Las elecciones aragonesas de mañana, que entrañan una indudable proyección nacional, permitirán medir la hondura del retroceso del PSOE con más exactitud que los recientes comicios en Extremadura. El hecho de que la cabeza de lista socialista sea la ex ministra Pilar Alegría, que pasó de ser miembro de los gobiernos del malogrado Javier Lambán a ejercer de portavoz en Moncloa, deja a Pedro Sánchez sin excusas a la hora de encajar lo que los sondeos vaticinan como el peor resultado histórico en una comunidad que el PSOE ha gobernado durante 26 años desde 1983. Los socialistas asumen ya que Alegría será víctima del voto de castigo al presidente después de que su propio perfil -máxime después de victimizarse para huir de la sombra de Francisco Salazar- se haya ha ido diluyendo durante la campaña. A ello ha contribuido Sánchez, quien no ha tenido reparos durante las últimas semanas en ceder ante ERC en una reforma de la financiación que privilegia a Cataluña y en abanderar una regularización masiva de inmigrantes, caldo de cultivo para el populismo de Vox. El presidente acredita así, en medio del derrumbe territorial del PSOE, que adolece de un proyecto de país: sólo se conduce por su propia supervivencia política.
El 8-F dirime también la apuesta de Jorge Azcón por el adelanto de los comicios. El PP aspira alcanzar los 29 escaños, uno más que en 2023. Aunque rentabilizan parte del fiasco del PSOE, los populares chocan en su avance con el auge de Vox, espoleado por su penetración en el medio rural, especialmente, a raíz del acuerdo de la UE con Mercosur y el anuncio formulado por el Gobierno para legalizar a medio millón de inmigrantes. Azcón presenta un notable balance de gestión, pero lo previsible es que la aritmética parlamentaria le obligue a reeditar un pacto con Vox. En todo caso, la prioridad que interpela tanto al PP como a Vox pasa por articular un Gobierno y estable, lo que exige un acuerdo sólido entre ambas partes.
Las elecciones aragonesas, que suelen anticipar las tendencias de voto por su tradicional fragmentación, serán decisivas para calibrar la corriente de cambio que ya anticiparon las extremeñas en medio de una legislatura agonizante.
