- Entrevista no vista Dani de la Torre, director de Marbella: "Aquí no tenemos el Cártel de Sinaloa pero sí mafias asentadas"
- Cine Joachim Trier, director de 'Valor sentimental': "Lo revolucionario, lo punki ahora mismo, es la ternura. La ternura es un asunto político"
Tras 20 años de carrera, Marta Nieto (Murcia, 1982) ha encontrado un camino propio en la interpretación y también en la dirección. Huyendo de los clichés y con una convicción firme en lo que debía escoger. Ahora la actriz es una de las protagonistas de Tres noches en Ítaca, el nuevo montaje teatral de Alberto Conejero en Nave 10 Matadero de Madrid.
- ¿Cuál es la Ítaca de Marta Nieto?
- Esto lo he reflexionado mucho y hay algo del concepto que es la fuerza vocacional que te hace luchar contra viento y marea. Yo soy de Murcia, en mi familia no hay actrices y mi Ítaca fue la fuerza para ir creciendo, asumiendo etapas y responsabilidades y conquistar mis sueños.
- ¿Sigue siendo difícil triunfar llegando desde las periferias?
- En mi opinión, sí, tienes que asumir una fuerza extraordinaria para moverte, salir de tu ciudad, tu familia y tu entorno para entrar donde pasan las cosas. Hay algo ahí que te hace sentir un poco de exclusión, sin ser algo malo en sí mismo. Cuando consigues olvidarte de quién eres, viajar y hacer algo que ni tú sabes muy bien qué delante de un público recuerdas por qué ha tenido esto sentido.
- ¿Para usted ha tenido sentido pese a la inestabilidad?
- Desde el ego es muy fácil decirte que no lo sé, pero desde el alma, desde la realización, evidentemente sí merece la pena. Porque no dejas de aprender y cada vez tienes más capacidad. Yo este texto no lo podría haber hecho hace cinco o diez años.
- ¿Es esa una reivindicación de la madurez en la mujer?
- La complejidad del ser humano va aumentando con la edad, con una vida bien vivida y experiencias que te da el tiempo, y tenemos la suerte de que ha habido ciertos movimientos sociales como el feminismo y sistemas como las cuotas que han hecho que, de repente, una parte de la sociedad que estaba invisible empiece a tener visibilidad con perspectivas femeninas más complejas. Eso hace que ahora haya ciertos papeles que puedo hacer con mi edad y que la sociedad sea cada vez más inclusiva y más completa. Que falta mucho camino por recorrer, sí, pero es importante poner el acento en que estamos haciendo cosas que antes no se hacían.
- Veo que es usted favorable al sistema de cuotas.
- Para igualar la balanza hay que hacer leyes prácticas. Ahí está el resultado, un montón de cine dirigido por mujeres que es un éxito de taquilla y que nos da prestigio nacional e internacional. Las cuotas funcionan porque había un embudo de mujeres que no tenían oportunidad de entrar en la industria. Y llegará un momento que no sean necesarias.
- La película Madre, su proyecto La mitad de Ana y ahora esta Tres noches en Ítaca. Todas con la familia como gran elemento de debate. ¿Por qué esa prospección continua en la familia?
- La familia es el núcleo, el organismo complejo más fundamental. Las dinámicas que tú tienes ahí dentro marcan el resto de dinámicas sociales de tu vida. Incluso contigo mismo. Para mí honrar a mi madre y a mi padre forma parte de mi ejercicio de maternidad, al enfrentarte a la complejidad que implica criar un ser humano se te caen muchas fichas. Ser madre te hace mejor hija. El respeto con el que eres capaz de mirar a tus padres, sus vidas, sus heridas y sus triunfos es el respeto con el que tú vas a poder vivir. Es muy fácil echar balones fuera y culparles a ellos de todo lo que tiene que ver contigo.
- Me interesa eso de honrar a sus padres en un momento donde se debate sobre si somos la primera generación que vive peor que ellos.
- Ahí había otra conciencia social, era un momento muy materialista. Acabábamos de salir de la dictadura y lo importante era tener cosas y que el país funcionara. El sistema capitalista todavía tenía esperanza y creyeron que iba a funcionar. Se compraban una casa en la playa o un coche, pero matándose a trabajar. Nosotros ahora tenemos otra conciencia, sobre todo porque el sistema capitalista ya no es esperanzador y se está rompiendo. Pero esa responsabilidad es nuestra. ¿Qué hacemos con el sistema que no funciona? Que la gran potencia mundial la gobierna un empresario que hace hoteles y casinos con Elon Musk y tecnócratas radicales de consejeros.
