- Resultados Sorpresa en las elecciones más grandes del planeta: Modi ganaría en India pero sin lograr la mayoría
- Testigo directo En la India que decide si Narendra Modi sigue gobernando la democracia más grande y compleja del mundo
- Polémica Modi recupera el discurso de odio contra los "infiltrados" musulmanes durante las elecciones de India
Es el político más seguido del mundo en Instagram. Su rostro está en vallas publicitarias y en paradas de autobús. Lleva 10 años sin dar una rueda de prensa, pero comparte sus pensamientos una vez al mes en un programa de radio. Sus mítines están a rebosar de ruidosos seguidores que lo aclaman con devoción. Cuando sale de casa, es capaz de movilizar a una diáspora que llena un estadio en Australia y lo recibe con fuegos artificiales.
Narendra Modi, ganador de las elecciones pero sin mayoría, según los primeros resultados, se pasea por el mundo como una estrella de rock que ha logrado sentarse a comer en la mesa de las grandes potencias. Lidera el país de más rápido crecimiento económico y sus fieles lo adoran casi como a un ser divino al que se le llena la boca repitiendo que dirige la mayor democracia que el mundo ha visto jamás. Sus críticos, en cambio, lo repudian porque ven en él a una figura cada vez más autoritaria y populista; a un sátrapa que ha debilitado las instituciones, que persigue a la disidencia y reprime la libertad de prensa.
Modi siempre se ha presentado como un outsider de la política india, como el hijo de un vendedor de té que, a diferencia de las acomodadas estirpes de líderes anteriores, se ha enfrentado a las poderosas élites corruptas y clasistas que continúan usando el inglés como primera lengua. Se define a sí mismo como un hombre del pueblo, de la India trabajadora; un político autodidacta que, a diferencia de sus predecesores, no estudió en Oxford ni en Cambridge; alguien que además ha curtido de cara al público un perfil de asceta, de un señor de 73 años soltero y sin hijos que lleva una vida sencilla y espiritual porque lo único que le preocupa es trabajar por el futuro de India.
Luces y sombras de un dirigente controvertido
Hay muchas luces y sombras en un personaje tan controvertido como el primer ministro que ha vuelto a ganar por tercera vez consecutiva las elecciones parlamentarias de India. Una de las claves de su victoria, según argumenta Aviroop Gupta, un investigador indio que lleva años documentando la represión del Gobierno de Modi contra las minorías religiosas, ha sido jugar desde el principio la gran carta electoral de la polarización religiosa.
Modi ha movilizado a la numerosa corriente hindú más nacionalista, impulsando una cruzada dialéctica contra los musulmanes, a los que llamó "infiltrados" en un mitin de campaña. En elecciones anteriores, no era habitual que Modi utilizara un lenguaje tan agresivo. Ahora se dedica a alimentar teorías de la conspiración asegurando que la minoría musulmana un día será mayoría en India porque tienen muchos más hijos que los hindúes.
Todo este discurso de odio bebe de una fuente ideológica, el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), una organización paramilitar nacionalista hindú de la que era miembro Nathuram Godse, el asesino del aclamado líder espiritual Mahatma Gandhi. Modi comenzó su carrera política en el RSS, que sigue teniendo una enorme influencia en el Bharatiya Janata (BJP), el partido del primer ministro que ha sumado mayoría en el Parlamento en coalición con las formaciones aliadas.
"El RSS juega un papel importante en la estructura del BJP. Refuerza el culto a Modi invocando escrituras hindúes y lo representa como el gran redentor de la religión hindú", afirma Gupta. A la oposición india, aunque lleva tiempo avisando del extremo culto a su personalidad que está forjando Modi, le sorprendió que el primer ministro diera un paso más y soltara en una entrevista antes del cierre de las urnas que había sido elegido por Dios para el cargo.
"Estoy convencido de que Parmatma (Dios) me envió con un propósito. Una vez que se logre ese objetivo, mi trabajo estará hecho", aseguró. Era la segunda vez en menos de un mes que hablaba de sí mismo como un instrumento divino, como una especie de nuevo Krishna, una deidad que representa en el hinduismo una figura similar a Jesucristo para los cristianos. "Cuando mi madre estaba viva, yo creía que nací biológicamente. Después de su fallecimiento, al reflexionar sobre todas mis experiencias, me convencí de que Dios me había enviado", dijo durante otra entrevista.
Según señalan algunas de las edulcoradas biografías publicadas por sus escritores de cabecera, Modi abandonó a su familia y a su esposa cuando tan solo tenía 17 años. En las filas del RSS, aprendió a "dejar de lado todos los placeres de la vida" y en 1987 se unió al BJP, coincidiendo con el momento en el que este partido aparcaba la marginalidad y comenzaba a su ascenso de la mano del nacionalismo hindú en auge.
Asesinato masivo en Guyarat
Modi es de Guyarat, un estado al noroeste de India donde fue nombrado primer ministro en 2001. Allí fueron famosas sus políticas de desarrollo, sobre todo en infraestructura e industria. Pero no se libró de la polémica cuando, en 2002, más de 1.000 personas fueron asesinadas, en su gran mayoría musulmanes, después de que miles de hindúes atacaron las casas y tiendas de esta minoría étnica a la que acusaban de haber incendiado un tren en el que murieron decenas de peregrinos hindúes. Modi fue acusado de ser cómplice de aquella ola de violencia porque su Administración permaneció inmune ante los disturbios.
Aquel incidente dañó la reputación internacional de Modi hasta el punto de que Estados Unidos le prohibió la entrada al país por violaciones de derechos humanos. El año pasado, más de dos décadas después del baño de sangre en Guyarat, en Washington extendieron la alfombra roja a Modi, hasta el punto de que entró en una exclusiva lista de mandatarios (junto a Winston Churchill y Nelson Mandela) que han comparecido en una sesión conjunta del Congreso y el Senado de Estados Unidos.
Fuera de India, Modi es visto como un fuerte estadista que ha equilibrado con habilidad sus buenas relaciones con EEUU, Europa y Rusia, mientras que con China y Pakistán ha mantenido los viejos frentes abiertos por las disputas fronterizas.
El líder hindú ha subido posiciones en los juegos de poder globales aprovechando el hueco dejado por la creciente división entre Washington y Pekín, sobre todo al proclamarse la voz más autorizada para representar a las economías en desarrollo del Sur Global.

