuchar discos y con mi madre al teatro infantil o a la orquesta sinfónica para niños de TVE. Mis padres me prestaban mucha atención y estaban muy centrados en mi educación, me siento muy muy afortunada por eso. Cuando me preguntan los jóvenes siempre les digo que hay una parte muy grande de suerte, otra de compromiso con uno mismo con la labor, y otra de cómo te motivan en casa, cómo te nutres para ir haciéndote la artista que quieres ser.
- ¿Cómo recuerdas la adolescencia? ¿Qué Madrid viviste?
- Viví un Madrid en el que no existían las redes sociales. Ahora los jóvenes están sobreexpuestos, sufriendo bullying a través de Instagram, con un montón de ideales e idealizaciones a los que sienten que no llegan, viven una neorrealidad sobreinformada. Yo formé parte de la última generación experiencial y me siento muy agradecida por haberme podido equivocar sin estar expuesta a que me grabasen o colgasen mi error en las redes, haber tenido mis ídolos musicales sin la necesidad de saber qué comían cada día o qué ropa llevaban, que fuesen una inspiración.
- ¿Eres de noche o de día?
- Cuando era más joven era nocturna, me encantaba la noche incluso para estudiar. Y cuanto mayor me hago soy más diurna. Por mucho que la gente relacione lo de ser actriz con la diversión y el glamour, mi profesión exige un ejercicio casi militar, tienes que cuidar mucho tu cuerpo y tu cabeza, y eso requiere un orden, una cierta rutina. Me autoimpongo madrugar, entrenar, leer, comer de forma saludable, y todo esto me aporta la estabilidad que muchas veces este trabajo no me da.
- Estás cerca de los 40. ¿Cómo lo llevas?
Tengo un problema y es que no siento que tenga la edad que tengo. Me sigue sorprendiendo a mí misma pensar que he cumplido 38 años y me doy cuenta de que la experiencia de madurar y envejecer está más anclada en el espacio tiempo que en la realidad de una misma, porque no me siento tan diferente a la de hace 10 o 20 años.- ¿Crees que te va a afectar en el terreno profesional?
- No es que te raye tener más arrugas o haber perdido la piel tersa, es que esto tiene una correspondencia directa con tu lugar en la profesión. La tiene, no es una paja mental que se hagan las mujeres. A partir de una edad determinada, las actrices tienen más problemas para encontrar proyectos que hablen de cosas interesantes y que nos atañan. Todavía no he sentido que haya llegado ese momento, creo que aún estoy dentro de lo que se entiende por una mujer atractiva de cara a los baremos sociales, de lo que se considera una mujer deseable. Pero soy muy consciente de que va a llegar.
- ¿A qué mujeres admiras?
- Admiro a las mujeres en general por el mero hecho de serlo, porque nos lo merecemos. Combatimos diariamente con obstáculos que no tienen los hombres. Tenemos mucha tendencia a cuidar, a ser buenas madres, buenas amigas, buenas parejas, pero además tenemos que ser sexys, que no se nos caiga el culo, tener estilo y mejor que seamos listas. La cantidad de cosas con las que tenemos que lidiar para dormirnos por la noche y sentir que estamos bien es enorme. Cualquier mujer que tenga un compromiso con el mundo en el que vive me parece muy admirable y también las que a diario hacen la comida para sus hijos, cuidan y protegen a su familia, y que a la vez trabajan...
- Las generaciones jóvenes te ven como un referente. ¿Por qué?
- Porque soy auténtica y cuando hablo se percibe que no estoy parapetada detrás de ningún personaje, sino que estoy simplemente siendo yo. Eso es un valor a día de hoy. Yo no vendo nada a nadie, hablo desde mi verdad sabiendo que no es la única. También soy muy tolerante con las verdades de los demás y eso hace que no se sientan juzgados. Me relaciono con los jóvenes desde un lugar muy relajado, sé que es una etapa muy complicada.
- ¿Tienen motivos para estar tan desesperanzados como parecen?
- No creo que lo estén. El otro día fui a ver una performance sobre el choque generacional. En un momento se oyó por los altavoces una cita que venía a decir algo así como: "La juventud está desesperanzada, no cree en nada, no sabe hacia dónde va, no tiene grandes ilusiones". Después preguntaban: "¿Sabes de quién es esta cita? De Aristóteles".
