- Geopolítica Trump quiere Groenlandia: Dinamarca desmiente que haya barcos rusos y chinos
- Nuevo orden internacional Francia, Alemania y Polonia debaten la respuesta a Estados Unidos si invadiera Groenlandia
La Administración estadounidense se reunirá con autoridades danesas la semana que viene para discutir el futuro de Groenlandia. Así lo aseguró ayer miércoles el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, después de que el presidente Donald Trump haya insistido en la necesidad de hacerse con el gigantesco territorio autónomo ligado a Copenhague. Tras ser preguntado por un periodista en Washington sobre la posible intervención militar para tomar el control de Groenlandia, Rubio anunció la reunión para llegar a un acuerdo.
"No estoy aquí para hablar de Dinamarca ni de intervención militar", indicó el jefe de la diplomacia estadounidense. "Me reuniré con ellos la semana que viene", sin especificar la fecha ni el lugar del encuentro.
Trump quiere hacerse con la isla ártica y parece ir muy en serio. Lo que hasta hace unos pocos meses sonaba a quimera o incluso a broma del presidente de Estados Unidos, es hoy más amenaza que chiste de mal gusto. La operación militar en Venezuela para sacar del país al ex presidente usurpador Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores, parece haber espoleado las ambiciones territoriales de un mandatario que no descarta mantener viva la racha de injerencias en el extranjero.
La Casa Blanca indicó el martes que Trump está discutiendo "una variedad de opciones" para hacerse con un objetivo que considera prioritario para la seguridad nacional, sin descartar la intervención del ejército. El republicano ha insistido en que la amenaza china y rusa para su país es real y que controlar ese gigantesco pedazo de tierra -más de cuatro veces del tamaño de España- sería clave para evitar más tensiones geopolíticas.
"El presidente y su equipo están debatiendo diversas opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, el uso del ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe", señaló la Casa Blanca en un comunicado este martes.
En una reunión a puerta cerrada con legisladores en el Capitolio, el propio Rubio había indicado el lunes que Estados Unidos no contempla una invasión de Groenlandia, sino que evalúa la posibilidad de comprarle la isla a Dinamarca, según difundieron The Wall Street Journal y otros medios estadounidenses. Una operación militar en territorio danés sería considerada como una agresión que podría hacer saltar por los aires a la OTAN, alianza a la que pertenecen ambos países.
Un portavoz del Departamento de Estado afirmó a la cadena BBC que Washington está "interesado en establecer relaciones comerciales duraderas que beneficien tanto a los estadounidenses como a los habitantes de Groenlandia".
Son mensajes mixtos los que ha enviado Estados Unidos en los últimos días, en una estrategia de tira y afloja clásica del trumpismo. Su expediente está plagado de ejemplos similares, desde su época de magnate inmobiliario hasta su más reciente planteamiento con los aranceles, una amenaza que puso al mundo en jaque y que paulatinamente ha ido manejando a su antojo con sus distintos socios comerciales.
Es un patrón que siempre se repite: Trump plantea una opción extrema -sanciones, aranceles, ruptura de acuerdos o incluso una acción impensable y más radical- para alterar el equilibrio de la conversación, generar presión política y mediática, y luego retrocede lo suficiente como para presentar el resultado como un acuerdo razonable.
En el caso de Groenlandia, la mención de una posible invasión -aún sobre la mesa- y la insistencia posterior en una compra o en un mayor acercamiento económico, encajan en ese mismo guion. Si las negociaciones avanzan, Dinamarca podría verse obligada a ceder, al menos parcialmente, para evitar un conflicto mayor y de consecuencias impredecibles para Europa y la OTAN.
Trump busca Groenlandia por una combinación de intereses estratégicos, económicos y geopolíticos. La isla ocupa una posición clave en el Ártico, una región cada vez más relevante para la seguridad global, desde donde se controlan rutas aéreas y marítimas esenciales entre América del Norte, Europa y Rusia, además de ser un punto crítico para los sistemas de alerta temprana frente a misiles. Aunque Estados Unidos ya mantiene presencia militar en Groenlandia -opera la base aérea de Pituffik (antes Thule), en el noroeste de la isla-, su adquisición otorgaría un control mucho más amplio y directo.
A ello se suma la creciente competencia con Rusia y China en el Ártico. Moscú ha reforzado su despliegue militar en la zona, mientras Pekín busca ampliar su influencia mediante inversiones estratégicas. En este contexto, Groenlandia es vista por Trump como una pieza clave para limitar la expansión de ambos rivales y reforzar la posición estadounidense en una región que se perfila como un nuevo eje del poder global.
Además, Groenlandia alberga importantes recursos naturales, entre ellos tierras raras y minerales críticos fundamentales para la tecnología, la Defensa y la transición energética, así como potenciales reservas de petróleo y gas. El paulatino deshielo ha aumentado el interés por nuevas rutas marítimas y minerales críticos.
No es extrañar que Trump y los suyos hayan empezado a plantar sus tentáculos sobre semejante botín. Donald Trump Jr. visitó la isla en el avión de su padre en enero del año pasado. También estuvo allí el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, acompañado por el asesor de seguridad nacional Mike Waltz, el secretario de Energía, Chris Wright, y el senador Mike Lee, en una visita en marzo de 2025. Washington no está jugando.
Fuente del gráfico: NASA Goddard Earth Sciences, Departamento de Defensa de EEUU, PierNext, Newsweek y elaboración propia.
Gráfico: Alberto Hernández.
