- Sujétame el vermú. Savater y las batallas perdidas
Si los periódicos prescinden de articulistas conocidos surgen inevitablemente entre el público las polémicas, aunque de contenido variable; si la baja puede tener que ver con alguna noticia falsa firmada por el periodista o si, tratándose de columnas de opinión, el problema nace de las posturas críticas del columnista hacia el propio periódico y su sesgo editorial y político.
Son éstos días de polémicas de ambos tipos. Lo de las noticias falsas -o sin base documental fiable- tiene muchos antecedentes, algunos famosos, dentro y fuera de España. En 1988, un redactor debutante llamado Boris Johnson fue despedido en el acto por The Times cuando se inventó una cita fácilmente desmentida, ya que hablando del descubrimiento arqueológico del palacio de Eduardo II colocaba en él a un personaje que había muerto 13 años antes de su construcción. Luego Johnson, ya en la política, pronunció falsedades más célebres. Más sonado aún fue el caso del redactor Jayson Blair en The New York Times: estuvo varios años inventándose informaciones hasta que fue descubierto y despedido.
Lo de los columnistas abiertamente discrepantes con la línea del periódico es bien diferente, ya que se trata de opiniones, y si un periódico opta por publicar regularmente varias voces discrepantes está haciendo un ejercicio de pluralismo digno, que suscitará discusiones pero también enriquecerá el contenido y será útil para sus lectores.
En ese marco se sitúa el caso tan nombrado del despido fulminante, después de 47 años publicando columnas en El País, de Fernando Savater, justamente después de una entrevista publicada en EL MUNDO en la que juzgaba con severidad, y no por primera vez, el carácter más sectario y de respaldo a La Moncloa que, según Savater, se acentuó radicalmente con la llegada de Pedro Sánchez al poder.
Aunque muchos criticamos y hemos criticado la proximidad del periódico de Prisa al PSOE, iniciada ya tras el intento de golpe de Estado de 1981 que marcó también el despegue del entonces joven diario, es cierto que esta actual etapa nos lo muestra más unidireccional que nunca. En EL MUNDO siempre han aparecido firmas con posturas diferentes de la línea del periódico, y eso ha sido un plus.
Y no deja, al cabo de los años, de llamarnos la atención a los veteranos que empezamos en el hoy desaparecido Informaciones, adelantado de la Transición, del que salió el equipo fundacional de El País, que en aquel diario liberal-conservador, propiedad de varios bancos, siempre apareciesen tantas firmas discrepantes, desde el valenciano -y nacionalista catalán de izquierdas- Joan Fuster hasta el independiente Miguel Delibes, y con redactores marcadamente alejados de todo derechismo como María Antonia Iglesias, Joaquín Estefanía, Fernando Jáuregui o José Luis Martín Prieto.

