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Príncipe Andrés: los peloteos que convirtieron a un zascandil en indeseable

Con su detención el pasado jueves en su cumpleaños, el hijo de la reina Isabel culmina su descenso al abismo tras las revelaciones del caso Epstein, que supo llevárselo a su terreno. Siempre fue mediocre, aprovechón...

El príncipe Andrés de Inglaterra con Ghislaine Maxwell al fondo, sobre unas jóvenes.
El príncipe Andrés de Inglaterra con Ghislaine Maxwell al fondo, sobre unas jóvenes.
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Hay un hecho incontestable en las monarquías que es, en parte, el secreto de su solidez: están determinadas por el sexo, el ejercicio mediante el que el/la cabeza de familia procrea. Esto es: la entrepierna -y lo que se haga con ella- es relevante, al contrario que en otros cargos políticos a los que se accede por oposición o sufragio. Al privilegio real solo se llega por parentesco y sangre.

A Andrés de Inglaterra (66 años) le retiraron los títulos en octubre del año pasado por el ejercicio de su entrepierna. De príncipe y duque de York pasó a ser Andrew Mountbatten-Windsor, el apellido civil de la familia. Es de suponer que entre amigos se presentaría como Prince Andrew o, simplemente, Andy York, por abreviar. Otros títulos los conservará: Andy Randy, que los medios españoles tradujimos como "Andresito el Cachondo", referido a sus romances con beldades de la época. El mejor, sin duda, era Airmiles Andy (algo así como Andy Avios), a propósito de sus muchos viajes como representante especial del Reino Unido para el comercio internacional, a costa de los contribuyentes. Durante los 10 años (2001-2011) que ocupó el cargo -a instancias de su madre, la reina- solo viajó en avión privado y helicóptero y, por supuesto, se alojó en los mejores hoteles del mundo. Él pensaba que era lo que merecía.

Andrés fue detenido el jueves.
Andrés fue detenido el juevesANWAR HUSSEIN COLLECTION/SIPA

En los últimos meses, sin embargo, solo se le ha visto conduciendo su coche y se supone que el pasado jueves iría en un vehículo policial, después de que los agentes se personaran en su casa de Sandringham por las nuevas revelaciones del caso Epstein. Se sabe que se vio con una "rumana, muy mona" en una cena con el explotador en Buckingham. El encuentro se produjo en 2010, un año después de que Epstein saliera de la cárcel tras cumplir condena por inducir a una menor a la prostitución.

En 2019, el entonces duque concedió una entrevista inconsistente en la que afirmó haber cortado sus relaciones con el financiero a principios de 2010; sin embargo, la publicación de documentos probaría que se relacionaron con normalidad hasta 2018, esencialmente porque tanto Andrés como Sarah Ferguson hacían negocios con él. Carlos III, que nunca estuvo de acuerdo con el nombramiento de su hermano, ya ha emitido un comunicado en el que mostraba su apoyo a la operación policial, y Keir Starmer, su primer ministro, declaró que "nadie está por encima de la ley". Lo de siempre.

Eso es lo que debió de pensar el ex príncipe Andrés cuando pagó una suma millonaria a Virginia Giuffre para evitar el juicio civil por agresión sexual en Nueva York. La joven había contado que el financiero la obligó a acostarse con el príncipe en casa de Ghislaine Maxwell, en Londres. Incluso aportó una fotografía de aquella noche que Andrés calificó de montaje. No se conoce la cuantía exacta del acuerdo -se habla de 15 millones de euros- con el que Buckingham selló el pacto judicial con Giuffre, aunque sí se sabe que fue abonado con fondos privados de la Corona.

Los nuevos correos por los que Andrés Mountbatten-Windsor está siendo investigado muestran cómo el representante especial del Reino Unido para el comercio internacional intercambiaba información confidencial. En octubre de 2010, por ejemplo, envió informes reservados sobre sus viajes y reuniones en Singapur, Vietnam, Hong Kong y Shenzhen (China), cuyo destinatario era el Gobierno británico. También remitió análisis sobre oportunidades de inversión en Afganistán durante la reconstrucción del país tras la guerra, destacando yacimientos de oro, iridio...

Otro de los proyectos en común era un negocio en China que se frustró tras la detención de Epstein. En las conversaciones mediaba David Stern, asistente personal de Andrés.

Ninguna de las supuestas filtraciones entre el príncipe y Epstein fructificó, salvo en atenciones y regalos. Según el historiador Andrew Lownie, Andrés y su familia recibieron 2,2 millones del financiero.

Atrás quedan los veranos en Sotogrande en los que los duques de York y sus dos hijas se dejaban ver en el polo. Entonces recibían todo tipo de agasajos por parte de los ricos moradores de las urbanizaciones de la zona. Todos querían tener a algún miembro de la familia real británica invitado a cenar en casa. Ese es el tipo de tratamiento al que están acostumbrados los miembros de las familias reales y lo que, en ocasiones, los vuelve esencialmente gilipollas.

Sarah Ferguson entrega la copa al equipo de polo ganador de Sotogrande.
Sarah Ferguson entrega la copa al equipo de polo ganador de Sotogrande.GTRES

Dice The Telegraph que Andrés lo era especialmente, pues siempre fue el predilecto de su madre, que le mimó frente a la dureza que mostró con su hijo Carlos. Quienes le conocen explican que era un "hombre triste" y "poco interesante"; frívolo y poco formado para las labores que se le habían encomendado. Más bien, tonto. Sir Vince Cable, que le sustituyó en el puesto -y con quien se solapó durante un año-, ha dicho en la BBC que sus actividades al frente del organismo "eran inaceptables".

Los británicos parecen hartos de los comportamientos del que un día fue su niño bonito, tras su participación en la guerra de las Malvinas en 1982.

"Príncipe y pervertido" . La imagen del príncipe Andrés con Jeffrey Epstein encabezó el New York Post el lunes 21 de febrero de 2011
"Príncipe y pervertido" . La imagen del príncipe Andrés con Jeffrey Epstein encabezó el New York Post el lunes 21 de febrero de 2011

Epstein sabía masajear esas ansias insaciables de privilegios y le metió en la cama a jóvenes vulnerables como Giuffre, cuya autobiografía muestra una trayectoria marcada por los abusos familiares y la explotación del financiero. Se suponía que el hijo de la reina de Inglaterra debía mostrarse noble, magnánimo, atento y cortés con todos; no como un cerdo. Cuenta Lownie que cuando en 2006 los contribuyentes pagaron el viaje de Andrés a Bangkok para asistir al cumpleaños del rey, se alojó en un hotel de cinco estrellas e hizo que le trajeran a 40 prostitutas, que fueron pagadas con dinero público.

Los cables de Wikileaks de 2010 contaban que los diplomáticos de carrera se habían quedado anonadados por los zascandileos de Andrés en sus viajes. El príncipe criticaba la política exterior estadounidense, hacía observaciones de garrulo y dejaba el pabellón de los Windsor por los suelos. Le apodaron His Buffoon Highness (HBH), en lugar de His Royal Highness: Su Alteza el Bufón. Quizá lo único que debió haber sido en la institución aunque maldita la gracia de Andrés.