- Gabriel Rufián. "Cómo de mal estaremos para que alguien plantee que yo sea presidente de España"
- Ana Obregón. "Soy inteligente, tengo un cociente intelectual de 124. No tomé la decisión de Anita sin pensarlo bien todo"
- Marta Flich. https://crystallakenet.org/papel/2025/07/27/686bcca4e4d4d81f0c8b458d.html
- ¿Cuál es el balance del primer mes y medio como padre?
- El balance es muy bueno. Encaraba esta experiencia con cierta precaución, pero he tenido la suerte de que el niño es buenísimo, se porta fenomenal, es bastante más tranquilo que el padre y nos deja dormir. Así que muy contento. Me dicen que es un bebé trampa para animarme a tener los próximos muy rápido.
- ¿Ya está pensando en el segundo?
- El segundo va a caer. Eso seguro.
- Cuidado porque el segundo complica las cosas de modo exponencial. Es terrible para los padres perder la superioridad numérica.
- Bueno, yo ya la he perdido, ya vivo dos contra uno. Esta familia es Teresa y Lucas contra mí. Lo asumo.
- Sabiendo que el bebé sí, ¿el padre está a la altura?
- Hombre, decir que yo estoy a la altura de algo es muy optimista porque la altura nunca ha sido lo mío [risas], pero creo que estoy cumpliendo. Me he implicado mucho porque tener un hijo es una experiencia increíble y cuando te pasa con 50 años es una maravilla que ya no esperaba vivir. Quiero estar con él todo el rato, le miro cuando llora y cuando no llora... No sé si estoy a la altura de lo que el niño espera, pero trato de hacerlo lo mejor posible.
- ¿Ha liado alguna de padre primerizo?
- Sorprendentemente, aún no. Los pañales los cambio por el lado correcto, no le atraganto con los biberones, más o menos le saco los aires... Lo único es que me tiré media hora para averiguar cómo se pliega el carrito del bebé para meterlo en el coche. Eso está diseñado para poner a prueba los nervios de los padres, son obras de ingeniería complejísima. No te exagero: media hora en la calle en Madrid, que la gente ya se paraba a mirar qué coño hace el alcalde peleándose con un carro. Peleando y perdiendo.
- ¿Desconecta de verdad o está todo el rato pendiente del teléfono?
- Me he desconectado sinceramente. Para eso yo soy muy cartesiano: estoy de permiso de paternidad y ahora me toca ser padre y no alcalde. No hay nada peor que creerse imprescindible. Tampoco es cuestión de que los ciudadanos se lo tomen al pie de la letra, porque quiero que me sigan votando con V y no con B, pero creer que el mundo no gira sin ti es de las peores cosas que una persona puede hacer. No estoy y no pasa nada porque tengo muy buen equipo y mi prioridad ahora es mi familia, mi hijo, mi mujer, descansar, desconectar y estar con ellos. Lo cierto es que lo he conseguido y no tengo ninguna prisa por volver.
- ¿Pero vuelve seguro?
- Sí, vuelvo seguro, pero no volveré con la alegría de otros años ni con la misma filosofía de trabajo. Dicho de otra manera, voy a estar más en casa y voy a llegar antes de lo que hacía hasta ahora. Voy a cambiar mis hábitos de trabajo porque además soy de los que piensan que eres mejor en tu trabajo si en tu vida personal también estás bien. Tengo muy claro que voy a adaptar mi trabajo a mi familia y no al revés.
- ¿Se ve de alcalde a largo plazo?
- Te voy a responder con sinceridad: partido a partido. La vida me ha cambiado tanto que necesito una reflexión incluso de cara a 2027 [año de elecciones]. Creo que es honesto decirle a la gente que volver a presentarme no es una decisión automática porque mi vida no es la que era en 2023 y tengo que pensarlo bien. No lo tengo claro, igual quiero cambiar de trabajo. Es lícito.
- ¿No echaría de menos el poder?
- No, no me he hecho adicto al poder. Ser alcalde de una ciudad como Madrid es muy gratificante, pero es duro. Peor es estar en la mina, por supuesto, pero tiene una exigencia y un coste personal grandes y no puedes seguir simplemente por seguir o por pensar que lo tienes bien para volver a ganar sino porque tienes un proyecto y tienes ilusión. Y luego, insisto, mi vida personal ha cambiado completamente. Ya no tengo esa vida de adolescente despreocupado, ahora soy un padre de familia. Entonces, esto también hay que consultarlo en casa. Eso lo cambia todo. Lo pensaré bien cuando llegue el momento y decidiré, pero ahora mismo no podría garantizar que voy a volver a presentarme.
