Otoño es la estación favorita del Nobel de Literatura 2023 Jon Fosse (Haugesund, 1959). "Me encanta cómo cambian las hojas de los árboles, cómo el frío comienza a adueñarse de todo y el color del mar, oscuro, profundo. Acabo de regresar de mi casa en el oeste, porque con esta rodilla estropeda no puedo navegar", lamenta en la puerta de su casa de Oslo, el escritor, quien, en efecto, camina con soltura pero apoyado en una muleta. "Espero recuperarme pronto, pero si no, sin duda podría haber tenido peores problemas de salud", asegura jovial.
Vestido de negro de pies a cabeza, chaqueta de cuero y negro fular alrededor del cuello, explica que aunque hoy no llueve, una salvaje tormenta acaba de azotar Oslo estos días y frente a su casa, la famosa Grotten ubicada en un extremo del Slottsparken que alberga el Palacio Real, un enorme y centenario pino ha quedado desgajado. "Estas cosas son peligrosas, de niño me cayó una rama en la cabeza", comparte distraido mientras suenan de fondo las motosierras de los operarios. De la puerta de su casa andamos apenas unos metros hasta Kunstnernes Hus, la asociación de artistas de la ciudad, que, como constata con sorpresa, está cerrada. "Bueno, nos quedamos en la terraza. Así podemos fumar", dice de buen humor y saca una lata con tabaco de liar picado con la que jugueteará en sus manos durante la charla.
Nuestra visita a Oslo, justo después del anuncio del galardón de este año concedido a László Krasznahorkai ["Una gran elección de la Academia"], se debe al lanzamiento de Vaim (Random House), su primera novela publicada tras ser premiado. Aunque como nos cuenta Fosse, la historia viene de más atrás.
"En realidad, es verdad y no es verdad que sea una novela post Nobel. Tras la monumental y ambiciosa Septología [que escribió durante más de una década y terminó en 2021] sentí que necesitaba deshacerme de ese libro y escribir algo casi contrario. En la Antigua Grecia cuando se representaban las grandes trilogías de Esquilo o de Sófocles siempre se incluían obras satíricas o humorísticas como complemento, y pensé que podría ser algo así", relata el autor, que comenzó a escribir historias sueltas a pluma, alternando varios colores, en pequeñas libretas mientras esperaba a que su hija, entonces de 10 años, saliera de clase de francés. "Cuando llegó el coronavirus tenía ese material, pero después tuve que reescribirlo, ordenarlo y pulirlo ya en el ordenador, y eso sí lo hice tras el premio", responde socarrón.
"No era nada ambicioso en absoluto, pero me gustó el universo que fui encontrando, la atmósfera, me pareció un lugar agradable donde estar, así que quise quedarme allí un tiempo", apunta con sencillez. Como ocurre en buena parte de la obra de Fosse, Vaim es un lugar imaginario del oeste de Noruega, un trasunto de Bergen y sus alrededores, en el que la naturaleza, especialmente el mar, son omnipresentes y forjan la vida de sus habitantes. Este primer título narra en primera persona momentos concretos de la vida de Jatgeir, Elias y Frank, tres hombres marcados, de un modo u otro por Eline, una mujer enérgica y enigmática, que nunca tiene voz en la novela.
"El universo de esta novela tiene algo de cuento de hadas, de leyenda. De sueño y de simulacro. En ese contexto, Eline es para mí, igual que para los hombres de la novela, un misterio, una fuerza de la naturaleza. Así que no estaría bien dejarla hablar, porque le quitaría el misterio y la convertiría en un personaje menos enérgico, normal, diría yo", reflexiona el escritor. "Así que, para mí, fue totalmente acertado tener una escena desde fuera, desde la perspectiva de estos tres narradores".
"Después de 50 años todavía no sé para qué escribo. Mi obra tiene un mensaje, estoy seguro. ¿Cuál? Ni idea"
- Más allá de la soledad, el amor y las segundas oportunidades, el gran tema de la novela es la incertidumbre. Es curioso cómo esto encaja con un mundo actual, ¿es la incertidumbre nuestro zeitgeist?
