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Sukha

Pablo G. Batista, al frente de "un remanso de paz en una televisión cada vez más ruidosa" con un programa casi imposible de pronunciar

Hace ahora dos semanas, La 2 estrenó Sukha, un magacín en directo para sus tardes que ofrece una mirada a la actividad cultural y está presentado por Pablo G. Batista, Susana Castañón y Jero Fernández

Pablo G. Batista
Pablo G. Batista, presentador de Sukha.RTVE
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La dirección de RTVE quiere que La 2 deje de ser un canal nicho y empiece a adquirir una personalidad propia que llegue a todos. Es una puerta que se abrió hace dos años con Cifras y Letras, que funciona y que ahora ha alcanzado un nuevo punto de inflexión con el estreno de diferentes programas que quieren alejar a la segunda cadena pública de ese mundo elitista para solo unos pocos.

De ahí que Televisión Española haya querido apostar por la programación cultural en directo con el estreno de Sukha, un formato que aúna cultura, bienestar, viajes o gastronomía -de lunes a viernes a las 19:35 horas en La 2- con un trío de presentadores que han llegado para dar mucho juego: Pablo G. Batista, Susana Castañón y Jero Fernández. "El programa ofrece una mirada muy amplia a la cultura con curiosidad, crítica y disfrutona", asegura su director, Miguel Ángel Hoyos.

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Desde la cadena explican que el título del programa, casi imposible de pronunciar, es una palabra sánscrita que significa felicidad, placer y bienestar, términos sobre los que gira este nuevo espacio en el que el uso de múltiples pantallas, las conexiones en directo, el seguimiento de la actualidad con mesas redondas y debates, junto a colaboraciones de expertos, la incorporación de nuevos formatos, la cultura y el arte en vivo, y la interacción con la audiencia son algunos de sus elementos clave.

Al frente, Pablo G. Batista, el rostro que sustituía a Risto Mejide en Todo es mentira, que fue guionista de Cachitos de hierro y cromo, y que intentó, sin éxito, resucitar Caiga quien caiga. "Sukha quiere ser un remanso de paz en una televisión cada vez más ruidosa". Y lo dice porque él ha vivido en primera línea ese ruido que, a veces, nos deja sordos.

El primer programa de Sukha, el pasado 16 de febrero, ya le dejó un buen sabor de boca: "La sensación es que todo fue muy bien. Para ser el primer día, fluyó de forma sorprendentemente natural". "Ojalá el público lo percibiera igual, porque desde dentro no parecía un debut. Siempre tienes la sensación de haber ensayado poco, pero creo que logramos varios objetivos: variedad, ritmo, dinamismo y una mirada amplia y desprejuiciada hacia la cultura", explica.

Batista insiste en que Sukha no pretende reinventar la televisión, sino usar sus códigos para contar otra cosa. "Es un programa amable, divertido, incluso fresco, aunque no me encante ese adjetivo. Hemos puesto sobre la mesa los ingredientes de lo que será el programa. Dentro de más entregas quizá seamos distintos, pero la base está ahí".

Sukha
Jero Fernández, Susana Castañón y Pablo G. Batista, en Sukha.RTVE

La esencia del formato, asegura, está en la combinación de elementos clásicos con una mirada distinta: "La diferencia no está tanto en la forma como en la ambición. El ingrediente principal es la cultura, pero el programa adopta elementos televisivos muy reconocibles: entrevistas, conexiones, tertulia". Y apunta que lo que cambia es el tono, sobre todo en un momento "en el que la tele está llena de debates políticos y un clima cada vez más polarizado, Sukha quiere ser un lugar donde sentarse a reflexionar sin crispación", insiste.

Sobre el curioso nombre del formato, asegura que no sabía qué significaba, pero que tiene un sentido: "Cuando me lo ofrecieron me preguntaron si sabía lo que significaba y tuve la tentación de hacerme el listo, pero dije la verdad: que no tenía ni idea", recuerda entre risas. "Sukha es una palabra sánscrita que alude al bienestar duradero, no al placer momentáneo. Eso queremos transmitir: un espacio donde respirar, donde la cultura sea un refugio".

"En televisión los roles son importantes, como en una sitcom"

El programa, además, no se limita a la cultura en sentido estricto: "Hablamos de salud mental, alimentación, viajes... La felicidad está hecha de muchas piezas, y queremos que todas tengan cabida". Y también de actualidad: "El primer día, por ejemplo, abrimos con la muerte del actor Robert Duvall, que nos pilló 10 minutos antes de empezar. La cultura vive en el presente y el programa también debe respirar actualidad".

