EDITORIAL
Editorial

Xi renueva la amenaza a Taiwan

El presidente chino convierte a la isla en eje de su legitimidad nacionalista y clave para redefinir el orden en Asia-Pacífico

Xi Jinping, en una pantalla durante su discurso de Año Nuevo.
Xi Jinping, en una pantalla durante su discurso de Año Nuevo.AP
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El discurso de Año Nuevo de Xi Jinping condensa su hoja de ruta hacia una anexión de Taiwan que, lejos de quedarse en la retórica política, cobra la dimensión de ultimátum estratégico respaldado por la amenaza militar. Solo hay que ver que dos días antes, China había completado el mayor cerco militar jamás ejecutado alrededor de la isla. El presidente chino inaugura así 2026 poniendo en palabras la voluntad imperialista expresada a través de esos juegos de guerra lanzados con fuego real: la «reunificación», advirtió, «es imparable».

La secuencia es reveladora. Primero, Pekín lanza una demostración de fuerza que pone en evidencia su capacidad para aislar la isla y cortar suministros energéticos. En segundo lugar, reafirma su amenaza con un lenguaje que abandona la ambigüedad estratégica para instalarse en la normalización de la agresión imperialista y de la coerción como estado natural en el Estrecho. El mensaje es claro: la ocupación de Taiwan no es ya un horizonte posible, sino una tendencia irreversible y prioritaria para el Gobierno chino.

Xi insiste en presentar estas maniobras como una «advertencia» a las fuerzas «separatistas» y contra la «injerencia externa», estableciendo un falso marco que presenta a Taiwan como un agente provocador, en vez de un Estado soberano que tiene derecho a protegerse. También acusa a Japón y a Estados Unidos de interferir en los intereses chinos, por criticar el bloqueo total de una isla democrática de 23 millones de habitantes. Invertir la responsabilidad es parte central de la estrategia de Pekín: convertir la intimidación en autodefensa y la agresión en respuesta legítima.

La retórica de Xi vuelve a apoyarse en un discurso civilizatorio que también apadrinan Trump y Putin: un nacionalismo autoritario que ensalza los vínculos patrióticos, niega a los taiwaneses su condición de sujeto político y reduce su voluntad democrática a una desviación corregible por la fuerza.

Lo preocupante no es solo la posibilidad inmediata de una invasión, para la que aún no hay fecha, sino la estrategia de desgaste a base de ejercicios militares cada vez más realistas, más frecuentes y más amplios. Presión constante para que la guerra deje de parecer una ruptura y empiece a percibirse como una evolución natural que demuestra que Xi está ensayando no solo operaciones militares, sino también psicológicas.

El pulso tiene, además, un claro destinatario internacional: China busca probar la credibilidad de EEUU, dividir a sus aliados y presentar a Occidente como el verdadero factor desestabilizador. Xi ha convertido a Taiwan en el eje de su legitimidad nacionalista y en la clave para redefinir el orden en Asia-Pacífico. La única respuesta posible pasa por estrechar alianzas con las potencias democráticas regionales que hagan de contrapeso al imperialismo chino.