- O sea, que siempre ha sido así, ¿no?
- ¡Claro! Esencialmente un joven no tiene por qué saber adónde va. Está viviendo, se está enamorando, la está cagando, se está emborrachando, está experimentando, no tiene por qué saber nada más.
- Quizá los padres exigimos más de lo que debemos.
- Entiendo que su función es esa, encontrar un límite a esa experimentación, si no podría ser infinita. Me recuerdo en ese momento y también recuerdo a mis padres poniendo orden, como tiene que ser. Pero esa cosa carca de las nuevas generaciones..., léete un libro de antropología o de sociología y entérate de que siempre ha sido así, de que están disfrutando.
Volvamos al trabajo. En El inmortal María comparte cartel con Álex García, en Machos Alfa con Fernando Gil o Jon Kortajarena, y en la película El fantasma de mi mujer con Javier Rey, todos ellos entre los guapos de nuestro cine. "Lo exijo por contrato", dice con humor, "voy a apretar ahora, que cuando sea mayor no me lo van a permitir".
- Eres Isabel en El inmortal, una niña pija. ¿Te identificas con ella?
- Todos llevamos una niña pija dentro. Cuanto antes lo asumamos, mejor. A todo el mundo le gusta el privilegio, sería absurdo negarlo, y llevar ropa hecha con tejidos agradables y con cortes estupendos. Isabel me ha reconciliado con eso de decir: «Vale, soy políticamente progresista, con mucha empatía hacia las partes más vulnerables de la sociedad, pero eso no me impide querer llevar un jersey de cachemir, en vez de uno de poliéster». Lo que me diferencia de otro tipo de pijas es que le deseo el jersey de cachemir a todo el mundo.
- Daniela en Machos Alfa, todo alegría y buen rollo.
- Me ha ayudado muchísimo a no dramatizar la vida, a torearla, a casi reírte un poco de ella. Desde que la interpreto soy más cool. ¿Que le toca ser influencer porque se lo ha puesto así la vida? Pues claro que sí. ¿Que luego se tiene que cerrar las redes? Pues las cierra.
- Con las redes sociales lo justito, ¿no?
- Intento que sea así, lo justo y necesario. Mi profesión me lo exige, pues son una herramienta para ti y para tu trabajo y a veces te reportan cierto beneficio económico con alguna marca. ¿Que si pudiese quitármelas me las quitaba? Sí. Si pudiera tener la repercusión de Jennifer Lawrence y esas actrices a las que admiro profundamente y son mis referentes, que no necesitan las redes para que las llamen a hacer peliculones y que las grandes firmas también las reclaman aunque no tengan Instagram, no tendría. Si yo estuviera en ese lugar, chao Instagram pero vamos, forever.
- El fantasma de mi mujer analiza las relaciones.
- Es una comedia surrealista, un poco alocada, que trata las relaciones personales y los líos en los que te puedes meter por no ser honesto contigo mismo.
- ¿Qué opinas de cómo viven el amor los jóvenes, las relaciones líquidas, la falta de compromiso?
- No puedo opinar porque les ha tocado una época distinta a la mía. ¿Si yo me imagino teniendo relaciones líquidas? Imposible, soy monógama, todo lo que llaman conservadurismo emocional, pongo muchísima energía en mi pareja y no me puedo ni imaginar lo que supondría ponerla en varias personas. Me supondría un horror, un espanto. El poliamor me parece meterme en un infierno emocional. Prefiero el te escojo a ti, ¿tú me escoges a mí? Pues vamos palante, y cuando se acabe se habla y se acabó.
- ¿No concibes un para toda la vida?
- En la misma dimensión en la que concibo que me llame Tarantino para trabajar. Es decir, me encantaría, pero soy realista y me baso en la estadística. No veo que suceda tanto lo del para toda la vida y, si sucede, esas parejas están casi siempre hechas polvo, tirando de carros por inercia. Pero eso no significa que yo no quiera trabajar con Tarantino. En mi ideal lo quiero.
- ¿Y la maternidad?
