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Los 40 y tantos golpes

La carta bomba que Donald Trump esconde y de la que nadie habla (y no es Groenlandia ni Venezuela)

El peligro no viene del emperador, sino de su guardia pretoriana, es decir, del ICE cazainmigrantes. Pero nadie parece darse cuenta. ¿Qué gobernante posterior a Donald se atreverá a mandar a miles de paramilitares al paro sin miedo a ser degollado?

Teyana Gibson Brown, esposa de Garrison Gibson --un hombre de Liberia--, exclama después de que un agente del ICE usara un ariete para derribar una puerta antes de arrestarlo la semana pasada.
Teyana Gibson Brown, esposa de Garrison Gibson --un hombre de Liberia--, exclama después de que un agente del ICE usara un ariete para derribar una puerta antes de arrestarlo la semana pasada.AP
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El ICE, siglas en inglés del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, cumple un año de vida en su rediseño dopado por la Administración Trump con el objetivo de detener y deportar inmigrantes como un reloj sin misericordia. Para celebrarlo, capturó anteayer a Liam Ramos en la entrada de su casa en Columbia Heights (Minnesota). El peligroso Ramos, pandillero en potencia que en lugar de cadenas de oro gusta más de ver capítulos de La patrulla canina, acababa de salir de la escuela. Parece ser que fue usado de cebo por los agentes migratorios para llamar a la puerta del domicilio en el que vivía y detectar si se escondía más gente en su interior.

En ningún caso la detención de Ramos es un abuso edadista, ya que el niño es cuatro años más viejo que el ICE trumpiano. Tanto su padre como él han sido llevados a un centro de detención en Texas, a 2.000 kilómetros de su hogar.

Periodistas, analistas y fruteros discuten sobre lo que pasa en Davos y en Groenlandia. Mientras reflexionan sobre la cara de Chamberlain que se les está poniendo a los líderes europeos y de cómo Mark Rutte, secretario general de la OTAN, es el Arbeloa de la política exterior, nadie se plantea que la ocurrencia más peligrosa de Donald Trump no es que esté por venir, sino que ya está aquí. Eso pasa por nuestra nociva fascinación por la novedad. Es el chute de dopamina que dan las ocurrencias del líder, tan irresistible que uno ya sueña con que Trump tome posesión de Benalmádena y nombre virrey a Juan del Val.

Es un error creer que el presidente estadounidense es por sí solo la mayor amenaza para la democracia. El peligro real viene de su guardia pretoriana, es decir, del ICE. Pero nadie parece darse cuenta.

En la Antigua Roma, los pretorianos formaban el cuerpo de élite que debía proteger al emperador. Sus miembros, siempre corruptibles y dispuestos a subastar el trono, gozaban de privilegios notables: menos años de servicio que un militar corriente (16) y un bonus de 4.000 sestercios cuando se retiraban.

Nunca una agencia estadounidense ha disfrutado de un presupuesto tan descomunal como el ICE. Cuenta con más recursos que el FBI o la DEA, la agencia antidroga. Su partida de fondos hasta 2029 supera los 100.000 millones de dólares, y la plantilla alcanza los 20.000 empleados. La mayoría armados hasta los dientes y con un grado de impunidad insultante cuando se exceden en las redadas.

Estos pretorianos son la carta bomba de despedida que Trump dejará al abandonar el Despacho Oval. La broma asesina del Joker con pelo color huevo hilado. Su sucesor -sea demócrata o republicano- tendrá que atreverse a desmantelar este ejército paralelo. El problema es que no bastará con firmar una orden. Piensen lo que puede suponer para la estabilidad de una democracia que miles de paramilitares sean enviados al paro y dejados en barbecho a la espera de que algún iluminado les prometa la nueva paga de los pretorianos y el país salte por los aíres. Entonces sólo habrá una solución: sobornarlos.