- La sensación es que la izquierda ha entregado Madrid, que puede estar siendo alcalde hasta que sea abuelo.
- Creo que si gobernamos nosotros es, principalmente, porque la mayoría de la gente piensa que lo hacemos bien, pero también creo que la izquierda madrileña tiene una desconexión de la realidad social. Es decir, cuando tienes tu peor resultado electoral de la democracia en la ciudad de Madrid, como le pasó en 2023, el problema no es de los demás, es tuyo. Creo que falta una cierta autocrítica. Si algo he aprendido en política es a no menospreciar nunca al adversario, pero es cierto que los políticos de izquierdas de Madrid los veo un poco perdidos. Estoy seguro de que la ciudad tiene problemas, pero también de que ellos no entienden cuáles son las inquietudes de los madrileños en estos momentos. Dicho de otra manera, no se ganan elecciones en Madrid hablando de fachosfera. Esos lemas tan vacíos y tan huecos no es lo que necesita la gente.
- Usted jaleó esa etiqueta con aquello de "seremos fascistas, pero sabemos gobernar".
- Decir eso fue un error. En política no estamos acostumbrados a hacer autocrítica y yo con esto tengo que hacerla. No estuve fino porque era una ironía y la ironía no se capta en este tiempo de redes y titulares. La próxima vez a ver si estoy más fino.
- Vamos con la autocrítica. ¿Qué le falta como alcalde?
- La Champions del Atleti. Cuando me preguntan si prefiero ser reelegido como alcalde o ser presidente del Atleti, respondo siempre lo mismo: alcalde ya he sido. Pero no voy a evadir la pregunta. Tú me has pedido autocrítica y hay cosas que mejorar. Ahora la gente está quemada con el tema del tráfico y las obras y tengo que darles la razón. Tenemos que ser capaces de ejecutar más rápido las obras porque es cierto que la movilidad en Madrid está complicada. Creo que ahí es dónde más fallamos.
- ¿A quién dejaría de canguro de Lucas, a Pedro Sánchez o a Isabel Díaz Ayuso?
- A Julián Álvarez. Un buen tipo del que te puedes fiar, una persona honesta a la que dejaría las llaves de mi casa.
- Buen regate.
- A lo Futre [risas]. Ahora en serio, esto de la paternidad te cambia tanto la manera de pensar. Una pregunta que ahora me atormenta es si seré capaz de ser un buen padre. Es que no hay una responsabilidad más grande que ser capaz de educar a tu hijo, darle unos valores, una formación, una felicidad... Y luego el miedo, tienes miedo a cosas todo el rato.
- Eso ya no mejora.
- Antes de que naciera, inauguré una escuela infantil y vi que los cambiadores tenían un reborde. Pregunté a la encargada para qué era y me explicó que para que si te despistas cuando le estás cambiando el pañal, no se pueda caer. Desde entonces sueño con el cambiador y estoy obsesionado con que el niño se me puede caer en cualquier momento.
Almeida posa para la entrevista en el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento.
- Lo que no puede hacer, vistos sus vídeos virales pegando pelotazos a niños, es jugar con él al fútbol.
- Tengo mejor pie de lo que la gente piensa.
- Pero peor de lo que usted piensa.
- [Risas] Sí, eso puede ser, pero te digo una cosa: si yo juego al fútbol con Lucas, le entreno y le enseño, no descartes que llegue a profesional.
- Usted se enamoró de la política viendo ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, una serie en que los políticos son todos decentes e inteligentes. ¿Le ha decepcionado la realidad?
- La política es mejor de lo que la gente piensa. Sé que es difícil de creer en el mundo en que vivimos y ante la realidad que tenemos en estos momentos, no sólo en España por cierto, pero es así. En el Ayuntamiento veo gente realmente buena que todos los días trabaja para que haya una ciudad mejor y en la oposición también hay mucha gente así. Es cierto que luego tenemos los titulares y las trifulcas que hacen mucho daño. Me preocupa lo que se transmite a la gente porque la bronca y el mal tono generan desconfianza y descreimiento.
- Pero eso lo propician ustedes, todos caen en ese tono.