- Desde un punto de vista muy atávico me encantaría, porque me gusta cuidar, porque me vinculo hasta con las piedras, porque me gusta implicarme en la felicidad de las personas a las que quiero, porque me encantaría no perderme esa experiencia. Me parece superbonito acompañar a mi criatura en un viaje de conocimiento de sí misma. Ahora bien, también veo a amigas mías que son madres y las dificultades que les pone la sociedad para tener hijos, conciliar y mantener intacto su capital sexual. A veces pienso en el jaleo y la infelicidad que supone. Es muy triste decirlo, pero veo a muchas mujeres muy infelices con su maternidad. Me gustaría ser madre, pero no a cualquier precio.
- Te dieron el Premio Princesa de Girona por tu teatro como "herramienta de reflexión y cambio". ¿Qué hay que cambiar?
- Lo primero, los niveles de empatía hacia los demás. Es una sociedad muy muy individualista, cada uno mira sólo por sí mismo, y si esto hubiera sido así en los momentos históricos que han cambiado el rumbo de la humanidad hacia mejor, no habríamos llegado a ningún lado. Podemos con más cosas cuando estamos unidos. También hay que cambiar el sentido confrontacional de todo, en lo político, en lo social, que mi único objetivo sea devaluar al otro y tirar por la borda todo lo que haya podido decir, aunque me haya parecido razonable. No hacemos ningún bien no escuchándonos y tampoco creo que nos lleve a ningún buen lugar la polarización. Y también hace falta disfrute en general, la gente está muy gris, muy quemada.
- ¿Qué es más difícil mantener en su sitio, la silueta o la cabeza?
- La cabeza. Yo trabajo las dos cosas, soy una curranta. Voy a terapia aunque soy un poco inconstante, pero no creo que la cabeza se trabaje sólo en terapia. Porque ¿qué conversaciones tienes a diario contigo misma? ¿Qué orden le intentas dar a tus pensamientos? ¿Qué respeto tienes hacia tus emociones? Parece que los que van a terapia todas las semanas te hablan desde una superioridad moral, aunque yo les digo: vale, pero también cuido mi cabeza madrugando, comiendo saludable, porque sé que le hace bien a mi cuerpo y a mi estabilidad mental, hago deporte seis veces por semana desde que tengo 21 años. Empecé tras una ruptura que me dejó descolocada, con mucha ansiedad, y me apunté al gimnasio. Me di cuenta de lo bien que me hacía ocuparme de mi propio bienestar. Para mí, el cuerpo y la mente son parte de lo mismo. Te puedo asegurar que si haces deporte todos los días, ya sea media hora o 15 minutos, si pones atención a tu cuerpo, tu cabeza va a estar mejor. Eso lo juro, es así.
- Si no hubieras sido actriz, ¿te ves en una oficina?
- Me vería como profesora en una universidad, como ensayista, antropóloga, científica o diseñadora de moda. Lo que me daría miedo sería un trabajo que no supusiese un reto cada cierto tiempo, que no me mantuviese viva, despierta. Un trabajo mecánico me habría apagado, me habría hecho mal.
- Hablando de moda, ¿qué firmas te gustan?
- Me encantan Prada y Miu Miu, Givenchy, Maison Margiela... Soy una gran admiradora de la moda, empecé la carrera de Arquitectura y todo lo que tenga que ver con el diseño es una maravilla para mí. No soy nada trendy y me la sudan las tendencias, no me interesa lo que se lleva esta temporada. Cuando miro a una mujer porque me gusta su estilo tiene que ver con la seguridad con la que lleva la ropa, que la combinación de todo tenga una lógica, una intención. En ese sentido la moda me encanta. Me horripila en el de que nos digan constantemente lo que tenemos que llevar.
- ¿Te gusta vestirte para una alfombra roja o es un horror para ti?
- El horror es la dificultad. Es decir, si tuviese la facilidad de que en el salón de mi casa apareciera un burro con modelazos increíbles y yo eligiera, lo disfrutaría más. Además estás sometida a un montón de flashes, a que valoren si tu elección ha sido o no la correcta. Al final no lo veo como una experiencia disfrutable. Disfrutable es por ejemplo jugar con tu armario para ir al cumpleaños de un amigo. Una alfombra roja no podemos vivirla con esa libertad, porque nos someten todo el rato a examen, es una pesadilla.
Claramente, María Hervás es una chica lista.
Maquillaje y peluquería Mateo Pérez (One off Artists). Asistente de foto Nano López. Asistente de estilismo Joana Real. Producción Asha Martínez.