"No le voy a dejar la responsabilidad de construir un nuevo mundo a estos radicales, nos va a tocar poner el cuerpo y arriesgarnos"
- ¿Qué le hace sentir ese mundo?
- Yo no voy a alentar ni el desasosiego ni la desesperanza en este mundo porque eso es evidente. Hay una fuerza que tenemos que tener los seres humanos en este momento social para unirnos y buscar luz. Tenemos que tomar mucha conciencia y darnos cuenta de cómo todas estas tecnológicas nos roban la atención para que estemos concentrados en lo que ellos quieren. Como el sistema capitalista no está en su mejor momento, creo que hay que colectivizarse y buscar alternativas. Los buenos somos más, no lo olvidemos.
- Usted siempre cuenta que en sus primeros años consiguió escapar del prejuicio de 'chica guapa' que se le intentó colocar en sus inicios. ¿Estamos volviendo a caer en él?
- Yo estoy en contacto con la naturalidad, es parte del amor propio. Si quiero ponerme delante de unos espectadores a contar algo, tengo que estar en mi mejor versión. Pero mi mejor versión no es mi mejor cara, no es que no tenga arrugas. Es estar lo más equilibrada y lo más relajada posible. Ahora hay una falta de un sostén interno, pero es que eso solo te lo puedes proveer tú. Solo tú puedes mirar un poco hacia adentro y saber lo que quieres en la vida. Eso te da una autoridad y un amor propio que no te lo va a dar el botox. Te dará otras cosas, pero no la autoridad interna sostenida. Eso es saber vivir, yo esto lo hablo mucho con mi hijo adolescente. Aprender a vivir es difícil, pero de eso se trata esto, de cada vez sufrir menos.
- ¿Está costando que cale ese discurso en su hijo y en esa generación?
- Es muy complicado porque están bombardeados por este algoritmo perverso, por el consumismo y por un sistema que da coletazos a toda hostia. Por eso hay que bajar estas cosas a la tierra, pero yo es que confío en el ser humano. Igual que confío en mi hijo adolescente, en que lo entenderá, confío en la humanidad. De verdad, confío en que nadie quiere hacer mal a nadie ni hacer sufrir.
- Me gusta encontrarme con gente que no solo piensa que el mundo va a explotar de inmediato.
- Es probable que el mundo explote porque siento que estamos ante el fin de un sistema económico. Y no quiero sonar naíf, pero creo que hay una oportunidad para reinventar cómo queremos vivir. Ni un sueldo mensual ni tener una casa te va a dar ya una seguridad, vamos a tener que aprender una nueva forma de ver el mundo. Y a mí me sale la guerrera, coño. No le voy a dejar la responsabilidad de construir un nuevo mundo a estos radicales, nos va a tocar poner el cuerpo y arriesgarnos.
- ¿Esa capacidad de poner el cuerpo la hemos perdido con los años y con el acomodarnos en un sistema democrático pleno?
- Sostener toda esta violencia es una mierda, no vamos a tener más remedio que involucrarnos. No digo estar en primera línea, eso cada persona decidirá. Pero sí estar conectados con eso. No podemos seguir con ese argumento de que no vas a votar, de que hagan lo que quieran. Elegir es nuestro poder ahora mismo. Porque entonces pasa lo que está pasando. Hay que elegir dónde te posicionas, cómo quieres vivir y cómo quieres que sean tu ciudad y tu país. Y esa decisión o la tomamos nosotros o la van a tomar por nosotros.
- El otro día leía que esa es precisamente la perversión de la democracia, que al vivir dentro de ella te acabas acomodando y dando por natural todo lo conseguido. Y, sin embargo, eso es lo que hace funcionar al mismo tiempo la democracia
- La gran perversión es que dentro de ella pueden brotar movimientos ultranacionalistas como los que estamos viendo. Puedes votar a gente que anule tus derechos y eso es una paradoja cósmica.
LA ÚLTIMA...
P. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
R. Últimamente estoy expuesta poco a preguntas impertinentes porque me levanto y me voy. Pero me acabo de acordar que en un programa de tele, el presentador me echó un piropo y añadió que era la novia de no sé quien. Le tuve que decir que la verdad que no y que no lo volviera a hacer.



