¿Dónde está la fiesta? Y donde estuviese allí estaba también él. Porque de eso se trataba, de pasárselo lo mejor posible: todo el tiempo. Exprimir la vida al máximo, que nunca se sabe lo que va a durar. La proximidad de la muerte es lo que hace más grande la vida, el marco que resalta su excepcionalidad e importancia. Y la muerte nunca fue extraña para él. Había nacido en Londres el once de octubre de 1928. Ahijado de Alfonso XIII, hijo de un héroe de guerra, y también actor: Antonio Cabeza de Vaca, que murió cuando Fon -prefería que le llamasen así- tenía doce años. No en ninguna batalla, sino de un infarto durante un partido de polo. Pero tuvo tiempo de transmitirle a su hijo que había que ser valiente, muy valiente. Hay que saber ser más fuerte que el miedo.
-Tenemos sangre de conquistadores, Alfonso.
La tenían. Descendientes de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Con un montón de títulos nobiliarios. Marqueses de Portago, Condes de la Mejorada, Grandes de España.
Aprendió de su padre que el mucho don se queda cojo si no va acompañado del mucho din.
¡Dinero! Hacía falta mucho, muchísimo dinero, para divertirse sin parar, para meterse en aventuras en las que nadie se puede meter, para que se le abriesen todas las puertas de par en par. Pero siempre tuvo donde conseguirlo, no en vano su madre era una de las mujeres más ricas del mundo.
-Mamá, necesito otro Ferrari.
¿Qué le iba a decir? ¿No? ¿A su único hijo? Era la alegría de su vida, y había demostrado largamente su valor y valer; nada menos que campeón amateur de hípica durante dos años consecutivos en Francia, el más valiente y audaz de los jockeys de su generación; aunque demasiado alto para montar a caballo. Los coches de carreras parecían mucho más apropiados para él. Sobre todo después de que su amante, Dorian Leigh, primera supermodelo de la historia, lograra que subiese de peso, engordase ostensiblemente, tras descubrirle los grandes placeres de la cocina internacional en Londres, Nueva York y París.
Tuvo un amigo del alma, el norteamericano Eddie Nelson, Gunner para los amigos; y también para sus cómplices en los negocios oscuros: se aseguraba que carecía de escrúpulos por completo.
Portago era también una figura imprescindible en el Elefante Blanco, el club más divertido y desmadrado de París. Aunque Alfonso, Fon para los amigos, sólo bebía leche. Nunca le interesó como droga el alcohol.
En Enzo Ferrari encontró un segundo padre. Al principio tuvo que comprarle los coches para participar en las carreras, pero acabó convirtiéndose en el piloto mejor pagado de la escudería del Cavallino Rampante.
En su piso de la Avenida Foch de París se celebraron infinitas fiestas; por allí pasó el mundo entero, millonarios y modelos, deportistas y escritores, actores, políticos, músicos, magos...; gente de todos los pelajes y condiciones sociales. Si alguien nunca había estado en las fiestas del Marqués Sin Miedo no existía para el mundo. Tenía casas en Biarritz, la Quinta Avenida de Nueva York, St. Mortiz y un palacio en la calle Serrano de Madrid.
Amante también de la madre de Romina Power, la bellísima Linda Cristian, era capaz de hacer cualquier cosa por el placer de hacerlo, aunque el riesgo significara jugarse la vida.
-¿A qué no pasas con tu avioneta por debajo de ese puente?
-¿Cuánto te apuestas?
-Lo que tú quieras.
El ala izquierda pasó a milímetros de la pared.
El Marqués Sin Miedo. Su padre le había enseñado a domarlo.
-Si te da miedo algo, hazlo.
Vio morir a su amigo Ascari, y a Castellotti, y a muchos otros. No había casi ninguna carrera en la que no muriese alguien a quien quería y admiraba.
-La suerte está de mi lado, eso no me va a pasar a mí.
Cuenta la leyenda, que cuando veía un gato negro corría para cruzarse en su camino, para que se llevase la mala suerte con él. Probablemente habría llegado a campeón del mundo de Fórmula 1; Juan Manuel Fangio decía que ninguno otro era tan bueno como él.
El Marqués de Portago, el Marqués Sin Miedo, sigue siendo inspiración y primera referencia de deportistas como Fernando Alonso, Carlos Sainz o Pedro de la Rosa. Porque él fue el primer piloto de carreras español que condujo un Ferrari y se subió a un podio, en Silverstone, 14 de julio de 1956.
El sabor del último beso (La Esfera de los Libros), ya a la venta, es el último libro de Javier Puebla. Cuenta la peripecia de Alfonso Cabeza de Vaca y Leighton (1928-1957) también conocido como Alfonso Portago. Participó en cinco premios de Fórmula 1, siempre en la escudería Ferrari. Ahijado de Alfonso XIII, descendía del conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Su madre, americana, era una de las mujeres más ricas del mundo. Fue amante de la primera supermodelo de la historia Dorian Leigh, que inspiró a Capote el personaje de Holly Gollightly y de la actriz Linda Christian.
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