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A veces las incógnitas se despejan cuando uno menos se lo espera. Que se lo digan si no al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, quien desayunó ayer con su confirmación exprés como candidato para las próximas elecciones municipales (2027). «No es una decisión que se tome a la ligera», ha venido repitiendo desde su regreso a la actividad política, tras su baja de paternidad. Un retorno, por cierto, marcado por otras palabras suyas sobre su futuro, durante una entrevista con EL MUNDO publicada el 24 de agosto, que generaron bastante revuelo en los mentideros populares madrileños: «Ahora mismo no podría garantizar que me volveré a presentar en 2027». Sin embargo, con un sencillo y rotundo «sí», también en las páginas de este periódico, Isabel Díaz Ayuso puso fin a ese proceso de reflexión. Ambos volverán a formar pareja (política) para los comicios de 2027.
«No suelo llevarle la contraria a la presidenta y, por tanto, tampoco lo voy a hacer esta vez», resolvía Almeida durante su visita a Madrid Fusión. Unas horas antes, durante ese insospechado proceso de digestión, había compartido mesa con la propia Ayuso. Sólo ellos saben si hablaron del asunto. Lo que parece claro, a tenor de las reacciones municipales, es que no lo habían hecho previamente. Al menos no lo suficiente como para no pillar ayer con el pie cambiado al regidor madrileño y a su gente.
Aquellas llamativas dudas que el alcalde aireó en verano, condicionadas, eso sí, por la llegada de su hijo Lucas, causaron cierta sorpresa en los despachos de Sol. Allí consideraban (y consideran) que el ticket electoral Ayuso-Almeida sigue siendo una garantía para que el Partido Popular conserve su magnetismo en Madrid. Y, también, que pese a las diferencias del pasado (y las que existen en el presente) Almeida sigue siendo la apuesta más fiable. Aunque de vez en cuando surgen nombres (entre ellos algún que otro consejero o incluso algún alfil ajeno al Ejecutivo regional) para ser la cabeza de ese futuro cartel electoral, ninguno alcanza el pedigrí del actual alcalde de la capital. Por eso, el pasado, pasado está. De ahí ese «sí» de la presidenta del partido para sofocar cualquier atisbo de incertidumbre.
Cierto es, también, que en Cibeles manejaban otro timing. Que nadie contaba con esta confirmación tan prematura, a 16 meses de las próximas elecciones. Cuentan que el regidor, metódico y escrupuloso con las decisiones que afectan a su persona, se había fijado el próximo verano como momento clave para dar oficialmente ese paso al frente. Una ruta marcada por ese torbellino de cuestiones vitales que le vienen acompañando desde el día después de su mayoría absoluta en los pasados comicios de 2023. Hay quien pone sobre la mesa también hipotéticos escenarios políticos que van más allá de los muros del Ayuntamiento. Es decir, que el cambio de signo en Moncloa pudiera desembocar en un nuevo despacho. Pero eso, como bien sabe Alberto Ruiz-Gallardón, que cambió Cibeles por el Ministerio de Justicia unos pocos meses después de su tercera victoria en las urnas, no resultaría ningún problema.
Buena parte de todas esas cábalas e hipótesis saltaron por los aires con esa confirmación por sorpresa de Ayuso. Ambos aterrizaron de la mano de Pablo Casado, hace ahora siete años, conformando una pareja que amaneció sin aura -Almeida firmó el peor resultado del PP en la capital, aunque acabó gobernando- y ha acabado afianzada como una de las apuestas más consistentes del partido. Llevan de la mano desde 2019, con aquel memorable amago de ruptura dos años después, y así seguirán al menos hasta 2027.
"Debería haber sido él quien cerrara su futuro"
«Empezamos juntos en esto en el año 2019 y no se me ocurriría otra cosa que no sea estar juntos en todo lo que nos queda por delante, que es muchísimo trabajo», echaba la vista atrás Almeida, horas después de leer en este diario que había sido renovado. «Vamos a seguir trabajando juntos en este proyecto común que es Madrid, en este proyecto que está funcionando. Lo mejor todavía está por venir», abundaba.
Almeida se convirtió en el líder municipal del PP en 2017, tras derrotar en una votación al número dos de la lista de Esperanza Aguirre, Íñigo Hernández de Luna (diputado de Vox en la Asamblea desde 2019). Así que, alcanzará en esas elecciones de 2027 una década como máximo responsable del partido en Cibeles. De repetir triunfo, se le abriría la puerta de un tercer mandato, como a Gallardón y a José María Álvarez del Manzano, que es el regidor de la capital más longevo de la democracia: acumuló 12 años empuñando el bastón de mando. Con ese pulgar arriba de Ayuso, podría igualar ese registro, además de completar algunos de los proyectos que quedarán pendientes al término de esta legislatura, como la reforma del paseo del Prado. En cualquier caso, son sólo suposiciones.
Porque, ayer, a Almeida le tocó digerir esa decisión de la «presidenta de su partido», a quien consideraba una de las claves, que mantenía guardada en el cajón para ser el mismo quien marcase su destino. La oposición, como es lógico, sacó el colmillo. «Debería haber sido él quien cerrara su futuro y no Ayuso, que parece que le va marcando el paso», lanzaba por ejemplo la portavoz socialista, Reyes Maroto, que no tiene segura su continuidad. Si nada cambia en los 16 meses que asoman por delante hasta las elecciones, él volverá a ser el rostro popular en la capital. Y es que a veces las incógnitas se despejan cuando uno menos se lo espera...