Batista comparte plató con Susana Castañón y Jero Fernández, a quienes no conocía antes de empezar: "Nos vimos por primera vez en la presentación de la temporada. En televisión los roles son importantes, como en una sitcom. Creo que Jero es el bueno, Susana la lista y yo... el tonto", bromea entre risas mientras añade: "Y lo digo con cariño. Poco a poco se irá viendo cómo encajamos".

Su salto desde Todo es mentira a Sukha podría parecer un cambio radical, pero él lo vive con naturalidad: "El programa de Cuatro era una escuela absolutamente exigente. Llegué tarde a la tele y ese formato me obligó a adquirir habilidades muy rápido. Me ayudó a superar el síndrome del impostor. Ahora siento que podría presentar un informativo... o el circo de mi barrio".

"En Todo es mentira había días que me iba a casa con estrés postraumático"

El ritmo del espacio presentado por Risto Mejide, admite que era "frenético", y añade que "en Sukha también hay ritmo, las entrevistas van rápido, las secciones son cortas, pero no sales con la mirada perdida de las mil yardas (expresión característica de soldados con traumas que refleja disociación emocional tras volver de la guerra). En Todo es mentira había días que me iba a casa con estrés postraumático. Era tele de primerísima división".

Sobre Risto Mejide solo tiene palabras de agradecimiento: "Me apoyó muchísimo y fue muy generoso con mi salida. Le habría gustado que siguiera, yo también lo intenté, pero no fue posible. Él no es de dar consejos si no se los piden, y yo no soy de pedirlos porque siento que molesto". Aun así, reconoce que trabajar a su lado le marcó: "Ver cómo gestiona los ritmos, los tempos, el show... hay cosas que el Pablo de hace dos años no sabía y que ahora aplico sin darme cuenta gracias a Risto".

Pese a los continuos cambios de registro, Batista no siente que haya tenido que reinventarse: "Soy el mismo. Mantengo la ironía, la mirada periodística, la curiosidad, el humor. Mi sistema operativo es el mismo; cambian los ingredientes, no el cocinero". Y es que su trayectoria explica esa versatilidad: radio cultural, Radio 3, documentales, formatos, información política... "Todo está en mi memoria RAM. Solo voy abriendo distintas pestañas".

Durante unas semanas pasó del plató de Todo es mentira al de Caiga quien caiga, una experiencia breve que no triunfó entre los espectadores, aunque el periodista tiene otra visión: "Creo que sí funcionó, pero no tuvo tiempo de cuajar. Tenía que reconquistar al público histórico y seducir a uno nuevo. Y la paciencia no abunda en televisión". Aun así, guarda un recuerdo extraordinario: "Caiga quien caiga fue uno de los programas que me hicieron querer ser periodista. Ponerme ese traje y esas gafas fue muy especial. A veces pienso que esa experiencia le pasó a otra persona".

No obstante, si hay un lugar donde Batista se siente especialmente él mismo es en Cachitos de hierro y cromo, el programa presentado por Ángel Carmona y en que el canario es uno de sus guionistas: "Llevo más de 11 años escribiendo los rótulos. Me siento más guionista que presentador. El programa musical es un regalo: el guion llega puro al espectador, sin intermediarios. La frase llega tal cual salió de mi cabeza".

"Cachitos de hierro y cromo es como las pipas: empiezas y no puedes parar"

La mezcla de nostalgia, archivo, cultura pop y chistes malos ha conectado generaciones: "Cachitos de hierro y cromo es como las pipas: empiezas y no puedes parar. Es uno de los trabajos más difíciles que hago, pero también de los más satisfactorios. Mi gimnasia mental de Cachitos de hierro y cromo me ayuda como presentador, y mi trabajo como presentador me ayuda a escribir mejor el guion de ese espacio".

Echando la vista atrás, el presentador de Sukha admite que su vocación periodística nació pronto: "En una de mis primeras notas en el colegio ponía: 'Es muy listo, pero muy alegador'. En Canarias, 'alegador' es alguien que no para de hablar. Y sí, eso no ha hecho más que empeorar", recuerda entre risas.

Siempre le gustaron el cine, la fotografía y los documentales de viajes: "Pensé que el periodismo era la mejor manera de viajar gratis y seguir alegando". Como en Canarias no existía la carrera completa de Periodismo, pidió una beca para estudiar en Madrid: "Me la dieron, y gracias a eso pude estudiar la carrera. Ahora, pago mis impuestos encantado".

Hoy, mirando atrás, confiesa sentir que ha tenido suerte en su trayectoria: "He podido tachar muchas cosas de mi lista y hacer otras que ni sabía que existían. Este camino es precario, azaroso, inestable... pero para los románticos del rock and roll es el mejor camino posible. No se me ocurre hacer otra cosa".