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Ciudad abierta

Para qué sirve un rey (50 años después)

El libro de Juan Carlos no resuelve, en fin, la pregunta de para qué servía un rey hace 50 años: esta ya estaba resuelta

El Rey Juan Carlos saluda a Adolfo Suárez, entonces secretario general del Movimiento.
El Rey Juan Carlos saluda a Adolfo Suárez, entonces secretario general del Movimiento.MUNDO
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La publicación de las memorias de Juan Carlos I coincide con el 50º aniversario de la muerte de Franco, de su propio ascenso al trono y del inicio de la Transición. No es casualidad: el emérito desea reivindicar su papel en la consolidación de la democracia. «Tengo la sensación de que me roban mi historia», ha declarado.

El problema es que nadie necesitaba un libro como este para entender la relevancia de la monarquía, y del propio monarca, durante aquellos años. El relato canónico del proceso que se abre tras el fallecimiento del dictador -lectura que, en sus líneas generales, muchos seguimos defendiendo- ya otorgaba un papel fundamental a Juan Carlos en la estabilización del sistema. Hace mucho que se destaca su importancia como puente entre la legitimidad franquista y la democrática. Hace mucho que se resalta su capacidad para entender el estado de ánimo del país, o su función como apaciguador de unos sectores inmovilistas que sintieron que debían acatar las decisiones del heredero de Franco, por mucho que no les gustaran. También se ha celebrado su acierto al nombrar a Suárez y al amparar su proyecto. Y no hablemos de la relevancia que se dio entonces y se sigue dando ahora a su decisión de no apoyar el intento de golpe de Estado de 1981. Muchos ya consideraban, además, que la visión positiva de aquel papel era compatible con una visión negativa del comportamiento de Juan Carlos en los últimos años de su reinado. Si lo segundo no borraba lo primero, lo primero tampoco debía excusar lo segundo.

El libro de Juan Carlos no resuelve, en fin, la pregunta de para qué servía un rey hace 50 años: esta ya estaba resuelta. Pero el caso es que tampoco arroja luz sobre la utilidad actual de la monarquía. Porque esta ya no se basa sólo en lo que hizo durante la Transición. Tanto el discurso del rey del 3 de octubre de 2017 como su presencia en las localidades afectadas por la riada de 2024 mostraron dos funciones importantes del monarca: su papel como defensor simbólico del orden constitucional en momentos de crisis, y su rol como representante de las instituciones y de la nación en situaciones de catástrofe o emergencia. Para muchos, Felipe VI ha mostrado que la monarquía sigue siendo útil cincuenta años después. Y no ha necesitado un libro para explicarlo.