- Puede parecerlo, ¿verdad? Pero en realidad creo que la incertidumbre siempre ha sido algo consustancial a la vida humana. Es tan simple como la existencia de la muerte: sabes que vas a desaparecer, pero no sabes cuándo ni cómo. Ni siquiera sabemos por qué estamos aquí y tampoco qué fuerza hace que sucedan las cosas. Creo que esa es la gran pregunta que esconde la vida, la reflexión fundamental: ¿qué hace que suceda lo que sucede? A menudo ciencias como la Sociología o la Psicología intentan explicar y predecir qué pasara a nivwel colectivo e individual, pero no es posible, porque la vida es impredecible. Hay fuerzas que desconocemos, que de alguna manera la gobiernan, aunque sea accidentalmente.
- Hace unos días el historiador Philipp Blom nos decía que el no podemos predecir el futuro, pero sí inventarlo, ¿qué opina?
- Conozco a Blom, sí. Creo que, hasta cierto punto, sí podemos, por supuesto. Es decir, claro que tenemos libre albedrío, pero hay una paradoja, al menos en mi experiencia. Creo que si bien tenemos esa libertad de vivir como queremos, la historia principal no la contamos ni tú ni yo. Obedece a algo superior y la cuenta... quién sabe.
- Otro aspecto de esta incertidumbre en su libro son los nombres de los personajes (y de los barcos), que son mutables y metafóricos. ¿Por qué le interesa explorar esta idea de una identidad difusa y cambiante?
- Ya en mi primera novela Raudt, svart (Rojo y negro), que escribí con 20 años y de la que hablamos una vez, no usé nombres para los personajes. Esa aversión a los nombres sigue presente en mí, es difícil de explicar, pero nombrar a los personajes me parece algo reduccionista. Aquí usé otra estrategia: los personajes no tienen un nombre único ni real, sino distintos a los que realmente tienen. Aunque para ser sincero, no tengo ni idea de por qué lo hice así. Como sabes, nunca intento comprender mi propia escritura, para mí es simplemente un acto de escucha. Cuando eres escritor y escuchas surge una especie de necesidad en la escritura de contar las cosas como deben contarse. Si no existe esa necesidad no creo que esté escribiendo bien, suena falso, impostado. Como escritor, incluso como lector, es muy fácil saber si esa esencia existe o no, pero tampoco sé explicar qué se necesita para que exista. Tiene que darse de cierta manera. Después de 50 años todavía no sé para qué escribo. Mi obra, esta novela, tiene un mensaje, estoy seguro. ¿Cuál es? Ni idea.
- Otro tema en Vaim es la incapacidad de reconocer, incluso ante nosotros mismos, nuestros deseos. ¿Es difícil saber qué queremos en la vida?
- Sí, creo que es imposible saber exactamente lo que quieres, pero porque la vida cambia constantemente. Y algunos de estos cambios son cruciales para ti y para lo que deseas. Un ejemplo claro y típico es enamorarse de alguien. Lo deseabas de cierta manera, pero quizá no del modo en que ocurre ni de la persona concreta. No podemos saber nunca exactamente lo que queremos, pero sí podemos decidir con seguridad comportarnos de esta o aquella manera. Usar nuestra voluntad y decir: "No haré esto, haré aquello" o "me mantendré firme en esto otro". Eso es crucial para, por ejemplo, ser escritor. Tienes que decidirte a ello porque es un trabajo duro y solitario como una carrera de fondo. Así que vuelvo a la misma paradoja, quizás la historia principal de mi vida no la cuente yo, pero aun así, dentro de esta historia, tengo libre albedrío.
"El humor es como el amor, no es algo que se pueda crear, simplemente ocurre. Y si lo fuerzas, lo estropeas"
- La historia de los personajes llega a su final con la muerte. Incluso Frank cierra su parte hablando de su lápida. ¿Es una metáfora de que el único punto final real en la vida, incluso en la literatura, es la muerte?
- En efecto, creo que es así, en la literatura como en la vida. La muerte no es el tema principal en Vaim, pero tienes razón en que en mucho de lo que he escrito hay mucha muerte. He estado a punto de morir, como supongo ya te he contado [a los 7 años el escritor sufrió un accidente que casi le cuesta la vida y que le marcó: "No sería escritor si no hubiera experimentado esto", dijo]. Además, cuando era muy joven, ya había perdido, de diversas maneras, a cuatro o cinco personas con las que tenía un vínculo especial. Por eso, como la muerte ha marcado mi vida desde joven, es normal que marque mi literatura.
- No obstante, antes hablaba de las sátiras y no sé si de forma consciente o no en 'Vaim' hay más humor y un mayor optimismo que en otras de sus obras. ¿Es algo que ha notado al escribir?
