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Esta semana, Alejandra Martos Figueroa cumple 50 años. Los celebrará en familia, pero semanas después hará una gran fiesta de amigos. A la hija de Raphael y Natalia Figueroa, la hemos visto crecer junto a sus hermanos, Jacobo y Manuel, a la sombra del inmenso personaje del artista más grande de la música pop. Pero Alejandra sigue siendo una mujer discreta que nunca se subió a un escenario junto a su padre para que le cantara De niña a mujer. Nunca la hemos visto desfilar en una pasarela, ni sacar rendimiento a su apellido. Tampoco a sus hermanos. Una campaña como imagen de los diseños de bolsos de unas amigas suyas, es su única incursión puntual en el mundo de la publicidad. Debe ser complicado evadirse de la fama fácil, teniéndola en bandeja.
"Eso es labor de mis padres", dice a LOC. "Es la educación que nos han dado: ser personas normales. Mi padre es un currante que sigue trabajando como el primer día, con disciplina y horarios. Es el primero en llegar y el último en irse. De ellos aprendimos el respeto por el trabajo".
Natalia Figueroa, una mujer muy culta, periodista, escritora y aristócrata, también ha vivido con normalidad y sin relevancia personal ser la esposa de una estrella. Un día nos contó que Raphael, en casa, era un señor normalísimo. Un manitas capaz de arreglar un enchufe, si hacía falta. Un marido servicial. " Mi padre es más bien cocinitas", cuenta su hija. "Le encanta la cocina y preparar platos de cuchara, como el cocido o las lentejas, le salen genial. Y es que, al final, los cocineros también tienen mucho de artistas, ¿no?
- Tus padres llevan 52 años juntos, pero sus tres hijos se acabaron separando. ¿Qué pasa con los matrimonios de hoy día?
- A veces las historias no funcionan. Compartes todo con una persona (proyectos, aficiones...) y luego el camino es largo. Cada pareja es un mundo. El tiempo y las circunstancias cambian y evoluciona cada uno en otra dirección. Hay que desdramatizar todo eso, no es ninguna tragedia que un matrimonio se acabe. Tampoco hago caso cuando me dicen que siga el ejemplo de mis padres. El hecho de que todavía están casados, se lleven tan bien y se quieran como se quieren, es su propia historia, no la mía. Una pareja no puede seguir junta a cualquier precio, te arriesgas a ser extraordinariamente infeliz. También tengo unos cuantos amigos de mi edad que se casaron más o menos en mis años y continúan juntos y muy contentos. En la vida moderna hay más separaciones porque hay más facilidades para romper legalmente una relación y porque la mujer es independiente y puede disponer de su vida. Mis padres han estado juntos sin desbordarse el uno al otro, aunque cada uno es un personaje muy potente. Se adoran, han sido generosos el uno con el otro y se han respetado toda la vida.
- ¿Cambió mucho tu padre después del trasplante que le salvó la vida en 2003?
- Cambió en el sentido de ser muy consciente de esa segunda oportunidad, de haber vuelto a nacer y de enfrentarse a sus cosas de una manera mucho más serena, valorando más lo importante y dejando muy de lado las tonterías. Sigue trabajando muchísimo, grabando y haciendo giras, pero su actitud general es tranquila. Se siente a gusto y disfruta de lo esencial. Es alguien con mucha serenidad, como con más sabiduría.
Alejandra forma parte desde hace años del grupo de restauración del Museo Thyssen, donde está considerada como muy buena profesional y hasta ha hecho demostraciones didácticas cara al público de su trabajo. Los visitantes pudieron ver de cerca el resultado de la reconstrucción de El Caballero, obra de Vittore Carpaccio. Una labor minuciosa donde se consiguió la reconstrucción de la imagen y el armamento del noble renacentista y los ornamentos botánicos que le acompañan. El equipo del que formaba parte Alejandra explicó el trabajo a visitantes y aficionados.
"Me gusta mucho lo que hago", asegura. "Y ahí pienso seguir, no tengo idea de cambiar de profesión. La colección del Thyssen es maravillosa y los medios de los que disponemos son excelentes, del más alto nivel. Además, formamos un grupo unido y muy cohesionado. Estoy encantada con mis compañeros. Yo me siento muy, muy afortunada.
- Hace un tiempo una mujer de 50 era casi una anciana.
- Llevo mi edad fenomenal. Tengo buena salud, me cuido más que a los 30, claro. Tengo libertad, estoy soltera y sin compromiso. Soy madre de dos hijos maravillosos, una ya es mayor de edad y tira por el mundo artístico, quizá la interpretación. Las cifras, en realidad, no significan nada. Cuando cumpla 60 o 70, lo diré tan feliz. Me encanta que me feliciten, que mis amigos se acuerden de este día, de celebrarlo.
Natalia Figueroa es una mujer muy de familia, siempre dice que el encantaría que sus hijos no se fueran nunca de casa. Su única hermana, Matilde Figueroa, casada con el diplomático Tomás Chávarri, se murió joven, dejando cuatro hijos, entre ellos Marta Chávarri, una hija más para su tía y una hermana para Alejandra. "Su muerte fue un golpe durísimo para todos. Una tristeza enorme, una gran putada. Y perdona la expresión".
