Una de las pocas cosas que sacamos en claro del documental navideño de Isabel Preysler en Disney+ es que su casa de Madrid, la famosa Villa Meona, necesitaba un repasito. No porque se haya pasado de moda, sino porque el tiempo puede con todo, hasta con el estilo neo-ochenta-clásico de la vivienda del matrimonio Preysler-Boyer. La mansión pide una reforma, una actualización, un lifting. Lo que la imagen de Isabel Preysler ya no podrá tener. La retirada de Julio Iglesias fue más o menos oficial; la de su ex mujer parece ser más un lento fundido a negro. O a beige, que es más fino.
La fama de la Preysler se basaba en una extraña mezcla de ubicuidad y enigma. Ella estaba en todos los sitios (sobre todo en las portadas de las revistas) pero ni hacía ni decía gran cosa. Era y estaba, y con eso teníamos suficiente. La idea de la elegancia que la filipina (que no "la china", como la llamaban) simbolizaba era aburridísima: nunca destacar, nunca desentonar, nunca dar nada pero siempre sugerir que hay algo que dar. Ese algo sólo lo verán los elegidos. Y los elegidos serán siempre ricos y poderosos.
Ahora que ya todos tenemos claro que geisha no significa prostituta podemos decir que Isabel Preysler era la geisha de España. ¿Utilizaría yo esa palabra para referirme a una mujer europea? Probablemente no. En cuanto envíe este texto a LOC me pondré a leer un trabajo académico titulado The (Sexist and Racist) Image of Isabel Preysler in the Spanish Media Coverage of Her Romantic Relationships. La (sexista y racista) imagen de Isabel Preysler en el tratamiento mediático español de sus relaciones románticas. Sólo el título ya me hace asentir con la cabeza: es cierto. Pero dónde estaría ahora Isabel (pronúnciese a lo Ruiz Mateos: "Isabeeeeeeelll") si no hubiese encajado a la perfección en el molde de la perfecta ama de casa de clase superalta y superideal. Un delicado jarrón chino (perdón: filipino), del que un señor puede presumir.
En su "documental" Isabel Preysler enseñaba a perder el tiempo en cosas que para el vulgo no son sino banales trámites de la vida cotidiana: hacer gimnasia, poner la mesa... El De niña a mujer de Julio convertido en De geisha a fantasma. La fama de Isabel Preysler, poco a poco, se desvanece. Los más jóvenes, si es que la ven, la verán como un espectro de un mundo anterior. Ni siquiera sabrán a qué viene eso de "Villa Meona". Fundido a beige.
