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Justo en el momento en el que India y Pakistán acariciaban una guerra a gran escala, otra más entre estas dos potencias nucleares, ambas firmaban una tregua comprometiéndose a un alto el fuego. Aunque la primera noticia al respecto no salió ni desde Nueva Delhi ni desde Islamabad. Fue Donald Trump quien se anticipó a todos y se apuntó el tanto anunciando en redes sociales que el acuerdo había sido posible gracias a la mediación de Estados Unidos.
"Después de una larga noche de conversaciones mediadas por Estados Unidos, me complace anunciar que India y Pakistán han acordado un alto el fuego total e inmediato". Así, resaltando en mayúsculas la última parte, Trump anunció en Truth Social, su red social, que los dos gigantes del subcontinente indio habían detenido los ataques gracias a su intervención. Esto sucedía después de una peligrosa escalada en el conflicto durante todo el sábado, con bombardeos con drones, misiles y artillería contra bases militares.
"Felicitaciones a ambos países por su sentido común y su gran inteligencia", concluyó el presidente estadounidense. Minutos después del anuncio de Trump, desde Islamabad, el ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, confirmó la noticia sobre el alto el fuego. "Pakistán siempre ha luchado por la paz y la seguridad en la región, sin comprometer su soberanía e integridad territorial", señaló. En Delhi, el secretario de Relaciones Exteriores, Vikram Misri, también confirmó que ambas partes habían acordado "detener todos los combates y acciones militares en tierra, aire y mar"
Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, dio más detalles sobre cómo había sido la mediación, explicando que tanto él como el vicepresidente JD Vance habían estado comunicándose en las últimas 48 horas con altos funcionarios indios y paquistaníes, incluidos los primeros ministros Narendra Modi (India) y Shehbaz Sharif (Pakistán). Rubio también desveló que ambos gobiernos habían acordado también "iniciar conversaciones en un sitio neutral".
El choque entre India y Pakistán había entrado en una nueva y peligrosa fase después de que el ejército paquistaní lanzara el sábado la bautizada como Operación BunyanMarsoos: un coordinado ataque aéreo con misiles y drones que apuntaron a bases militares de varias ciudades indias en los estados fronterizos, incluidos puestos en la disputada Cachemira.
Esta ha sido la respuesta más agresiva hasta ahora por parte de Islamabad después de la sacudida de la Operación Sindoor, el nombre en clave militar que buscó India para describir el "ataque de precisión" del pasado miércoles contra infraestructura terrorista dentro de Pakistán. En esta operación, según las autoridades paquistaníes, las fuerzas indias bombardearon con misiles varios lugares de culto, sobre todo mezquitas, dejando más de una treintena de civiles muertos.
El nombre de la reciente ofensiva de Pakistán forma parte de un verso del Corán: "En verdad, Alá ama a quienes luchan por su causa en formación de batalla, como si fueran una estructura sólida y cimentada". Bunyan Marsoos se traduce directamente como "muro de plomo", y en el contexto islámico se utiliza para describir la fuerza de los musulmanes que luchan por la causa de Alá.
Bajo esta operación, Pakistán aseguró que disparó misiles Fateh de mediano alcance contra tres bases aéreas de India. "Múltiples lugares en India están siendo blanco de ataques de represalia", anunció de madrugada la televisión estatal de Pakistán, que ya había advertido unas horas antes que atacaría India como respuesta a la última acometida con misiles disparados contra tres bases militares paquistaníes, entre ellas la de Nur Khan, sede del ejército, a tan solo 10 kilómetros de la capital, Islamabad. Tras estos ataques en la noche del viernes, Pakistán cerró su espacio aéreo.
Un portavoz del gobierno de la Cachemira administrada por Pakistán aseguró que al menos 13 personas habían muerto tras los últimos bombardeos indios en varias zonas desde la noche del viernes, entre ellos un niño de 10 años. Delhi, por su parte, manifestó que había atacado "plataformas de lanzamiento terroristas" cerca de la frontera de la región en disputa.
Las dos potencias nucleares, empecinadas en un continuo enfrentamiento ojo por ojo, continuaron avanzando hacia una preocupante guerra a gran escala. Si India anunciaba el viernes que los paquistaníes habían lanzado una oleada de ataques con 400 drones -todos derribados por el sistema de defensa aéreo- en 26 puntos del estado norteño de Punjab y Cachemira, después era Pakistán quien aseguraba que había frustrado un ataque indio con 77 drones y que hubo otro ataque con seis misiles balísticos que cayeron en su territorio.
Las autoridades paquistaníes afirmaron el sábado haber destruido una batería de misiles, varios aeródromos y posiciones de artillería. India lo niega. Pakistán también dijo haber lanzado un ciberataque contra el sistema eléctrico. India lo niega.
Lo que las autoridades indias sí confirmaron fue que durante los bombardeos paquistaníes de madrugada en la ciudad de Rajouri, en la Cachemira india, murió un alto funcionario local, Raj Kumar Thappa, de 55 años, después de que uno de los proyectiles impactara sobre su vivienda.
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, llamó a varios líderes regionales de su país para trasladarles el mensaje de que el ataque de represalia contra India había "vengado la sangre de nuestros ciudadanos inocentes". Mientras, desde Delhi anunciaban el cierre hasta el 14 de mayo de 32 aeropuertos en el norte y el oeste del país, y se apuntaba a que el ejército había comenzado una "movilización a gran escala de fuerzas adicionales" hacia la frontera, incluida la activación de su ejército territorial de reserva (TA), un batallón que cuenta con alrededor de 750 efectivos. Pakistán también ha aumentado su despliegue de tropas a lo largo de la frontera.
El conflicto ha entrado en un bucle de acusaciones e informaciones difíciles de verificar de forma independiente. Cada país retrata al otro como el agresor, intercambiando culpas por los ataques con drones y misiles que han matado a muchos civiles, sobre todo a los que viven en las localidades próximas a la Línea de Control, la frontera de facto que separa Cachemira administrada por India y Pakistán.
En esa frontera, ambas tropas no han cesado ni un día de intercambiar artillería desde la brutal masacre en la Cachemira india del 22 de abril, cuando militantes islamistas asesinaron a 25 turistas hindúes y a un guía nepalí. Desde el principio, el Gobierno del primer ministro Narendra Modi acusó directamente a Pakistán de estar detrás del atentado a través de organizaciones terroristas que apoya desde hace décadas, dando cobijo en su territorio a líderes separatistas de Cachemira. Islamabad sigue negando cualquier participación en el atentado.
Mientras la crisis escalaba hacia una confrontación cada vez más directa, ambos actores también han estado peleando en otra guerra, la de la desinformación, con sus medios y canales de propaganda lanzando todo tipo de noticias falsas. En India, por ejemplo, hay diarios muy cercanos al Gobierno de Modi que han publicado que su ejército había destruido el principal puerto de Pakistán, en Karachi, la ciudad más poblada, o que sus fuerzas habían lanzado un mortal ataque contra el refugio donde se encontraba el jefe del ejército paquistaní, Asim Munir.
Desde el circuito mediático paquistaní, algunos periódicos y portales digitales han estado presentando supuestas pruebas de los ataques de India que, en realidad, eran bombardeos de conflictos ocurridos en otros países. La narrativa beligerante también se propaga por la prensa de ambos países. Cada vez hay más analistas que opinan que, aunque India y Pakistán todavía no se han declarado formalmente la guerra, la realidad es que ya están en guerra.