- Sí, sí, por supuesto. Como decía, escribir Septología fue difícil. Me llevó años y hubo momentos oscuros en los que temí el escritor eclipsara al hombre. Así que estas historias ambientadas en Vaim han sido como un alivio ligero, luminoso. Y claro, hay más humor. No obstante, nunca intenté que fuera algo cómico, porque el humor debe suceder sin tu propia voluntad, como ocurre en el Quijote, con el que me reía tanto que no pude seguir leyendo. El humor es como el amor, no es algo que se pueda crear, simplemente ocurre. Y si lo fuerzas o lo impostas, lo estropeas.
- Le hablaba antes de ese epitafio de Frank que dice: "Todo es extraño". ¿Ese es quizá el resumen de este libro, es la vida es extraña e imprevisible?
- Desde luego. Yo al menos siento que mi vida ha sido muy extraña. Es muy extraño que acabara siendo dramaturgo, como lo hice, y con ese éxito rotundo, pues Nunca quise escribir teatro y terminé escribiendo unas cuarenta obras y siendo, por lo menos durante algunos años, el dramaturgo más producido del mundo. Como tantas cosas, simplemente sucedió, no fui yo quien lo provocó. También es extremadamente extraño que me dieran el Nobel. Ni en mis fantasías más locas podía imaginarme cuando empecé a escribir terminar ni siquiera una novela completa. Las cosas pasan y eso hace que la vida sea impredecible, lo que nos deja esa sensación de extrañeza con la que cada uno lidia como puede. Yo lo hago un poco con la religión y mayoritariamente con la escritura, pero cada uno debe buscar su fórmula.
"Nuestra idea de la realidad es muy limitada. El arte, como la religión, nos acerca a lo invisible, a lo inefable"
Ganador del Nobel por, en palabras de la Academia, "dar voz a lo indescriptible", la literatura de Fosse -más de 70 volúmenes entre novelas, poesía, ensayos y obras de teatro- envuelve al lector en una letanía que explora los límites de la muerte y el poder del amor poniendo a danzar íntimamente conceptos como duda y fe, luz y oscuridad, pasado y presente, ensanchando los límites de lo que entendemos por realidad. ¿Y qué es exactamente la realidad? El escritor mira al techo pensativo y exhala una bocanada de humo. "Si lo piensas, incluso la cosa más real, adopta en la memoria la cualidad de un sueño. Todas nuestras experiencias están tamizadas de esa frontera entre el sueño y la vigilia, por eso a mí me gusta ponerme a escribir nada más despertarme, para atrapar ese estado", comparte.
En su opinión, "la realidad es mucho más grande que el sentido que solemos dar a esa palabra. Hay tanto de lo que no sabemos nada, tantas cosas que escapan a nuestra comprensión... Eso que el credo niceno [la ideología que sentó las bases del cristianismo actual en el siglo IV] llamó las cosas invisibles, se nos escapa. Aspectos de nuestra vida que no se pueden tocar, convertir en datos matemáticos ni definir de una manera simple, aunque las ciencias lo hayan intentado. Podemos creer de forma dogmática en realidades como la religión o la ciencia, pero eso no elimina el misterio, sólo es un acto de fe", explica el escritor, convertido desde 2013 a un catolicismo que él mismo ha definido como "ácrata y herético". Para él la literatura y la fe son las claves para aprehender ese otro mundo: "El arte, como la religión, que deben ser libres y no dogmáticas, nos acerca a lo invisible, a lo inefable".
"La IA puede escribir novelas, quizá ya lo haga, pero no literatura. Eso siempre será potestad de la creatividad y la originalidad humanas"
- Su obra explora la condición humana, ¿por qué no aborda tramas más centradas en la actualidad, con más carga social política?
- Narrar la actualidad, opino, es la tarea del periodismo, no de la literatura. Por ejemplo, la literatura empezó con la guerra de Troya, por lo que la guerra pertenece a la esencia de la literatura, pero cuando se habla de buena literatura no se trata de este o aquel conflicto, sino de abordar la guerra de una forma universal. Es decir, la literatura tiene el poder de que la vida de un sólo hombre se convierta en un relato universal de la humanidad, y eso es complicado al hablar del presente. Por otro lado, esta es mi verdad, no un dogma. Entiendo perfectamente que la gente, en medio de una guerra, la sienta de forma muy diferente y quiera escribir algo, narrar su experiencia, pero esto para mí es propaganda, no literatura.
- ¿En qué sentido?
