A veces, algunos lectores se quejan en los comentarios de internet de que estos textos tiendan al ensimismamiento. Los entiendo, ¿eh? Pero ¿qué voy a hacer? ¿Escribir unas líneas para decirle tres verdades a Donald Trump sobre su gestapo de gordos enmascarados? Eso también lo he hecho ya y me quedó una bobada presuntuosa.
Así que ¿me perdonaréis otra historia íntima y ensimismada? Arrastro conmigo tres cajas de fotografías antiguas que me han acompañado en seis mudanzas. Las he olvidado en un armario muchas veces y en otras ocasiones las he tenido muy presentes. Por ejemplo, ahora. En estos meses pienso en las cajas casi todos los días y rebusco en ellas a menudo. Si hasta mi foto de perfil de WhatsApp está sacada de ese tesoro.

Collage de diciembre con frases sueltas de whatsapp

Historia del pelo
El conjunto incluye todo lo que pueda imaginarse que existiera entre las polaroids de los años 70 y algún daguerrotipo de tema rural que no me atrevo a datar. Y en él destaca la figura de una mujer de belleza deslumbrante y gesto desafiante, una cara inconfundible en el collage de mi familia paterna. Fue Blanca Orella, la hermana de mi abuela Mercedes, y durante años representó el gran mito oscuro en una saga de hijos únicos y vidas solitarias. Blanca fue una mujer con tendencia al tumulto, según el relato que me llegó, y con un espíritu demasiado libre para su mundo, según interpreto ahora.En una fotografía, aparece vestida con kimono y sombrilla japonesa, calculo que en algún momento entre 1932 y 1936. En otra, aparece con su hermana, su némesis. Los rasgos de Blanca son tan nítidos y su mirada es tan intensa como la describió Mercedes.
En fin, lo que viene en adelante es más o menos un tópico: una foto de Blanca me llevó a buscar su nombre. Así di con el de su hija. Y entonces busqué el nombre de la hija y encontré una esquela en el Diario Vasco publicada hace justo dos años, con una foto de carnet suya y con los nombres de dos primas segundas mías de las que ignoro todo: Marta y Elena. No sé sus apellidos. Sí sé que mi padre hizo un indagación parecida antes de morir, que encontró de alguna manera a la hija de Blanca, a su prima perdida, y que se dirigió a ella. También me consta que aquello no prosperó más allá de algunos mensajes de cortesía y alguna leve tristeza.
Lo sé también: es un poco tonto pensar en que estos dos párrafos vayan a ser nuestro pequeño Dora Bruder de Patrick Modiano, pero, Marta, Elena, si tenéis curiosidad, tengo fotos de vuestra abuela. Y mi hermana se llama como vuestra bisabuela. Supongo que no es difícil dar con mi correo electrónico. Espero que estéis bien.

