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Los 40 y tantos golpes

Gabriel Rufian y Vito Quiles, la extraña pareja que entiende el nuevo rumbo de la política

Todos pendientes de las ojeras de Pedro Sánchez y del espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl, cuando, en realidad, los únicos que han entendido cómo funciona la comunicación política son ellos.

Gabriel Rufián y Vito Quiles.
Gabriel Rufián y Vito Quiles.
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Todos pendientes de las ojeras de Pedro Sánchez y del espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl, cuando, en realidad, los únicos que han entendido de que va la política actual y su próximo rumbo son Gabriel Rufián y Vito Quiles. Joder con 2026.

Rufián sabe lo que quiere escuchar la gente y ha demostrado en su longevidad ser el político de izquierdas más talentoso de su quinta, mucho más que su admirado Pablo Iglesias. Cuando se habla de Venezuela, Rufián habla de vivienda. Cuando se habla de Trump, Rufián habla de empleo. Ahora aspira a ser el Metternich de las izquierdas periféricas, el padre de los pueblos de la Monarquía Hispánica a los que quiere aglutinar y no separar. Como un milagro de San Pascual Bailón, el independentista sueña con que le voten en Mataró y también en Linares y Chinchón.

Vito Quiles es un joven con micrófono que siempre da la impresión de que llega tarde a una capea. Gusta mucho a los chavales de la derecha dura y es foto de carpeta de mucha niña mona de cole pijo. Un representante del troleo más macarra que considera que un bulo a tiempo es como una cita con final feliz.

Los encuentros de la Extraña Pareja se han hecho muy populares en redes. Todo empezó con un asalto de Quiles a Rufián en busca de un momento incómodo recogido por la cámara. El político supo enseguida que la situación había que resolverla con un pulso de chirigota. Acertó. Quiles descubrió el filón de esa resistencia poco hostil. Y Rufián también. Desde entonces se han retroalimentado sin cesar. Más escaramuzas a la intemperie, más clics y seguidores. YouTube y TikTok se los rifan. El agitador busca un vídeo viral y el diputado, la suficiencia airosa de un regateador brasileño.

La pareja es algo más que una metralleta de memes, representa mejor que nadie las contradicciones y el paroxismo de la política española que aspira a dominar el mensaje que nazca de las cenizas del sanchismo. Un mensaje que ambos saben explotar.

Cegado quizás por su éxito madrileño y las encuestas, el riesgo de Rufián es convertirse con su proyecto del Frente de izquierdas en un nuevo Duran i Lleida, quien pasó tanto tiempo en el hotel Palace mirando a los Leones del Congreso que se creyó los piropos que le echaban las señoras que paseaban por la plaza de Neptuno.

En 2011, según el CIS, Duran i Lleida era el político mejor valorado por los españoles. Cuando el procès empezó a calentarse, se vendió como el antibiótico frente al desastre, la moderación ante la locura. El timo se lo creyeron todos, incluso él mismo. Hasta que al prestidigitador se le vió el truco y Madrid descubrió que al Churchill catalán los catalanes no le hacían demasiado caso.

Al otro lado, las estrategias no parecen mucho mejores. El PP ha inflado aún más a Quiles -un influencer amamantado por la torpeza en la arena de internet de la derecha tradicional- recurriendo a él el último día de campaña en Aragón. Todo para frenar el empuje de Vox en la juventud. Así nunca recuperarán ese voto.

Al final resulta que Neil Simon era asesor en comunicación política. Joder con 2026.