INTERNACIONAL
Testigo directo

"Era como una guerra, gente muerta por todos lados", la desolación en Sídney tras el peor atentado terrorista de la historia de Australia

Cientos de personas depositan flores a las afueras del Pabellón de Bondi

Varias personas lloran durante un homenaje a las víctimas, en la playa de Sídney, este lunes.
Varias personas lloran durante un homenaje a las víctimas, en la playa de Sídney, este lunes.Efe
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El llanto sin complejos desfalcó a la frescura que suele desprender Bondi Beach. Todo fue distinto en el primer día tras la tragedia. Apenas había gente disfrutando del ocio y la arena y el agua estaban desangeladas, como en tiempos de pandemia. Sí hubo licencia para llorar, y eso hicieron una gran cantidad de personas. Llorar a gusto por las, al menos, 16 víctimas mortales -entre las que hay una niña de 10 años de edad y un superviviente del Holocausto- y más de 40 heridos tras los disparos de dos terroristas, uno abatido de muerte y el otro en estado crítico.

Por eso no era extraño ver a personas secándose las lágrimas mientras caminaban. A veces con la mirada perdida, ajenas a su entorno hasta que recibían el abrazo de algún conocido. También, el silencio de cientos de personas que de manera ordenada depositaban flores a las afueras del Pabellón de Bondi, un edificio a pie de playa que un día antes se convirtió en refugio de muchos. Y luego las historias, la memoria reciente de los testigos que permanecerá sellada en sus mentes.

Como la de Alejandro Pérez, un argentino que lleva toda su vida en Australia y que reside en Bondi Beach. "Era como una guerra, gente muerta por todos lados", relata a este periódico. Afirma que mientras la muchedumbre corría para un lado, él optó por ir en dirección contraria porque un amigo suyo no encontraba a su hijo entre el caos y el tumulto. Finalmente lo encontraron, pero él permaneció en el meollo para ayudar a quien lo necesitara.

Dio con una mujer que estaba llena de sangre y sentada junto a su hija. "Me contó que su esposo la protegió y le dispararon. Falleció encima de ella y por eso tenía tanta sangre. La ayudé a ir a un lugar más a salvo. La gente corría por todos lados y la policía estaba muy confundida. Había mucha gente que precisaba de ayuda médica y muchas personas fallecidas en el suelo", relata Alejandro.

Su testimonio es uno más de los cientos que, un día después del peor atentado que ha sacudido a Australia en su historia, dejan imágenes que serían imposibles de imaginar en un lugar tan idílico con Bondi Beach de no ser por un padre con licencia de armas y un hijo con ideas radicales que unieron fuerzas para sembrar el terror.

A un lado del paseo marítimo hay decenas de chanclas, de botellas de agua, de toallas y hasta carritos de bebé que fueron dejados atrás durante la huida. Algunas personas bucean entre los enseres para encontrar sus pertenencias. Britt es una de ellas. Primero lo intenta frente al pabellón y luego prueba suerte en el flanco norte de la playa. En un momento dado, levanta con orgullo el otro par de sus zapatos. Su madre bromea "Cenicienta ha encontrado su zapato". Pero a Britt se le borra la sonrisa rápido.

"Honestamente, no me importa", afirma. Entonces se arranca a contar su experiencia. "Estaba en el agua para ver la puesta de sol y pensé que eran fuegos artificiales. Me refugié detrás de un vehículo de socorristas y el agua nos golpeaba", rememora. En el momento en que el socorrista les dijo que había muertos y que lo mejor era correr, ella no lo dudó. "Me siento destrozada, soy muy afortunada de estar con vida. Todo esto me ha golpeado esta mañana. Yo debía haber estado trabajando en el puente donde ocurrió todo hasta las siete de la tarde y salimos a las seis". Los disparos comenzaron poco antes de las siete. "No sé qué hubiera pasado de estar allí a esa hora".

Una familia recoge sus pertenencias de la rampa de la playa donde se produjo el ataque el domingo.
Una familia recoge sus pertenencias de la rampa de la playa donde se produjo el ataque el domingo.Efe

Enrique y Marta son una pareja de españoles que antes de que comenzara el festival de la Janucá estaban celebrando un cumpleaños justo en el lugar en el que poco después se congregarían alrededor de mil miembros de la comunidad judía. Explican que una persona de seguridad les dijo que debían moverse "unos 200 metros a la derecha" porque esa zona estaba reservada para la fiesta sagrada. Se marcharon unos 20 minutos antes del tiroteo y se enteraron porque un amigo les llamó. "Habíamos estado en esa misma mesa en la que luego hay vídeos en los que salen muertos", recuerda Enrique. "Nos quedamos sin palabras". Marta apunta que su moto estaba aparcada justo debajo del puente donde se produjeron los disparos. "Menos mal que nos fuimos y pudimos escapar de todo. De los gritos, de la gente corriendo, de todo lo que sucedió", agrega.

Al terminar la conversación, ambos se posicionan en silencio frente a las cientos de ramos de flores que homenajean a las víctimas del atentado. Unos metros detrás de ellos, una voluntaria de la Cruz Roja especializada en salud mental camina decidida. Hay una joven que llora desconsolada y va a ofrecerle ayuda. Es una de las iniciativas para las personas que todavía no han digerido lo que ha pasado en su barrio. Los sollozos se extienden durante varios minutos. En un momento dado, se perciben varios gritos. Corresponden a un pequeño grupo de personas que quieren echar del lugar a una mujer que porta un pañuelo palestino como atuendo. "¡Échenla!", exclaman mientras la Policía de Nueva Gales del Sur dialoga con ella. Finalmente, abandona el lugar de la ofrenda floral escoltada por varios agentes ante los aplausos de algunos.

Homenaje con flores

Las horas transcurren con una procesión que incluye a personas de alto perfil como el primer ministro, Anthony Albanese, quien también depositó flores. Cuando comienza a ponerse el sol, un rabino enciende la menorá (un candelabro con nueve brazos), mientras la multitud canta y se mueve de un lado a otro. Hacen fuerte el sentimiento del pueblo judío, que desde la ofensiva en Gaza tras el ataque de Hamás del siete de octubre de 2023 ha visto como parte de la Australia multicultural les señalaba con el dedo. Sinagogas quemadas, negocios destrozados, pintadas racistas y el más grave de todos los incidente: el asesinato indiscriminado y premeditado de 15 personas.

"Es chocante, es fuerte. Duele, pero lo más importante es siempre saber que hay que estar fuertes y hay que seguir adelante", sostiene David, un judío que ha llegado hace poco de Argentina. "No nos tiene que importar lo que nos dicen desde afuera. Siempre hay que demostrar lo que tenemos y buscar la forma de brindar luz", comenta.

La estampa del primer día tras la tragedia finaliza con una leve lluvia y un viento frío. Los asistentes a la vigilia desfilan hacia sus casas deseando que vuelva a brillar el sol y Bondi Beach vaya recuperando sus constantes vitales.