- Porque si existe esa intención de agitar, de convencer, de responder, la palabra ya no es pura. En este ejemplo de la guerra, de las que, por desgracia, vivimos varias ahora mismo, se convierte en lo que dicen los rusos, los ucranianos, los palestinos... Tiene una intención que no es artística. Cuando Adorno dijo aquella famosa frase de la imposibilidad de escrir poesía después de Awschwitz, terminó advirtiendo que no era cierto. Escritores como Paul Celan o Samuel Beckett lo lograron. Y entendió que la literatura es el último recipiente de nuestra humanidad, del humanismo en el sentido más amplio. Ciertamente nuestra realidad es demasiado ruidosa, brutal y horrible como para hacer con ella literatura, pero sublimada a través del arte y con la distancia del tiempo sí puede nacer incluso entre fuerzas tan destructivas. Es más, aunque no aluda a lo actual, sí captura la esencia, en mis propias obras están ecos del presente porque vivo hoy en día. Así que es muy importante mantener este arte, en un sentido más amplio, como una especie de oposición, una voz que diga algo diferente, algo en contra, de todo lo malo del mundo.
- ¿Y no teme, como otros escritores, que la tecnología, la inteligencia artificial, temine con esa literatura que defiende?
- La verdad es que no. Como sabes, soy muy poco tecnológico, pero he probado la inteligencia artificial y descubierto que miente mucho. Si conoces los hechos sobre algo y le preguntas a esta o aquella máquina puedes saber fácilmente cuándo falla. En cuanto a la literatura, estoy seguro de que hoy mismo una IA podría escribir perfectamente literatura de género, la basada en moldes, patrones, logaritmos... quizá ya lo haya hecho. Pero cuando se trata de lo que yo llamo literatura real... Hay algo completamente nuevo en ella, aporta algo nuevo al mundo que no existía, y esa cualidad espiritual, esa esencia de una voz personal fuerte, universal, eso pertenece y pertenecerá siempre a la creatividad humana, es irreproducible por una máquina que es pura matemática, puro materialismo. Es decir, cuando algo está terminado, puedes copiarlo y escribir algo similar posteriormente. Por ejemplo, cuando Picasso pintó como lo hizo, cualquiera, en cierto modo, podía hacerlo. Pero creo que esa es la clave, la originalidad, la creatividad.
"Ganar el Nobel afecta a tu escritura, porque te objetiviza. Ya no eres un escritor, ni siquiera un sujeto, te vuelves un objeto"
- Siempre se habla de la dificultad de escribir tras ganar el Nobel, y el año pasado nos contaba cómo el galardón lo abrumó de correos, invitaciones y peticiones, ¿se ha reconciliado con todo ello?
- [Ríe] Bastante, sí. Puedo entender bien esa dificultad de escribir después, que en realidad se debe a que suceden tantas cosas de repente que terminas siendo casi como una especie de objeto. Ya no eres un escritor, ni siquiera un sujeto, sino que entras en la historia y te vuelves un objeto. Y esa sensación de objetivación, puede impedirte ser creativo en un sentido profundo. Así que tienes que luchar, tienes que intentar mantener tu privacidad y tu vida cotidiana tanto como sea posible. Al menos esa es mi receta. Aquí en Oslo estoy muy localizable, así que estoy feliz de tener otros tres lugares en la vida, una casa en Austria y dos en la parte occidental de Noruega, para poder escapar. Tú decides si sales y si viajas a esto o aquello, al principio es difícil decir que no a tanto cariño, pero debes hacerlo.
- ¿Y sigue la ceremonia de entrega del premio?
- Sí, ahora que, tras unos años, ya no estoy en liza, siento una especie de tranquilidad y felicidad. Y me interesan mucho las especulaciones. He aprendido muchos nombres de nuevos escritores que desconocía. Este año me siento muy feliz por Krasznahorkai y, de cara al futuro, se lo daría a Marilynne Robinson, una escritora estadounidense y calvinista, muy buena novelista, pero apenas conocida en Europa.
- ¿Y ahora qué está escribiendo?
- Bueno, sigo traduciendo El castillo de Kafka, esa obra impresionante, y estoy listo para publicar una nueva colección de poesía. También se publicarán las otras dos novelas de Vaim, ya escritas. Y después... Estoy bastante cansando de estar expuesto todo el tiempo. Escribir me aporta mucho, sigue siendo el eje de mi vida, así que cuando todo esto que digo esté publicado voy a retirarme a escribir una novela bastante larga y compleja y pasarán algunos años antes de que se publique.




