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Beta Diablo IV: El demonio está en los detalles

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Con este juego de rol de acción he desarrollado una nueva adicción. Es tan accesible que puede funcionar como primer contacto con el sector de un 'no jugador.

Beta Diablo IV: El demonio está en los detalles

Ya decía Miguel Bosé aquello de "don diablo se ha escapado, tú no sabes la que ha armado, ten cuidado yo lo digo por si" y vaya la que ha armado, la beta de Diablo IV ha conseguido unas cifras récord de jugadores. En total, la beta ha acumulado más de un millón de jugadores y 61,5 millones de horas entre las versiones de PS5/PS4, Xbox y PC.

Lo confieso, con este juego de rol de acción he desarrollado una nueva adicción. Lo malo es que tendré que convivir con el mono hasta el 6 de junio de este mismo año que salga Diablo IV. Un juego que solo ha necesitado dos fines de semana para hacérseme imprescindible. Puede que este análisis no sea 100% objetivo ya que quien firma estas líneas, lleva jugando a esta saga desde el principio y cuenta con un número tan alto de horas jugadas al Diablo III que la cifra es casi obscena.

Lo bueno es que ese conocimiento ayuda mucho a la hora de tomar perspectiva y abordar todo tipo de aspectos sobre esta cuarta entrega de Blizzard. ¿Cuenta con suficientes cambios como para que les merezca la pena el desembolso a los jugadores de la entrega anterior? Definitivamente sí. Nada más iniciar el juego, se siente fiel a la saga, fiel a Diablo y a todo los que nos gustaba de él. Blizzard ha aprendido de los errores de Diablo Immortal y de un formato que no terminó de gustar a los jugadores, volviendo así a sus raíces y menos mal.

Diablo IV se ve mejor, cuenta con una historia suficientemente interesante como para quedarse y a la vez, las mecánicas de combate se sienten tan parecidas que permiten continuar la 'build' de los personajes que tuviste en Diablo III. Sin embargo, la atmósfera se siente diferente, se nota más oscura y con ciertos tintes de terror, mientras que Diablo III se había entregado a la fantasía medieval de Dragones y Mazmorras más pura.

Aún queda algo de trabajo, ya que sobre todo durante el acceso anticipado a la beta, a ciertas horas se producía un cuello de botella tal de jugadores que querían conectarse, que la cola virtual para acceder podía llegar a la hora. Un problema que ya se presentó en juegos anteriores de la compañía por lo que suponemos que, de cara al lanzamiento, reforzarán los servidores y las conexiones simultáneas para evitar estos 'atascos'.

Cinco clases

En esta ocasión, el juego ofrece cinco clases distintas que escoger: druida, bárbaro, hechicera, pícara y nigromante. Tanto hechicera como bárbaro, son personajes que desarrollé hasta el nivel máximo de la beta, 25, mientras que del resto probé las 'buil' más básicas. Estos personajes se pueden personalizar, colores, formas faciales, peinados, aunque no tipo de cuerpo, por ejemplo. Aunque si están representados en cada personaje distintos tipos de cuerpo y género, eso sí.

Como siempre, cada clase cuenta con equipamiento específico. Un plus es que en esta ocasión no harán falta tinturas para hacer coincidir el color de cada pieza de armadura, pudiéndonos ir al armario y cambiar la paleta de colores. A destacar que, para contar con un aspecto en concreto de armadura, no basta con encontrarla como botín, hace falta ir a un herrero y reciclarlas allí, sino no se guardan. (aviso para los fanáticos de lo estético).

Árbol de habilidades

El árbol de habilidades, en esta ocasión luce diferente, con habilidades interconectadas. Aunque insisto, en las clases que ya estaban en Diablo III no es complicado crearse una configuración similar. La hechicera que he creado para mi partida es literalmente la misma. Con magias de escarcha y de hielo mejoradas y hidras de fuego, tal cual fue en Diablo III. Lo único es que este árbol de habilidades se siente menos intuitivo que el sistema anterior, aunque si eres ducho en este género de juegos, te harás con él en seguida.

Tras unas pocas habilidades, a pesar de que los enemigos vayan subiendo también su nivel, el personaje se siente poderoso y avanzar el juego no resulta costoso. Aunque claro, para los amantes de los retos, desde un principio el juego permite escoger dificultad, por lo que es recomendable empezar en difícil si se está familiarizado con la saga y con este género de juegos. Además, los enemigos dan más experiencia en esta dificultad. No te preocupes si es demasiado para ti puesto que ya en la primera ciudad se permite cambiar la dificultad.

