"Sería útil volver a hablar con Putin"... Fue la reacción casi instantánea del presidente Emmanuel Macron tras la reunión maratoniana de los líderes europeos en la que saboteó personalmente el plan del canciller Friedrich Merz para usar los "activos rusos inmovilizados" para financiar a Ucrania. Macron había iniciado un claro desmarcaje de Alemania por cuenta del acuerdo de Mercosur, pero pocos esperaban un enfrentamiento directo con Berlín por cuenta del "préstamo por reparaciones de guerra". Al final se impuso "la solución más relista y más viable", el Plan B de 90.000 millones de euros de ayuda a Kiev con cargo al presupuesto comunitario. Francia hizo causa común con Italia y Bélgica, y se arrimó de paso a Hungría, la República Checa y Eslovaquia... Y a las pocas horas tendió inesperadamente una rama de olivo a Moscú.
La respuesta de Putin no tardó en llegar. El portavoz del Kremlin. Dimitri Peskov, aseguró que el presidente ruso "ha expresado su disposición a participar en un diálogo con su homólogo francés" en los próximos días. Falta por determinar la fecha y la fórmula, si será un tête-à-tête como aquel extraño encuentro en la mesa ovalada de seis metros el 7 de febrero de 2022 o si será una teleconferencia como la celebrada el 1 de julio de este año, en la que ambos hablaron durante más de dos horas (sobre todo Macron) sin apenas mover ficha.
El presidente francés aspira en cualquier caso a cerrar el año reafirmando su condición de líder europeo frente a la competencia creciente de Friedrich Merz en su propio terreno, y aun a riesgo de horadar el momento de insoportable fragilidad del eje franco-alemán (fuentes diplomáticas reconocieron al portal Slate.fr que el canciller se sintió "traicionado" por el viraje de Macron que echó por tierra su plan para usar los "activos rusos congelados" en el último momento).

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La farsa de la Europa de las naciones
Consciente de que el tiempo avanza en su contra, a menos de 18 meses para las elecciones presidenciales, en medio de un clima de permanente inestabilidad política y tocando fondo en las encuestas, Macron está empeñado en reclamar a toda costa la atención mediática, como en su fulgurante aparición durante el fin de semana para anunciar delante de las tropas estacionadas en Emiratos Árabes la construcción del nuevo portaaviones francés para "ilustrar el poder de nuestra nación y de nuestra industria".
Pese a su constante empeño al frente de la coalición de voluntarios, y tras haber agasajado a Zelenski dos veces consecutivas en el Elíseo, cualquiera diría que la iniciativa de paz de la Administración Trump ha dejado fuera de juego al presidente francés. La cumbre de 13 de diciembre en Berlín, a la que asistieron el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, iba a haberse celebrado de hecho en París y causó un "notable disgusto" en el inquilino del Elíseo, obligado a jugar en tiempo de descuento y en terreno ajeno.
Las frecuentes cenas entre Macron y Merz han dejado de hecho paso a un creciente recelo, alimentado de paso por fricciones como la construcción del futuro caza europeo. Las últimas maniobras de Macron se inscriben de hecho más en el contexto de un rearme francés que en el voluntarismo estatégico europeo que llevaba impulsando desde hacía meses.
La propuesta de diálogo con Putin se interpreta pues como una huida hacia delante de Macron, que no ha perdido la oportunidad de hablar de la "amenaza rusa" desde su discurso a la nación en marzo pasado. "Todavía hay personas que quieren regresar a los tiempos de Napoleón y que olvidan lo que pasó", replicó Putin. "El único poder imperial que veo hoy en Europa es Rusia", respondió Macron.
Pese al intercambio de insultos (Marcron llegó a calificar a Putin como "un depredador" en una entrevista como LCI), lo cierto es que ambos líderes mantienen algo parecido a un mutuo respeto intelectual, forjado en pasados encuentros en Versalles, San Petersburgo o Brégançon, donde Macron hizo en 2019 un llamamiento a "realinear a Rusia con Europa" y a establecer "una línea de seguridad y de confianza de Lisboa a Vladisnostok".
Macron fue de hecho el líder europeo que mantuvo un contacto más constante con Putin en la antesala de la invasión de Ucrania, convencido como estaba de poder encontrar "un camino" para evitar la guerra. El diálogo imposible de la mesa oval blanca el 7 de febrero de 2022, rubricado con la última conferencia de prensa conjunta, puso el telón de fondo al fiasco diplomático.
"Tanto desde la perspectiva de un alto el fuego como de las precisiones de una paz negociada, es útil hablar con Putin y no dejar que sea solamente Estados Unidos el que lleve las maniobras para poner fin al conflicto", habría confiado el propio Macron a sus colaboradores para justificar el nuevo acercamiento a Putin, siempre bajo la premisa de "total transparencia hacia Ucrania".
Pese al acuse de recibo de Moscú, el consejero de Política Exterior de Putin, Yuri Ushakov, rebajó de antemano las expectativas: "Estoy seguro de que las propuestas que los europeos y los ucranianos están intentando poner sobre la mesa no mejoran la posibilidad de lograr una paz duradera".


