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Carne de Cañón

Anda, sube a la habitación y me esperas de rodillas

Eso es lo que le decía un multimillonario a la modelo que le acompañana a una boda. Las mujeres buscan otro tipo de maromos para emparejarse. O no.

Anda, sube a la habitación y me esperas de rodillas
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La edad, dicen, iguala. Antes lo decían por los estragos del tiempo. La belleza se deteriora con los años, lo que pone a la guapa a la altura (estética) de la fea. Ahora las que lo tuvieron todo por guapas (Mar Flores, Isabel Preysler) quieren que se las recuerde como las feas que nunca fueron. Debe de ser que la injusticia también es poética. Nadie cree que desee la suerte de la fea. La belleza es un don amargo, pero más putada es ser fea. Y que no se consiga el trabajo deseado por eso. O que el amor tarde en llegar por idéntico motivo. Una cosa está clara: las guapas también tienen que tirarse a tíos que les dan asco (pero también dinero). A las feas no les toca el premio gordo.

La ficción biográfica es también cosa de hombres. Sin salir del campo semántico: hubo un multimillonario -especulen- que, cuando la modelito de turno le apostillaba algo en las bodas, le daba las llaves de la habitación y la mandaba a "esperarle de rodillas" para que se "la comiera" cuando subiese. En su obituario muchos escribieron que era un caballero español. Era de los que ponía pisos y regalaba abrigos de visón. A saber cuánto ha subido ese precio de vivienda.

La atracción de las mujeres por hombres ricos está de sobra estudiada. La psicología evolutiva lo llama hipergamia estratégica por recurso inmediato. David Buss, en Mate Switching Hypothesis (2017), sostiene que "las mujeres pueden buscar parejas de mayor estatus económico no por atracción hacia la edad, sino como recambio estratégico para acceder de inmediato a recursos y movilidad social".

El gusto de las mujeres por los hombres no es universal. Unas los quieren ricos. A otras les gustan esos guapos que se pueden permitir ser pobres. O chulos.

En orden, las cualidades que la mujer busca en un varón según los estudios publicados: amabilidad (88,9%), apoyo (86,5%), inteligencia (72,3%), educación (64,5%), confianza (60,2%), ambición (52%)... La seguridad financiera (52,1%) está en séptimo lugar, solo por delante de la asertividad y el atractivo.

Los datos (supongo) son bastante parecidos a los de las generaciones precedentes. Lo evidente es que las mujeres no han girado hacia las masculinidades blandas, deconstruidas, sobre las que tanto escribimos los medios. [Aunque algunos aliades quizás confundan lo de deconstruirse con desvestirse].

Es casi seguro que la cantante Lana del Rey y la modelo Bella Hadid han lidiado con muchos hombres que presumían de nueva masculinidad.

La cantante cuenta en Interview Magazine que vivió una etapa en la que el «caos era una forma de confirmación, como si la calma significara que nada importante estaba pasando». Ahora ha encontrado «el tipo de amor en el que puedes sentarte en una habitación sin decir nada y aun así sentirte vista».

El cambio lo propició Jeremy Dufrene, el guía de caimanes de Luisiana con el que, contra todo pronóstico, se casó. «No quería a un artista. No quería a alguien adicto a la teatralidad de estar vivo». Él dijo que trabajaba con caimanes y que tenía la piel dura.

Sigue Lana: "No hubo ningún intento de seducir ni de ser interesante. Toda mi vida he estado rodeada de gente que entraba en la habitación como si creyera que Dios les está mirando". El novio de Bella Hadid es un rudo cowboy llamado Adam Bañuelos (y con un padre llamado Asunción), del que dice cosas parecidas.

Hadid y Del Rey buscan ese rasgo tan tradicionalmente masculino como es la protección. En 2020, la Universidad de Viena publicó un estudio que mostraba que las mujeres sentían más excitación con hombres que actúan con dominio de los escenarios que con los que persiguen protagonismo.

Es difícil saber si los hombres deconstruidos correrán la misma suerte que las feas. No hay que dejar de pensar en esas modelos acomplejadas por sus pies o por ser demasiado altas.