El juego es tan accesible que puede funcionar como primer contacto con el sector de un 'no jugador'. En particular, si este es el caso, recomiendo la clase hechicera, ya que las habilidades son bastante intuitivas y claras y no requiere de combinaciones para hacer ataques muy efectivos. Diría que es la más accesible. Por si escoges una habilidad que luego no te convence, Blizzard permite resetearlas a un módico precio, con dinero del juego. De hecho, la compañía dijo que bajaría el precio ya que en un principio avisó que este reseteo sería bastante caro.

Las mecánicas son similares, ir avanzando por el mapa lanzando magias que van eliminando a las hordas de enemigos de alrededor, mientras sumas experiencia, oro y objetos como armaduras, armas o potenciadores de las mismas. El ataque es repetitivo, pero de cierta forma es parte del encanto de este tipo de juegos y lo que los hace tan 'adictivos' en el buen sentido. Ya que funcionan muy bien para desconectar, tal y como lo hace un podcast, pero no te absorbe tanto como para no poder apagar el juego tranquilamente y a otra cosa. No es 'League of Legends', tampoco 'World of Warcraft', por poner un ejemplo de la misma empresa.

Más misiones secundarias

Uno de los cambios más positivos ha sido la inclusión de muchas más misiones secundarias de forma orgánica y no como algo testimonial para pasar el 'check' de tener alguna. Funcionan muy bien para conseguir botín y sobre todo explorar nuevas zonas del mapa. Además, esta entrega se siente en un mundo mucho más abierto y menos lineal, permitiéndote ir de aquí para allá.

El paso a consolas de Diablo III demostró la capacidad de este tipo de juegos para ajustarse a jugar con mando y no teclado y ratón. Diablo IV repite y lo hace igual de bien, permitiendo unos controles cómodos con mando aún con la gran cantidad de habilidades que hay. En las ciudades te encontrarás a otros jugadores, lo que hace el juego menos solitario, aunque no estés jugando con nadie. Además, distintos eventos mundiales, permiten sumarte a otros jugadores para acabar con ciertos enemigos o completar alguna misión.

El botín no se comparte, es decir, a cada jugador le aparece uno en la pantalla (aunque si te deshaces de algo desde el inventario sí lo verán el resto de jugadores), por lo que la ansiedad de que te roben ni está ni se la espera. Una ansiedad muy real en otros juegos como Bordelands o Dead Island, donde coger el primero, y sin preguntar, las armas especiales que soltó algún enemigo, podía costarte una amistad real.

Ave Lilith

En cuanto a la historia, el enemigo en esta ocasión y por lo acontecido en Diablo III, no es Diablo sino la Hija del Odio, Lilith, madre de todos los nephalem, un término con el que estarán familiarizados los seguidores de la saga y que hace referencia a una nueva raza creada como resultado de la unión entre ángeles y demonios.

Harta de la lucha entre cielo e infierno, Lilith hace su reino propio, El Santuario, donde los nephalem vivan en paz sin que ángeles o demonios les molesten ya que, para ambos, esta raza es una aberración. Ambas fuerzas se unen para masacrar a los hijos de Lilith, quien enloquece y declara la guerra a cielo e infierno. Esta raza evolucionó hasta parecerse tanto a los humanos, que se volvieron indistinguibles.

El juego transcurre 30 años después de los eventos de Diablo III y el deber del protagonista será detener a esta reina madre de los súcubos que ha sido invocada por sus seguidores para volver a reinar. De nuevo una guerra entre el bien y el mal mientras Lilith trata de sacar sus propios intereses adelante, tentando y manipulando a los humanos que se encuentren con ella. Secretos, seres infernales y divinos, se entrelazan en una historia mucho más oscura (y gore) que la de las sagas anteriores.

A la pregunta se si merece la pena el desembolso de 70 euros de Diablo IV nuestra recomendación es que sí, siempre que te guste el género rol de acción, claro. Es entretenido, se puede jugar con amigos online, la historia es interesante y al tener distintos niveles y personajes, también es rejugable, por lo que por ese precio puedes exprimirlo más horas.

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