MADRID
El cubil

Demostración de fuerza (verdaderamente pacífica) de la vigencia del toreo

La feria de Otoño ha roto el techo de abonos con 19.428, Morante va a meter 46.000 personas en Las Ventas en un solo día y a Ernesto Urtasun y sus lides ultras les va a dar un perreque

Morante, ante la muerte del toro el pasado 8 de junio, cuando abrió la Puerta Grande de San Isidro
Morante, ante la muerte del toro el pasado 8 de junio, cuando abrió la Puerta Grande de San Isidro
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Escribo a Mario Sandoval para felicitarle por haber sido elegido para elaborar la carta de los jueves en El Jardín del Orfila, en una iniciativa que, más que una cena, puede ser una meditación a la luz de las velas: «Bajo el nombre Instantes Orfila, nace una propuesta sensorial donde lo importante no es sólo lo que se saborea». El texto lo pones en voz de Gustavo Díez y alguien podría dormirse frente a un steak tartar en el ambiente en penumbra del Orfila, «donde el tiempo se desacelera para permitir disfrutar de una experiencia gastronómica pausada y consciente». Mario me contesta con una cita en el aire y la fotografía de un toro disecado que ha colocado a portagayola en Coque. No hace falta ni ver el hierro para saber que es de Miura, tan largo, tan alto, con tanto cuello, la leyenda de la vértebra más, el mito del miedo. Curro se cruzaba de acera para no saludar a don Eduardo. Hace falta valor, pudiendo poner un garcigrande, Sandoval, tío: «Nos tenemos que ver antes de la feria de Otoño».

La feria de Otoño ha roto el techo de abonos de Las Ventas con 19.428, exactamente 1.199 más que en 2024. Estas cifras suponen un crecimiento de un 25% respecto a 2016, la frontera del aterrizaje de Plaza 1. El coso de Alcalá, 237 es el tercer recinto de afluencia de público anual tras el Bernabéu y el Riyadh Air Metropolitano.

A Ernesto Urtasun, ministro de (in)Cultura, y sus lides ultras va a darles un perreque. Igual se manifiestan pacíficamente en la Puerta Grande y dejan otros 22 policías nacionales heridos. Aunque por norma la Policía Nacional suele zurrar más en una salida a hombros de San Isidro que en una acción tipo kale borroka como la que suspendió La Vuelta.

La tauromaquia está intratable como hecho cultural en Madrid. Y Morante de la Puebla es una locomotora inalcanzable como acontecimiento. Tan sólo una hora es lo que duraron las entradas sueltas para verle el 12 de octubre en Las Ventas. Eso por la tarde, en la Corrida de la Hispanidad, cuando dará la alternativa a Sergio Rodríguez y será testigo de la despedida de Fernando Robleño.

Por la mañana, entre maestros como Curro Vázquez o César Rincón, abandera el festival de Antoñete, la idea expuesta en este periodico allá por mayo de levantarle un monumento a Chenel. Apenas quedan, al cierre de estas líneas, 2.000 entradas. Seguramente ya muchas menos. ¿Qué significa esto? Que Morante va a meter 46.000 personas en la Plaza de Toros de Madrid en menos de 12 horas, en un solo día. Una sacudida, un terremoto, la guinda a una temporada antológica, también dura, que ojalá acabe como merece. Pero, sobre todas las cosas, es una demostración de fuerza de la vigencia del toreo. Verdaderamente pacífica.