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El pueblo serrano de Valdemorillo se despertó ayer con un regalo inesperado. De las seis estrellas que repartió la famosa guía Michelin en la Comunidad de Madrid, una de ellas recayó en La Casa de Manolo Franco, ubicada en esta localidad del oeste de la región.
La noticia corrió como la pólvora encendida por este municipio de cerca de 14.000 habitantes, revolucionado con la llegada del prestigioso galardón.
«Estamos muy orgullosos de lo que ha conseguido. Es una familia de toda la vida», aseguró ayer Ana, que regenta la tienda de ropa Algo pa' llevar, justo enfrente del restaurante. «Esperemos que esto sirva para que venga más gente. Valdemorillo era la caña, pero lleva 10 años en declive. Parece un tanatorio», explicó Javier, un vecino mientras se tomaba una cerveza en una terraza.
Manolo Franco tuvo que regresar ayer apresuradamente desde Murcia -donde se celebró la gala- para atender a los medios de comunicación. Nada más llegar a su acogedor salón, Manu sacó el famoso muñeco Michelin de la caja para posar en la sesión de fotos.
- ¿Qué sintió al sonar tu nombre?
- Este año no estábamos tan pendientes. Lo esperábamos con ilusión, pero el trabajo ya estaba hecho. Me acordé de mi padre, de mi hermana ya fallecida y de mi mujer, que me ha apoyado siempre. Es un premio a mucho esfuerzo y mucho sacrificio. Para cocinar el menú largo preparamos 132 elaboraciones.
La historia comenzó en 1969 cuando su padre ya regentaba un bar en la calle de la Fuente de Valdemorillo. Allí hizo él sus primeros pinitos como cocinero y camarero. Sin embargo, Manuel Franco hijo se fajó en el periodismo y recorrió el mundo contando las carreras de Fórmula 1 para la cadena Ser y el diario As.
Harto de viajar durante 20 años, decidió dar un vuelco a su vida y regentar el bar que había sido de su padre con el fin de estar más tiempo con su familia. El restaurante abrió sus puertas en 2019, justo antes de la pandemia, y hace dos años decidió doblar la apuesta y reducir las mesas a siete para ofrecer un menú degustación que recrea un recorrido por la sierra.
Una carta para cerrar los ojos
Se trata de una carta que invita a cerrar los ojos para sentir al límite y realizar un viaje por los recuerdos y los sabores de la familia Franco, por esas casas de pueblo y por las hierbas aromáticas que recorren Valdemorillo. «Es una comida muy de sentimientos, muy de sensaciones y muy de campo de esta zona de Valdemorillo. Es una comida que cuenta una historia y tiene un porqué», relata.
Su paseo por la sierra arranca con un chocolate con churros, continúa con un plato de tomillo y cantueso con raviolis de jabalí, se detiene en la croqueta de la abuela Pepa, hace una parada en un arroz de gamo y un bacalao pil pil de níscalos para rematar con el arroz con leche de Manolo Franco, que merece un apartado especial.
De hecho, Manu entrega un papel a los comensales en el que explica qué significa ese postre para él. «Ésta es la historia de un arroz con leche que curaba, un plato que alimentaba el cuerpo, el alma y la necesidad de cariño... Este arroz es el heredero de un arroz que el padre de Manu le hacía a su hijo cuando no se encontraba bien», reza el texto.
El trayecto no ha sido un camino de rosas. El restaurante ha sobrevivido a la pandemia, a Filomena y a la subida de los precios de los productos por la guerra de Ucrania. «Es un proyecto familiar que hemos sacado adelante con nuestro pulmón. He pedido tres créditos y he tenido que vender mi casa. Nadie me ha regalado nada», confiesa el chef.
La Casa de Manolo Franco cuenta además con el hándicap de que se encuentra en un pueblo a 40 kilómetros de Madrid. Según asevera el cocinero, el 80% de su público proviene de la ciudad, aunque también hay muchos clientes que llegan desde los pueblos de los alrededores, como el Escorial, Villanueva de la Cañada o Pozuelo.
Siempre es Manu el encargado de recibir a los clientes para abrirles la puerta de este viaje gastronómico. «Aquí pasan cosas muy bonitas: gente que viene a festejar su cumpleaños o a celebrar que ha vencido al cáncer», concluye.



