INTERNACIONAL
Conferencia de Seguridad de Múnich

Europa activa la disuasión nuclear y el pacto con Estados Unidos

El canciller Merz llama a "reparar la confianza transatlántica" y mantiene un diálogo con Macron para ampliar el paraguas atómico

El canciller alemán, Friedrich Merz, y el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, se dan la mano en Múnich, este viernes.
El canciller alemán, Friedrich Merz, y el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, se dan la mano en Múnich, este viernes.AFP
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La Conferencia de Seguridad que arrancó ayer viernes en Múnich permitió anticipar desde su primera jornada que la relación entre Estados Unidos y Europa no entra en una fase de ruptura, sino de transformación. La alianza transatlántica evoluciona hacia una renegociación y un reposicionamiento de ambos actores, con Washington recalibrando su compromiso y los europeos reforzando su autonomía y su capacidad de defensa. Entre los signos más visibles de ese cambio figura la reactivación del debate sobre la disuasión nuclear, una iniciativa que el presidente francés, Emmanuel Macron, lanzó en este mismo foro hace seis años y que entonces quedó en el aire.

La transformación se hizo visible en las intervenciones de los principales líderes europeos y en los contactos mantenidos al margen de la tribuna. El canciller alemán, Friedrich Merz, abrió la Conferencia con un mensaje de continuidad dentro del cambio: la alianza con Estados Unidos sigue siendo el pilar de la seguridad europea, pero Europa debe asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa. Ese principio, que durante años permaneció como una aspiración política, empieza ahora a traducirse en decisiones concretas.

"Europa ha vivido demasiado tiempo en una zona de confort que ya no existe", afirmó sin tapujos el canciller democristiano. "Tenemos que decirlo en términos aún más duros: este orden mundial ya no existe", remató. Para Merz, en todo caso, "ni siquiera Estados Unidos será lo suficientemente fuerte como para actuar en solitario". La realidad es, a su juicio, que hay que "reparar y reactivar la confianza transatlántica".

La negociación comenzó en cuanto terminaron los discursos. Merz inició una ronda de reuniones bilaterales que incluyó un encuentro con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. El gesto confirmó que el reajuste del vínculo transatlántico no es una hipótesis, sino un proceso político en marcha.

Durante más de siete décadas, la relación entre Europa y Estados Unidos funcionó como una constante estructural. Washington garantizaba la seguridad del continente y Europa ocupaba una posición estable dentro de ese sistema. Ese modelo no desaparece, pero evoluciona. Washington busca reducir su exposición directa y redistribuir responsabilidades, mientras el Viejo Continente empieza a construir una capacidad de acción más autónoma.

Es en ese punto donde la intervención de Macron adquirió su verdadero alcance. Su mensaje no se limitó al apoyo a Ucrania, sino que apuntó a un cambio más profundo. Europa, sostuvo, debe convertirse en "una potencia geopolítica" capaz de actuar por sí misma y de participar como actor pleno en la definición del equilibrio estratégico del continente, en la "nueva arquitectura de seguridad europea".

El argumento es, ante todo, geográfico e histórico. Rusia no es un actor circunstancial, sino una presencia permanente en el espacio europeo. La guerra en Ucrania podrá terminar, pero la realidad estratégica que la sustenta seguirá existiendo. La cuestión no es si Europa podrá evitar esa coexistencia, sino si será capaz de gestionarla desde una posición de mayor autonomía.

Macron quiso subrayar también el cambio que ya se ha producido. La respuesta europea a la guerra en Ucrania ha demostrado una capacidad de acción que hace pocos años parecía improbable. El volumen de ayuda militar, financiera y logística movilizado por los países europeos refleja una transformación real. Europa no sólo sostiene a Ucrania. Está reconstruyendo su propia capacidad estratégica.

Ese proceso incluye también una reflexión sobre la disuasión nuclear. La doctrina francesa, concebida desde la Presidencia de Charles de Gaulle como garantía última de la independencia nacional, forma parte de la arquitectura institucional de la Quinta República. La Constitución establece que el presidente es el garante de la independencia nacional y el jefe de las fuerzas armadas, una prerrogativa que incluye el control último de la capacidad de disuasión nuclear. Hoy, esa tradición se proyecta hacia el ámbito europeo en forma de diálogo estratégico, iniciado ahora con Alemania y abierto a otros socios, según confirmó el propio Merz y detalló posteriormente el propio Macron.

"Hemos iniciado un diálogo estratégico con el canciller Merz y con otros líderes para ver cómo articular la disuasión nuclear francesa para Europa", fueron las palabras del mandatario galo en Múnich. Al mismo tiempo, Macron prometió que no se producirá una relajación de la presión sobre Moscú. Reafirmó el apoyo continuado a Ucrania y defendió la necesidad de intensificar las medidas destinadas a limitar la capacidad económica y operativa rusa.

Las intervenciones del resto de los líderes europeos confirmaron esta evolución, desde el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hasta el presidente finlandés, Alexander Stubb.

Así, la Conferencia de Seguridad de Múnich se confirma como el escenario donde se define una nueva fase en la relación entre Estados Unidos y Europa. La alianza transatlántica no se rompe. Se renegocia. Y en ese proceso, Europa comienza a actuar no sólo como aliado, sino también como actor estratégico por derecho propio.