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Poco podría imaginar don Luciano, padre de la enología moderna, que la bodega que fundó en 1852, Marqués de Murrieta, acabaría siendo la mejor del mundo, igual que algunos de sus caldos, como el Castillo Ygay 2010, el número uno del planeta en 2020 según la prestigiosa publicación Wine Spectator. Tampoco pensaría nunca el militar, empresario y sobre un adelantado a su tiempo que a su amada hacienda de 300 hectáreas al sur de Rioja Alta y a unos minutos de Logroño llegarían los forasteros en un extraño aparato llamado jet privado y que sobrevolarían en helicóptero sus viñas, esas que tantas alegrías (y fatigas) le dieron.
Pues bien, son parte de las novedades con las que arranca la temporada la premiada bodega, a las que se suma una visita por sus instalaciones y un menú gourmet maridado con sus retoños más icónicos incluido. Nace así una de las propuestas enoturísticas más exclusivas de España, disponible desde este mes bajo petición previa (y plazas limitadas a entre seis y 10 personas desde 2.000 euros) en forma de recorrido diseñado para los amantes del viticultura, la historia y el buen comer.
"Hemos creado algo que va mucho más allá del vino: una experiencia transformadora que representa todo lo que somos y lo que queremos ofrecer: excelencia, búsqueda de la perfección, alta gastronomía y equilibrio con el vino", asegura Vicente Dalmau Cebrián-Sagarriga, presidente de la empresa desde 1996 tras suceder a su padre, iniciando una nueva etapa caracterizada por la innovación sin dejar de ser "un proyecto de campo" capitaneado, eso sí, por María Vargas, directora técnica de la bodega y la mejor enóloga del mundo en los Wine & Spirits Awards de 2022.
Empezamos por el principio, por la llegada, ya sea en avión privado desde Madrid hasta el aeropuerto de Agoncillo (con capacidad para 10 pasajeros y posterior traslado) o en helicóptero desde Bilbao (para seis personas) hasta el helipuerto de la bodega. Desde éste también se puede sobrevolar en dicho vehículo durante 30 minutos la zona en la que se ubica esta finca de 300 hectáreas, contemplando el mar de viñedos centenarios desde el aire.
Después se inicia la visita guiada, primero fuera, entre los campos de cultivo, y después en el interior, en las instalaciones de elaboración y crianza, donde destaca la nueva zona de producción de última tecnología que entremezcla roble, hormigón y acero inoxidable para dar vida a estos vinos creados "para atravesar la barrera del tiempo", como explica Natalia Ruiz de Gopegui, responsable del departamento de Enoturismo.
"Se trata de auténticos tesoros que corren auténticos maratones en las botellas, ya que muchos tienen cerca de 100 años", añade dirigiéndose a la joya de la corona de la bodega, el Castillo de Ygay, donde todo empezó en el siglo XIX y declarado museo en 2019 tras una rehabilitación que duró nueve años.
En él no sólo se narra la historia de don Luciano desde su Arequipa natal (su padre era vizcaíno y su madre peruana, pero pronto se trasladó a España apadrinado por el general Esparteros y su mujer, quien contaba con unas viñas en Logroño), sino la del propio vino de Rioja. O mejor dicho, el de calidad, ya que fue quien elaboró el primer vino de calidad de la ahora considerada la denominación de origen más antigua del país, la DOCa Rioja, en 1852, cuando aplicó los conocimientos adquiridos en Burdeos para transformar los caldos que se hacían aquí.
Así, el museo invita a un viaje al pasado entre fotografías en blanco y negro de Murrieta con su abuela en Perú o de operarios trabajando en las instalaciones, portadas de periódicos con la figura del marqués en ellas, las escrituras de la finca (con sus correspondientes avales bancarios), la medalla de oro a los vinos de la bodega concedida en la Exposición Universal de París de 1889 y diferentes tratados sobre enología, así como antigua maquinaria como estrujadoras, alambiques de cobre o estufadoras.
Sin olvidar una de las mayores colecciones de botellas históricas del mundo (más de 100.000), elaboradas desde 1860 y custodiadas en espacios como la denominada "catedral", donde se acumula "gran parte de la historia líquida de Rioja", afirma orgullosa Ruiz de Gopegui, ya que ni siquiera se dejó de producir en 1936 durante la Guerra Civil.
Faltaría la última parada de la experiencia, un menú de alta cocina de 10 pases servido en el comedor privado del castillo y firmado por el chef Miguel Narro, formado en el equipo del reconocido Francis Paniego. En él destacan platos como el carabinero aromatizado en vino y coral a la brasa, la cigala con papada ibérica, borraja y pimiento rosa y el corte de solomillo de raza sayaguesa al horno de cepas de Mazuela.
Y todo, acompañado de cinco de los mejores vinos de la casa elegidos por el somelier Roberto Ruiz de la Cuesta, quien trabajó junto a Martín Berasategui antes de recalar aquí.
La cata comienza con el Champagne Gosset Grande Réserve, elaborado por la maison más antigua de la región de Champagne, Gosset, con la que la bodega riojana mantiene una alianza exclusiva, y sigue con Capellanía 2019, Marqués de Murrieta Gran Reserva 2014 y el emblemático Castillo Ygay, que ha recibido en 15 ocasiones los 100 ansiados puntos Parker. Como colofón, una selección de quesos maridados y un delicioso helado de miel de limón, confitura de naranja amarga y galleta crujiente.
Más información. Marqués de Murrieta. Ctra. Zaragoza, km. 5, Logroño (La Rioja). Web: marquesdemurrieta.com
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