- Claro, eso es problema nuestro. No sabemos transmitir lo positivo que hay en la política, pero, fíjate, cuando la gente joven me dice que está harta de la política tal les digo: "Por favor, cánsate de nosotros, pero no te canses de la política". Porque abandonar la política es lo peor que nos puede pasar como democracia. Cada persona que se desengancha de la política es un problema para la democracia y lo aprovechan los extremos. Por eso siempre digo a los jóvenes que a nosotros nos pongan a parir, si quieren, pero que de la política no se vayan nunca, sean de derechas o de izquierdas, pero que sigan en la sociedad.
- La mayoría absoluta le ha evitado tener que volver a pactar con la extrema derecha. ¿Aliviado?
- Es un tanto complicado, pero yo pacté con Vox y no me avergüenzo. La clave de todo pacto político es su utilidad y este pacto lo fue hasta que Vox decidió que quería dejar de ser útil. Hice lo que creía que era mejor en cada momento para Madrid siempre que no me forzara a traicionar mis principios, cosa que sinceramente creo que no hice. La situación política actual dicta que va a haber muy pocas mayorías absolutas y los pactos van a estar a la orden del día. Lo que me gusta de mi partido es que cuando tiene que pactar con Vox, lo hace, y cuando Vox se quiere ir de los gobiernos o forzar cosas que nosotros no admitimos, se va sin que nosotros hagamos nada. En un momento dado, los de Vox dijeron que se iban de los gobiernos autonómicos porque no querían entrar al reparto de inmigrantes y nosotros dijimos: "Por ahí nosotros no pasamos. Si os queréis ir, adiós". Creo que es un buen mensaje como partido político que hay líneas rojas que no se van a cruzar sólo por poder.
- Indirecta muy directa al actual Gobierno, sospecho.
- Bueno, Sánchez ha pactado y ha vendido los principios de su partido por gobernar. Aparte de todos los destrozos que, para mí, está haciendo Sánchez como presidente, uno de los más graves, y que pagará el PSOE en el futuro, es haber renunciado a un partido de mayorías. Creo que los partidos estamos para convocar a amplias mayorías, porque desde la mayoría es donde se gobierna. No sé si en las próximas generales el PP va a tener mayoría absoluta, porque es muy complicado hoy en día, pero sí creo que somos el único partido que en este momento tiene la capacidad de poder aglutinar una gran mayoría. El PSOE se ha apartado de ese camino.
- ¿Cree posible que Pedro Sánchez no supiera nada de lo que, aparentemente, hacían Cerdán y Ábalos?
- No. ¿Tú te vas con tres colegas de viaje, te recorres España en el mismo coche y no sabes nada de lo que hacen esos tres colegas? Cómo son, cómo actúan, en qué lugares paran en la carretera... Eso estoy convencido de que lo sabes y te da una pista de lo que hacen. En fin, que estoy de baja de paternidad, hombre,
- Hemos hablado de la faceta de padre, pero tardó casi lo mismo en dejar de ser soltero. ¿Disfruta de la vida de casado?
- He tardado mucho y ahora me gustaría haberlo hecho antes. Con Teresa, claro. Me he adaptado rápidamente, ya había sido un solterón más que de sobra.
- ¿No forzó demasiado el personaje, ese tipo corriente que no ligaba, un poco torpe, etc.?
- Puede ser que a veces se me fuera un poco la mano, pero soy bastante así, no fuerzo mucho la máquina. Creo que es mejor pasarse de frenada riéndose de uno mismo que tomarse demasiado en serio. No me importa nada reírme de mí mismo, el sentido del humor empieza por ahí. No vale ser muy gracioso porque te descojonas de los demás y luego no admitir una broma sobre ti. No, no, te descojonas de ti primero y luego ya de los demás. Esa es mi filosofía aunque a veces, quizás, me haya pasado de frenada.
- ¿Le ha dolido algo que se haya dicho sobre usted?
- Claro, lo personal. Aparte de las trifulcas políticas que pueda haber y son inevitables, reconozco que con el tema de las mascarillas lo pasé mal. Fue duro. Pero quizás lo que más me dolió, porque me cambió bastante la perspectiva, fue en mis primeros meses como alcalde. Iba andando tranquilamente por la calle y unos adolescentes me empezaron a gritar lo de carapo… ¿Qué hacen? ¿Por qué me tienen que insultar? ¿Cómo los hemos envenenado de esa manera? Ese mote, que no deja de ser un insulto, se normalizó. Los políticos hemos naturalizado la violencia verbal y el tono confrontacional en nuestra forma de relacionarnos. En esto no somos un reflejo de la sociedad, sino que la sociedad es reflejo de la política. Por lo tanto, somos los políticos los que deberíamos dar mejor ejemplo.


